Creciendo entre montañas
No todo el mundo puede decir que creció entre montañas. No todos aprendieron a escribir, a leer en una escuela de cuatro paredes de barro; cruzando senderos en medio del lodo y charcos. Nadie tiene a su hermana como reloj que marcaba las seis con un grito. Pero yo sí. Porque crecí en una vereda en donde jugar era sagrado y llegar sucio a casa era casi una ley.