Con el cuento Bendito Enojo, concluye la serie de tres relatos de ficción del escritor huilense Pablo Emilio Escobar Polanía, en los cuales el autor reelabora con los recursos de la literatura algunas de las peripecias del sacerdote huilense Jesús Antonio Munar. El padre Monar, como protagonista de estos cuentos, es un personaje de ficción creado por Escobar Polanía. Para resaltar su libertad creativa el autor hizo una variación deliberada en el apellido del personaje histórico, y por ende el protagonista de estos cuentos se apellida Monar, en vez de Munar. Se trata, en suma, de un ejercicio creativo y literario que no pretende reemplazar la disciplina histórica. Al finalizar el cuento, el lector encontrará los enlaces a los dos relatos precedentes publicados también en Suregión.
Por: Pablo Emilio Escobar Polanía*
Como si no conocieran al padre Monar, la beatería y la jerarquía diocesana, del obispo al monaguillo, jamás imaginaron que la programación de las Bodas de Oro sacerdotales con las que pretendían homenajearlo hiciera estallar el inflamable carácter del octogenario sacerdote, cada día más irritable, cada vez más pendenciero.
– Al fin terminaron los secreticos y comentarios en voz baja que, durante el último año, como si yo fuera pendejo y no me diera cuenta, trasnochó a toda la parroquia por iniciativa de monseñor y sus alegres compadres que involucraron en la organización del alboroto y el desorden a los lambones -y detractores de todo origen y condición- de las diferentes parroquias, donde en el curso de cincuenta años ejercí el sacerdocio.
-Ese era el motivo de todo el misterio: mis Bodas de Oro de vida sacerdotal. ¡Qué pendejada! Yo que me consagré voluntaria y conscientemente al apostolado al servicio de Dios; a llevar la santa fe católica a donde fuera necesario, cumpliendo fielmente los votos de obediencia, castidad y pobreza; nunca entendí y menos pretendí, que treinta, cincuenta o sesenta años de ejercicio sacerdotal, fuera motivo de ¡semejante celebración! Y menos aún, de tremendo barullo, ¡ni porque llegara el santo papa!
– ¿Qué necesidad tenían de hacer algo más que oficiar la Santa Misa? Eso hubiera sido suficiente. Pero ¡no! Tenían que traer a las autoridades civiles, eclesiásticas y militares, locales y del departamento. Y para rematar, cargarse con la prensa para que durante los ocho días siguientes se dedicara a rajar del curita que lleva cincuenta años echando bendiciones a diestra y siniestra. Claro, necesitaban a los comunicadores para que ensalzaran a los pícaros gobernantes que, con su asistencia a la celebración, querían verificar y asegurarse motu proprio, que ya muy pronto Monar dejaría de joder desde los púlpitos. Para completar la nómina de incómodos invitados, se trajeron la banda de guerra del colegio, la banda de músicos del pueblo y la sinfónica de vientos del departamento, cuyo director llevó la batuta en la interpretación simultánea de Las Mañanitas que cantaba el rey David. ¡Qué ruido¡, ¡qué horror¡, ¡qué “hijuemadres” pa joder!

-El señor obispo ofició junto a 35 sacerdotes más. ¡Eso sí me gustó! Aunque, observé que los curas jóvenes ¡ya no saben lo que es una misa cantada! Y menos, lo que es oficiar en latín. Pero, concelebrada por monseñor ¡la Santa Misa fue imponente! Luciendo la indumentaria litúrgica verde, cuando los celebrantes subieron al presbiterio hicieron resplandecer los ámbitos del santuario. ¡Parecían un coro angelical! Seguramente por eso, al momento de la Elevación estaba tan concentrado hablándole a Dios, que volví a mis sueños de seminarista cuando me veía como un divino ángel, guiando un incorpóreo ejército celestial en la gran cruzada por la defensa y propagación de la Santa Fe Católica, Apostólica y Romana. El combate estaba siendo librado entre las huestes de Dios y las hordas del mal, sobre un vallecito árido y melancólico rodeado de empinadas montañas rocosas y desnudas, por cuyas cañadas, transportado por un viento frio que calaba hasta los huesos, emergía la fragancia avinagrada de la cereza del café. Y de cualquiera de esas cañadas, brotaban cobijados por la niebla, pequeños grupos de “chusmeros” andrajosos, hambrientos y cansados que, armados de macocas, machetes y calabozos, desafiaban las lustrosas espadas de los ejércitos de ángeles, arcángeles y querubines.
-Después, el obispo rememoró algunos episodios de mi vida sacerdotal, de los cuales –la verdad- ¡ya no me quería acordar! Ese fue un momento agridulce, porque vi cómo, mientras algunos feligreses de los más notables, llevándole la idea al orador sagrado, asentían con movimientos de cabeza y sinceras sonrisas sus opiniones acerca de mi desempeño sacerdotal, unos pocos desgraciados, con sorna e irrisión, por medio de sus miradas intercambiaban mensajes de desaprobación. Por eso digo y sostengo que no fue una celebración entre amigos, pues ya casi no me quedan. Es que cuando el cuerpo pierde su capacidad de trabajo, como a la mula enferma ¡los únicos que la rondan son los carroñeros!
-Sin embargo, concluida la parte oficial de la programación terminó también mi desagrado, y, rato después, la vida seguía su curso indiferente a lo que pensara o hubiera querido insinuar cualquiera de los concurrentes. Convencido de esa realidad, antes de la hora del almuerzo, tomé mi taburete y recostándolo en mi acostumbrado sitio de descanso y reflexión, di gracias a Dios por haberme permitido vivir una nueva experiencia, no exactamente porque yo la anhelara, pero, vivencia interesante, ¡al fin y al cabo! Encendí un aromático tabaco santandereano, tomé otra buena copa de vino, y renunciando a contemplar el hermoso jardín interior de la casa cural, alrededor del cual estaba el amplio corredor donde solía sentarme, cerrando los ojos reinicié mentalmente el análisis de los actos de mi vida, al paso por este valle de lágrimas.
Mientras tanto, desde el atrio de la iglesia, bajo el sol incandescente característico del mes de junio, la banda de músicos del pueblo, entonando bambucos fiesteros, anunciaba la continuación de la celebración y el inicio de la temporada sampedrina.
Frente a la iglesia y la casa cural, la multitudinaria fiesta continuó ruidosa pero tranquila durante toda la tarde y hasta avanzadas horas de la noche. Luego, músicos y borrachos se trenzaron en una pelea campal que, como si alguien la estuviera coordinando, se disolvía y reavivaba cuando por pequeños grupos los peleadores huían perseguidos, para luego regresar por las calles que concurren al parque armados de machetes y garrotes, generando un vergonzoso escándalo que no dejaba dormir a nadie en el pueblo.
El cura Monar, mortificado por las vulgaridades que a todo grito se espetaban peleadores y azuzas, y ofendido por el bochornoso espectáculo conque concluía la celebración de su Bodas de Oro, como en sus años de capellán de la policía, saltó de la cama directamente al atrio de la iglesia, en piyama, “enruanado”, ¡furioso!, ¡muy furioso!, llevando en la mano su inseparable Smith & Wesson 38 largo. Descargó cinco disparos al aire, y a todo pulmón se le escuchó gritar:
-Se acabó la fiesta, ¡almas endemoniadas! A dormir, ¡parranda de desgraciados!
Y, como si hubieran visto al diablo, ¡todo el mundo corrió a sus ranchos!
Ahora sí, la pompa y el boato habían terminado.
13/07/2021
En los siguientes enlaces puede leer los primeros dos cuentos de la serie reciente sobre el Padre Monar publicadas en Suregión, titulados: Monar contra el padrecito, y El Acusado. Asimismo, la serie basada en el mismo personaje que publicamos en este portal digital en enero de 2020. En total, son cinco los cuentos sobre el Padre Monar que Escobar Polanía publicó en el portal Suregión a partir de 2020.
*Pablo Emilio Escobar Polanía. Nació en Neiva en 1955. Escritor e historiador huilense. Es miembro de Número de la Academia Huilense de Historia
En 2015, publicó Pincelando el sol naciente Up-Huila Memoria Histórica, y en 2019 La colonizaión armada en El Pato: génesis, rutas y protagonistas, ambos bajo el sello editorial Fundación Social Utrahuilca de Neiva. En 2021, para la Biblioteca del Banco de la República , ofreció en Neiva la conferencia Las guerrillas del Llano: 1949-1953, y el 24 de mayo de 2022, en la sesión solemne de la Academia Huilense de Historia que conmemoró el aniversario de fundación de la ciudad de Neiva, disertó sobre El proceso de poblamiento del Ejido de Neiva en el siglo XX.
En las páginas de www.suregion.com ha publicado semblanzas de los guerrilleros liberales del Llano Tulio Bautista Vivas, Dumar Aljure Moncaleano, y Guadalupe Salcedo Unda. En las mismas páginas publicó una primera trilogía de cuentos sobre el cura Monar, que ahora complementa con tres nuevos cuentos sobre el mismo protagonista.
