Por Isabela Moreno, estudiante Comunicación Social y Periodismo – sede Neiva.
En el marco de la programación cultural del Banco de la República, denominada “Cartografías del Cuerpo”, el 29 de octubre, se llevó a cabo la Semana del Arte de la Universidad Surcolombiana, y tuvo como invitada especial a la artista nacional e internacional Julieth Morales, poderosa mujer caucana, quien de desde la modalidad virtual, reflexionó acerca del proceso creativo sobre su obra más reciente “En el tiempo y el espacio” (2024).
Al evento asistieron estudiantes, artistas y académicos de la Universidad Surcolombiana, quienes tuvieron la oportunidad de gozar del acompañamiento virtual de Julieth Morales, un espacio de reflexión donde la artista propuso tres ejes fundamentales: la tradición, el género y la liberación que interpela la cosmovisión del pueblo Misak. El encuentro se desarrolló en el aula 304 del Edificio de Artes.
La artista Julieth Morales, es originaria del municipio de Silvia (Cauca) y egresada de la Universidad del Cauca del programa en artes plásticas, y cuenta con una amplia trayectoria en el mundo del arte: múltiples reconocimientos, entre ellos se ganó el título de La Artista Más Vendida en Artbo versión 2023 y actualmente es representada por la Galería El Dorado.

Durante su intervención virtual, Julieth le narró al público el proceso creativo sobre su obra más reciente “En el tiempo y el espacio” (2024), que fue una pieza resultante de su residencia artística en su propio territorio ancestral y que involucró a sanadoras, sabedoras de medicina tradicional y hombres soñadores o médicos tradicionales, que desde la “tulpa” (espacios de diálogos en torno al fuego) contribuyeron al diálogo colectivo.
Con el ánimo de exaltar el trabajo en equipo, la artista inició su intervención nombrando a veintiocho personas que hicieron parte de esta experiencia artística y luego, por medio de bocetos reflexionó sobre lo femenino en una comunidad que tiene prácticas como la exclusión de las mujeres durante la menstruación -por considerarla que contamina el territorio- generando tensión entre la tradición y la identidad individual. Morales afirmó, “esta obra es un diálogo conmigo misma y con mi comunidad”.

El ritual como generador de identidades
La artista describe el ritual como una acción que está diseñada para generar una reacción individual—colectiva. El proceso estuvo acompañado por seis mujeres, en edades entre los 17 a los 32 años y se internaron para conectar con su ciclo menstrual. En este espacio, se tejieron relaciones simbólicas con la tierra, el fuego, la sangre menstrual, el sueño y la palabra. Morales, afirmó que “el proceso de “ensoñación” se convierte en colectivo cuando se comparte las diferentes visiones y se discute con los sabedores alrededor del fuego”.
El proyecto trabajó sobre tres ejes conceptuales: todo actúa, que pone en evidencia, cómo los rituales, a veces se convierten en formas también de dominación y se arraigan a las prácticas cotidianas, generando silencios y exclusiones al interior de su comunidad. Dichas prácticas logran darles otro sentido a los rituales permitiendo un acto de liberación colectiva. Otro concepto es “todo transforma”, dónde el tejido se convierte en metáfora para acudir a la memoria de las mujeres Misak, por medio del hilar. Se tejieron faldas que usan en la primera menstruación, la menarquia, que nuevamente es una resistencia y vehículo para expresar su voz. Y por último “todo comienza”, que explora cómo el arte y los mitos dan voz a las comunidades, creando nuevos símbolos que restauran la armonía de un espacio históricamente silenciado.

El cuerpo y el territorio se funde con el barro
Durante el especial de participación, uno de los asistentes cuestionó a Morales sobre “¿cuál es la relación que existe entre el barro y la sangre?” para referirse a la realización de los collares que fueron muy simbólicos en la obra de Julieth y la conexión que tienen con lo femenino. Morales, con su tono suave y segura respondió: “Después de mucho pensamiento y reflexión, experimenté la necesidad de tener el territorio conmigo”. Explicó, de manera pausada, que, cuando estaba pensando en cómo hacer su obra, se encontraba viajando a diferentes lugares del mundo “y de alguna manera quería hacer tangible mi territorio, por ende, la arcilla me permitió conectar con ese poder y fortaleza”.
De esta manera, las palabras de Julieth Morales en la semana de la “Cartografía del Cuerpo” no se consumaron solo como una conferencia académica, sin que se materializaron en un acto de visibilidad y valentía de una mujer indígena que en su comunidad tiene sus propios desencuentros y que considera que el arte es una excusa para pensar “El Ser mujer, individual y colectivamente que replica saberes a otras generaciones, y que ese sentido se puedan construir nociones de identidad que permitan coexistir sin la dominación de un género”.