Con el cuento “Monar contra el padrecito”, damos inicio a la publicación de tres nuevos cuentos inéditos del escritor e historiador huilense Pablo Emilio Escobar Polanía, inspirados en las peripecias del padre Jesús Antonio Munar, sacerdote católico huilense cuya compleja personalidad atraviesa varias décadas de la historia del departamento, en la segunda mitad del siglo veinte. Para subrayar que el personaje de sus cuentos ha sido elaborado con la libertad de los personajes de ficción, el autor optó por hacer una ligera variación al apellido del personaje histórico en el que se inspira, y lo nombró en sus cuentos con el apellido Monar, en vez de Munar. Los nuevos cuentos le dan continuidad a una serie de relatos inspirados en el mismo personaje que publicó Suregión meses atrás, con una favorable acogida por parte de nuestros lectores. A pocas semanas de la publicación del Informe de la Comisión de la Verdad sobre seis décadas de la violencia en Colombia, Escobar Polanía nos ofrece estos cuentos que se apoyan en documentos periodísticos y testimonios, y los reelaboran con los recursos de la literatura y la ficción.
Por: Pablo Emilio Escobar Polanía*

Cumpliendo órdenes del obispo, el ama de llaves ubicó al recién llegado cura párroco en su habitación. Este, después de reconocer con una rápida mirada los elementos básicos del familiar espacio, organizó en el armario la ropa que traía y, abriendo de par en par la ventana, aspiró el aire fresco, perfumado de azahares, que entraba desde el patio interior.
– Solo ahora advierto que necesitaba un descanso. –dijo en voz casi inaudible el padrecito-. Y, caminando por el reducido espacio libre del pequeño dormitorio, sin dejar de gesticular, como dirigiéndose a un entrañable confidente, agregó:
-Salir unos días de ese “rascaculero” llamado San Luis, es como volver a tomar oxígeno después de una prolongada inmersión bajo el agua, o como escuchar música gregoriana después de una ruidosa fiesta parroquial. Además, aquí en la Casa Diocesana se siente la presencia de Dios todopoderoso, y su halo de gloria celestial relaja al cuerpo cansado, y estimula la oración, la reflexión y el examen de conciencia.
Luego, arrodillándose frente al crucifijo colocado sobre la mesa auxiliar ubicada a un lado de la cabecera de su cama -al que discretamente habían tapado los pies con un arreglito de rosas-, elevó los brazos y la mirada al cielo en señal de piadosa súplica, y concluyó:
-Gracias Señor, has hecho de mí una humilde oveja de tu manada, y hasta el último día de mi vida cumpliré tu santa voluntad. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.
Un lejano coro celestial invadió su sueño, liviano y nervioso. La cadenciosa melodía lo guiaba armoniosamente entre verdes y fragantes parajes copiados al paraíso terrenal, siempre en compañía de hermosos y sonrientes notables de una innumerable legión que, por todo el infinito espacio, a distancia y sin verlo, agradaban a Dios todopoderoso en su trono imperial.
Transcurrido cierto tiempo, una monumental puerta se abrió, y una voz angelical, invocando la voluntad del Supremo, llamó a entrar a los más puros. De inmediato, algunos pasaron y sus obsequiosas reverencias fueron gratas el Señor. Tiempo después, la puerta se abrió de nuevo y la invitación fue para los más misericordiosos. El padre Monar quiso pasar, pero una fuerza imperceptible a terceros lo detuvo y devolvió delicadamente a la gran audiencia, donde entre escasos conocidos, por la ostentosa empuñadura de su báculo pastoral, reconoció a su vicario castrense. Las cítaras y las trompetas tocaron, y tocaron, y tocaron…los coros cantaron, cantaron y cantaron… los notables no disminuían, ni cesaban de cantar; y cada que la puerta se abrió solo unos pocos advirtieron con feliz admiración la presencia del Creador. Cuando la majestuosa puerta se abrió de nuevo, fueron llamados a pasar los más obedientes. Y, una vez más, una mano incorpórea obstaculizó el empeño de Monar y de Pedro Ismael, a quien el primero susurró:
-Monseñor Perdimos, ¡Su báculo nos ha delatado!
-No, -repuso el obispo- ¡Fue el color azul rey de su estola!
Pasada la primera noche en la Casa Diocesana, el padrecito Monar, siguiendo su rutina de seminarista y policía en zona de orden público, se encaminó a la liturgia, no sin antes, al abandonar la alcoba, friccionar la cara con agua fría en un intento por reconocer su cuerpo y cerciorarse de que no era un alma en pena. A paso ligero, y acompañado de los primeros cantos de las aves, cruzó el fragante jardín, entró a la capillita y, de rodillas en el reclinatorio, rezó:
-Yo pecador, me confieso ante Dios todopoderoso, y ante vosotros, hermanos, que he pecado gravemente de pensamiento, palabra, obra y omisión…- Ahora hizo una breve pausa, y dudoso continuó-: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…
Como si alguien quisiera perturbar su concentración, una voz conocida interrumpió su oración:
– ¿Por qué lo dudas? padrecito Monar.
Profundamente emocionado, visiblemente confundido, enormemente feliz, creyendo estar por primera vez en su vida directamente comunicado con el Creador, sólo atinó a responder:
-Señor, sólo tú lo sabes. Realmente, yo, tu siervo, ¿he pecado gravemente por mi culpa?
– ¿Qué es lo que agita tu corazón y obnubila tus pensamientos?
-Señor, he actuado según tu mandato, predicando tu Santa Fe y defendiendo a tu Santa Iglesia, su obra y sus servidores.
-Entonces, -retumbó en sus oídos la insistente voz- te repito, ¿cuál es la razón de tu remordimiento? ¿Qué es lo que carcome tus entrañas y niega tu paz interior?
– Señor, tú que nada ignoras y todo lo puedes, sabes que nunca he cedido a la tentación de la carne, y…
– ¡Mientes! ¡Mientes, padre Monar! Sabes bien que eres tan libidinoso, ¡como todos los hombres! ¡Pero no es la lascivia, lo que gangrena tu espíritu!
-Tu piedad es tan grande como tu gloria, Señor. Realmente…fue monseñor quién me indicó lo que tenía que hacer. ¡Yo solo cumplí con mis votos de obediencia!
-Para cumplir al obispo, ¿acaso era preciso violentar la Ley de Dios? ¿Era necesario matar o consentir el asesinato de diez, veinte, cincuenta o más indefensos campesinos para servir a tu obispo, en nombre del Señor, tu Dios? ¿Era preciso torturar a madres y niños, obligándolos a denunciar a sus esposos y padres, para sentir que ayudabas a tu Santa Madre Iglesia? ¿Acaso no fuiste formado como servidor de Cristo en la tierra, para saber diferenciar entre lo que agrada a tu Señor y lo que ofende su grandeza?
– Señor, ten piedad de mí. Te lo pido besando tus pies. Desde que bendije y en tu nombre absolví a quien mató esa madre embarazada y empaló la criatura, no he tenido un momento de paz en mi corazón. Te pido humildemente, ten piedad de mí, Señor…
-Padre Monar: ¿por qué te empeñas en mirar sólo hacia afuera? Deberías mirar primero a tu corazón… No soy el Señor.
Separando bruscamente su cuerpo del reclinatorio, con la cerviz erguida y buscando con ojos desorbitados a su interlocutor, mientras sus manos sudorosas y frías jalaban con furia su hermosa cabellera ondulada prematuramente cana, con voz entrecortada y temblorosa sólo atinó a musitar:
¿Cómo?, si no eres el Señor, entonces…entonces ¿quién me habla? ¿Acaso, mi Ángel de la Guarda?
-Deberías saberlo, padre Monar. Soy la voz de tu propia conciencia.
Preso de pánico y humillación, el corpulento y temido cura Monar entró en ruidoso llanto, y de sus ojos azules brotaron abundantes lágrimas que, anegando sus mejillas blancas y rugosas, revelaron al pecador escondído bajo la sotana negra, convertida por mandato del obispo, y por voluntad de su dueño, en señal de peligro para la vida y expresión de terror para la feligresía liberal.
11/07/2021
*Pablo Emilio Escobar Polanía. Nació en Neiva en 1955. Escritor e historiador huilense. Es miembro de Número de la Academia Huilense de Historia
En 2015, publicó Pincelando el sol naciente Up-Huila Memoria Histórica, y en 2019 La colonización armada en El Pato: génesis, rutas y protagonistas, ambos bajo el sello editorial Fundación Social Utrahuilca de Neiva. En 2021, para la Biblioteca del Banco de la República , ofreció en Neiva la conferencia Las guerrillas del Llano: 1949-1953, y el 24 de mayo de 2022, en la sesión solemne de la Academia Huilense de Historia que conmemoró el aniversario de fundación de la ciudad de Neiva, disertó sobre El proceso de poblamiento del Ejido de Neiva en el siglo XX.
En las páginas de www.suregion.com ha publicado semblanzas de los guerrilleros liberales del Llano Tulio Bautista Vivas, Dumar Aljure Moncaleano, y Guadalupe Salcedo Unda. En las mismas páginas publicó una primera trilogía de cuentos sobre el cura Monar, que ahora complementa con tres nuevos cuentos que tienen como protagonista al mismo personaje histórico y a las circunstancias de su tiempo.
