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Incluso apagado, tu celular puede estar afectando tu mente
Hoy en día y en especial las últimas generaciones dependemos cada vez más de las notificaciones que indican la llegada de un nuevo mensaje, historia, estado, lo que subió la persona que nos gusta y hasta lo que publicó quien no nos agrada. Pero ¿Qué pasa cuando se descargan estos dispositivos o quedan sin señal? La vida de repente empieza a perder sentido, se genera una desesperación y la idea de estar desconectados del mundo no resulta para nada atractiva.
Este estrés difícilmente nos deja concentrar o pensar con cabeza fría; y a largo plazo aquella desesperación se convierte en una ansiedad que nos deja completamente vulnerables si no contamos con un smartphone cerca. Por eso, las redes sociales son insustanciales, triviales, y banales; además de disminuir la capacidad intelectual de las personas, nos hacen dependientes de ellas.
¿Qué significa ser inteligente?
Cuando pensamos en inteligencia lo primero que se viene a la mente es la capacidad de almacenar información. Sin embargo, según la teoría de Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard; los seres humanos poseemos inteligencia múltiple. Esto dice que no tenemos una sola capacidad mental, sino varias. Concretamente ocho, las cuales están siendo afectadas por la tecnología: la lógico-matemática, la espacial, la lingüística, la musical, la corporal, la naturalista, la interpersonal y la intrapersonal. Por consiguiente, es importante tener en cuenta que el término de “inteligencia” o “intelectualidad” es más amplio de lo que se piensa.

En este sentido, como menciona el académico ecuatoriano Héctor Chiriboga en su artículo para El Comercio, la cultura digital no solo nos ha hecho más dependientes, sino que ha abierto paso a una nueva forma de ignorancia. Una “ignorancia digital” que nos vuelve hábiles para manipular dispositivos, pero cada vez más incapaces de reflexionar, interpretar y cuestionar la información que recibimos constantemente.
Nueve horas al día en redes: más que dormir
Según un informe de Common Sense Media, los adolescentes pasan alrededor de nueve horas al día utilizando las redes sociales para su entretenimiento. Es decir, dedicamos más tiempo a consumir videos en tendencia, memes, mensajes, últimas novedades de celebridades; que a dormir, realizar actividades productivas como leer noticias, practicar algún instrumento o hacer ejercicios mentales.
Son nueve horas que se desperdician diariamente y esta costumbre conlleva poco a poco a depender de un video (corto porque si no, aburre) que enseñe a preparar la cena, coser un botón, ponerse la corbata, doblar la sábana de resorte y hasta tender la cama. De tal manera, que, si nos dejan sin teléfono, pareceríamos robots a la espera de instrucciones. Ahora bien, este último punto es controversial; pues, aunque es increíble obtener aprendizaje a tan solo unos clics de distancia, debido a todo el tiempo que se pasa en pantalla no experimentamos el mundo real con todos los sentidos.
A la metodología que nos permite aprender desde la experiencia se le llama “Aprender haciendo”, aquella genera un aprendizaje profundo y de mayor calidad que incentiva la creatividad, la experimentación y el pensamiento crítico. En palabras de Lourdes Bizarra y Olga Casanova, expertas en Metodologías Educativas Innovadoras: “El aprendizaje por experimentación es el camino para llegar a dos de los indicadores de calidad de este. Por un lado, definir conceptos y por el otro ponerlos en práctica en otros ámbitos para descubrir su versatilidad».
¿A quién le creerías más, a una persona que te enseña algo porque lo vio en Tik Tok o a alguien que habla desde la experiencia? Cualquier forma de aprendizaje es válida, pero si prestamos más atención al entorno que al celular, la información obtenida tendrá un peso mayor.
Redes sociales vs conversaciones reales
¿Te ha pasado que cuando estás navegando por alguna red social y alguien te pregunta algo, reaccionas segundos después o respondes de manera corta? Seguramente no has considerado que, de esta manera, disminuyes la capacidad de socializar y tener conversaciones profundas de enriquecimiento espiritual y cultural (además que es diferentes culturas se considera una falta de respeto no mirar a una persona cuando ésta habla).
Porque sí, otra manera de adquirir conocimiento y generar pensamiento crítico es por medio de las conversaciones. Todo ser humano tiene algo que aportar y los móviles están dificultando el proceso de intercambio intelectual. Las redes nos quitan gran parte del tiempo, si no estamos trabajando o estudiando permanecemos conectados. Los aparatos nos consumen y cuando queremos despertar de aquel trance para realizar otra actividad de mayor productividad, somos incapaces. Porque es como si estuviéramos encadenados al mundo virtual, esclavos de los pixeles.
Y es que, como lo expresa el analista Carlos del Castillo en un artículo de la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), lo que está en juego no es solo nuestro tiempo, sino nuestra capacidad de decisión. Vivimos en un entramado digital pensado para generar dependencia emocional y psicológica; donde “las redes sociales no solo nos vigilan, sino que nos moldean”, y de esta manera promueven contenidos de bajo nivel reflexivo para mantenernos enganchados. Por esto es que cada vez da más pereza pensar y cuando vemos un video informativo no dudamos en hacer ‘scroll’.
¿Cómo romper con la dependencia digital?
Empecemos a contrarrestar estos efectos, hay muchas maneras de evitar caer en la dependencia digital y en las redes de las redes. Empieza por quitarle el volumen a las notificaciones y dejar el celular con la pantallas hacia abajo, de esta forma evitas ser interrumpido cada vez de que llegue un mensaje.
Reduce el tiempo de las apps que más uses pero al mismo tiempo te hacen menos productivo a través de la opción “bienestar digital” o “tiempo en pantalla”. Revisa tu celular solo cuando tengas tiempo libre, aleja el teléfono lo que más puedas para no caer en la tentación y guárdalo cuando hables con alguien. Memoriza el número de tus contactos de emergencia, a veces cometemos el error de no aprender ciertos datos importantes y de pensar que siempre tendremos el teléfono en mano.
Las redes no son malas, la adicción sí
En síntesis, no está mal aprender a través de las redes sociales, incluso, de eso se trata, del uso que le damos, del tipo de páginas o personas que seguimos. Recordemos que es esencial cultivar el intelecto y realizar actividades que aporten al mismo. La cuestión está en evitar la dependencia, no dejar de lado nuestra vida social y espiritual, el tiempo a solas o de calidad con nuestros seres queridos. Hay un mundo fuera, las redes sociales no son malas, lo es el contenido basura que consumimos cada día y si quieres impedir que algunas plataformas digitales te quiten tanto tiempo mantén la mente ocupada, esta siempre será la decisión más acertada.
