Por: Lucía Fierro, Alexandra Casas y Yurian Cumbe

El paquete de ser mamá

Ser mujer implica cargar con un equipaje lleno de roles que la sociedad espera que se cumplan a cabalidad. Pero, ¿Qué pasa si una decide añadir nuevos elementos a la maleta? ¿O sacar algunos? ¿Qué pasa, por ejemplo, cuando una mujer elige ser madre y, al mismo tiempo, seguir construyéndose como profesional? ¿Es posible sostener ambos caminos sin sentirse dividida?.

Hoy en día, es más común escuchar en los discursos de los jóvenes la negativa a asumir el trabajo de la paternidad -porque sí, es un trabajo-. Pero, ¿Acaso es una misión suicida? ¿Por qué huir de los pañales, los teteros, los cuentos antes de dormir, las salidas al parque los domingos, las pesadillas nocturnas, las tareas del colegio, enseñar a montar bicicleta, jugar a las barbies o a los zombis? ¿Qué esconde la paternidad? ¿Por qué el paquete de ser mamá pesa más? ¿Y si a ese paquete se le suma el rol de profesional? ¿Quién se atrevería a arriesgarse de tal manera?.

Según datos del DANE y estudios recientes, muchos jóvenes en Colombia ya no están dispuestos a asumir la maternidad o paternidad. La natalidad ha venido cayendo sostenidamente desde 2018, y en 2024 se registró la cifra más baja de nacimientos en una década. Las razones abundan: incertidumbre económica, precariedad laboral, altos costos de vida, el deseo de priorizar proyectos personales, entre otras.

Acompáñenos, querido lector, a conocer las historias de dos valientes mujeres que se atrevieron a vivir el tenebroso, tierno, agotador, pero feliz proceso de la maternidad.

Testimonios de mujeres que lo viven a diario

María Angélica Cachaya Bohórquez, Comunicadora Social y Periodista, magíster en Educación y Cultura de Paz, y Ruby Lorena Morales Mosquera, también Comunicadora Social y Periodista, especialista en Alta Gerencia y magíster en Administración, son docentes visitantes de tiempo completo del Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana, sede Neiva. Con ellas quisimos explorar los retos, las dificultades y las victorias al articular el título de mamá y de ser profesional.

María Angélica Cachaya: entre clases, hijos y planificación extrema

La docente Angélica Cachaya, es madre de dos niños varones, uno de 7 años y el otro de 3. Dice que, aunque no tenía todo estrictamente planeado, después de finalizar su formación de posgrado comenzó la planificación de su primer bebé junto a su pareja: “Fue después, y esto obviamente brinda, de entrada, unas garantías. Ya estar con un pregrado, con una maestría y con unas primeras experiencias laborales me da una tranquilidad para poder decir: ‘Bueno, resuelvo’. Resuelvo porque tengo herramientas, tengo formación, tengo ya experiencia, y eso me va ayudando”.

Docente Angélica en la preparación para la visita de los PARES académicos. Foto tomada de la página oficial de Facebook del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana.

Comentó que en este caminar tan exigente, tanto en el hogar como en el trabajo, el tema del equilibrio no es tarea sencilla. “Quienes somos mamás, creo que todo el tiempo estamos en ese desafío, en ese reto de poder hallar puntos medios entre nuestro rol profesional y nuestro quehacer como madres, que no se limita únicamente al cuidado directo de los niños, sino que abarca todo el entorno que gira alrededor de la maternidad: la casa, su salud, sus asuntos escolares, etcétera. Ese punto de equilibrio, en mi caso, depende mucho de la planificación del tiempo y de ubicar espacios determinados: qué momentos estoy en la oficina, cuáles son mis clases, mis asesorías, y cuáles son esos tiempos en los que estoy en casa, en modo mamá.

La vida laboral, en ciertos casos, es voraz y gira en torno a la productividad. Así vive la docente sus largas jornadas de trabajo: “el horario en ocasiones se extiende en la noche, los fines de semana y en momentos en los que, en teoría, no debería haber labor directa. Por eso, la planificación de los tiempos y los espacios me parece crucial para mantener, al menos medianamente, un equilibrio» manifestó la docente.

Adicionalmente, «Las eventualidades son cosas que una dice: ‘Bueno, extiendo mi horario aquí, pero sé que eso implica reorganizar otros tiempos para compensar.’ Si me salen cosas adicionales del trabajo, sé que es tiempo que le quito a mis hijos. Entonces, tengo que buscar la forma de devolverles ese tiempo, incluso darles más. Es una cosa loca, pero bueno… es algo que se hace.”

Ruby Lorena Morales: organización y convicción desde los 13 años

La docente Ruby en medio de su labor. Foto tomada de la página oficial de Facebook del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana.

La docente Ruby Lorena Morales, quien es madre de un adolescente de 17 años y una niña de 8, aborda el tema del «equilibrio» en una línea similar: “ser organizada me permite mantener el equilibrio. ¿Qué significa? Significa que, si bien es cierto que debo responder a lo profesional, a lo laboral, también tengo claro que a mis hijos no puedo olvidarlos ni por un segundo”.

La profesora Ruby comentaba que la organización ha sido un pilar fundamental en su vida; por eso, desde los 13 años ya tenía claro su proyecto de vida: “Estuve leyendo cuál es la edad ideal para tener hijos, entonces decían que entre los 26 y 27 años, porque se supone que ya uno ha terminado la carrera y tiene algo de madurez y conciencia. Entonces, digamos que todo lo he planeado en los tiempos”. La profesora Ruby se graduó a los 22 años, en el año 2003, y para ese momento ya se encontraba trabajando. Cuando decidió tener a su primer hijo, contaba con dos años de experiencia en el campo de la administración pública, desempeñándose en el área de comunicación.

¿Es posible elegir ambos caminos sin culpa?

Las docentes vivieron la maternidad de formas distintas. Mientras que la profesora Ruby tenía muy claro que quería ser madre a los 26 años, en los anhelos de la profesora Angélica pasaban muchas opciones.

“Nunca pensé en ser solo profesional y dejar de lado ser mamá, ya lo tenía clarísimo”, afirma la profesora Ruby. Por el contrario, la profesora Angélica comenta: “creo que cuando una es joven, todas esas ideas pasan por la cabeza. Hay momentos en los que resulta muy tentadora la idea de dedicarse únicamente a los proyectos profesionales: crecer académicamente, viajar, conocer, tener nuevas experiencias. Es algo extremadamente atractivo cuando uno es joven. Pero también creo que influye mucho la personalidad. Yo sí sentía, en medio de todo, un instinto muy maternal. Aunque no tenía del todo claro si quería ser mamá, sí consideraba la posibilidad. No sabía qué me depararía el futuro, pero pensaba que, así como muchas otras mujeres lo hacían, yo también podría hacerlo en algún momento. Es decir, no era un impedimento radical que me hiciera pensar que no podía crecer profesionalmente. Solo que, claro, una cosa es la expectativa que tienes de joven, y otra muy distinta es la realidad concreta del presente”.

En esta labor de madre, comentaban las docentes, surgen miedos todo el tiempo, en este caso, ser una madre ausente: “yo creo que los miedos y las dudas los tenemos todos, aún así, uno no sabe si existen ausencias de las cuales una no se haya dado cuenta” comentó la profesora Ruby. De igual manera la docente Angélica agrega: “creo que todas las mamás sentimos ese miedo, el miedo a ser una madre ausente o una mala mamá, ese temor siempre está presente. Es un miedo que se mezcla con la culpa, miedo, culpa, miedo, culpa… una y otra vez. Y, sinceramente, creo que eso hace parte del paquete de ser mamá. Es inevitable. Es como la lonchera escolar que siempre hay que empacar, como el bolso del profesor o como un adorno más que llevamos encima. Está ahí todo el tiempo. Siempre hay una sensación de que falta algo, como si la moneda nunca alcanzara para el centavo. Algo falta, siempre”.

Entrevista con la docente María Angélica Cachaya.

Redes de apoyo: una herramienta vital

En este recorrido por la experiencia de la maternidad de las dos docentes, surge la pregunta: ¿recibieron apoyo por parte de las entidades donde trabajaban? La profesora Ruby fue enfática al respecto: “las empresas requieren de la persona para que les trabaje y ya, pero el día que tú dejas de trabajar, pues contratan a otra” sostuvo la docente. “A mí las empresas me sostuvieron lo de ley, pero que reconocieran que estaba embarazada, no”.

Una situación similar vivió la profesora Angélica, quien relató: “Con los dos embarazos tuve la licencia de maternidad, cada una de cuatro meses y medio. Pude estar los cuatro meses y medio que están establecidos por la ley en casa, cuidándome y cuidando a mis hijos en esa primera etapa tan importante para el asunto de la lactancia”. Así lo vivieron ellas, pero ¿Acaso la etapa de ser mamá solo comprende algunos meses? Es por lo anterior que para algunas madres sea fundamental el apoyo que le pueda brindar su entorno.

Las redes de apoyo con las que cuentan hoy en día las docentes son un factor fundamental para equilibrar el gran peso que conlleva la maternidad y el ejercicio profesional. La profesora Ruby, junto a su familia, hace parte de un grupo conformado por varias familias que constantemente diseñan planes para salir de la rutina y aliviar las cargas emocionales que muchas veces se acumulan. “Salimos a desayunar, vamos a algún lado a tomar algo y hablar, o hacemos jornadas deportivas, sobre todo las mujeres. Y eso ayuda mucho. De hecho, en esa red de apoyo hay muchas cosas que suceden, y tenemos un grupo de WhatsApp donde escriben situaciones por las que están pasando y entre todos nos ayudamos”.

Con su primer hijo, la profesora Ruby no contaba con esta red de apoyo, y siente que la diferencia más grande hoy en día es la tranquilidad que le brinda poder hablar y compartir lo que está viviendo en su hogar con sus amigas. “Eso nos ha dado mucha tranquilidad”.

La profesora Angélica considera que cuenta con varias redes de apoyo, siendo la primera y más fundamental su familia. “Cuando hablo de mi familia, hablo de mi mamá, de mis dos hermanas, y tengo otra ayuda que es impresionante: una joven de acá de Rivera que me apoya especialmente en los tiempos en que los chicos no están escolarizados”. Contar con estas personas le brinda mayor tranquilidad mientras está en el trabajo, especialmente cuando surgen situaciones espontáneas para las que no tenía planificación, ya que siempre están ahí para apoyarla.

Además, destaca que otra de sus redes de apoyo son las instituciones educativas donde estudian sus hijos. “Los dos están en instituciones privadas, y eso me genera mucha confianza, porque al ser privadas tengo la garantía de que hay menos niños por cuidar y formar. Entonces tengo la tranquilidad de poder tener un contacto directo y constante con las profes”.

Sus hijos estudian en jornada de mañana y parte de la tarde, lo que le permite desempeñar sus labores con tranquilidad y seguridad, siempre estando atenta a ellos y garantizándoles una educación de calidad.

Por último, menciona como red de apoyo a su iglesia, donde ha construido un espacio de amistad y crecimiento espiritual. “Mientras yo estoy aprendiendo, mis niños también están aprendiendo. Entonces allí siempre hay una colaboración y un proceso bien bonito con los pequeños. La considero como parte de mi red de apoyo”.

Desafíos estructurales y personales en la doble jornada femenina

El rol de ser mamá implica una serie de complejidades, por lo cual quisimos conocer, desde la experiencia de las docentes, cuáles son los retos que enfrentan las mujeres al intentar articular sus sueños profesionales con la maternidad. Para la profesora Ruby, “el primer reto es que la mujer logre entender si realmente quiere ser mamá. Si lo desea, de ahí para adelante todo lo asume porque hace parte del querer. Pero si uno no quiere, es mejor que no lo haga, porque es una responsabilidad muy grande”. Para ella, también es fundamental que como sociedad se comprenda que ser madre no debe verse como un impedimento para alcanzar las metas personales. Aunque reconoce que es un trabajo arduo, considera que, si una mujer lo desea, puede lograr todo lo que se proponga.

Entrevista con la docente Ruby Lorena Morales.

Por su parte, la profesora María Angélica señala que los retos están profundamente ligados al contexto en el que se desenvuelve la mujer, donde influyen factores como la cultura, la comunidad y los escenarios laborales, ya que estos pueden representar obstáculos adicionales al intentar articular la vida profesional con el rol de madre. “Se nos pide más de lo que a veces por nuestra misma naturaleza humana podemos, es de una carga mental muy fuerte el asunto de estar buscando constantemente un equilibrio. Ese de no sentirse culpable porque trabajas mucho, de no sentirte culpable porque compartiste un tiempo de más con tus hijos… todo el tiempo es un tema del ‘mea culpa’, del ‘hice de más’ o ‘hice de menos’, es constante» manifestó la docente universitaria.

María Angélica Cachaya, también comentó, «y este efecto creo que es muy fuerte por la misma sociedad: la sociedad de consumo, los medios, nuestra familia, el entorno laboral… Entonces, este es un asunto voraz. Pero bueno, creo que siempre estará la posibilidad de lograrlo, y que no es un problema de las mamás o de las familias que le apuestan a esto, sino de una sociedad que necesita ser más empática frente a sus modelos de vida y de futuro”.

El vacío del jardín infantil en la Universidad: una deuda pendiente con las madres trabajadoras y estudiantes

En el recorrido por las experiencias de maternidad de las docentes entrevistadas, surge inevitablemente una reflexión sobre el papel que juegan las instituciones en la garantía de condiciones mínimas para el ejercicio pleno de la maternidad, especialmente en contextos laborales y académicos. Uno de los aspectos más significativos que se evidencian, es la ausencia de espacios institucionales que reconozcan y acompañen de manera efectiva a las mujeres que deciden ser madres sin renunciar a sus sueños profesionales.

En este sentido, cobra relevancia el caso del jardín infantil de la Universidad Surcolombiana. Este espacio, que comenzó a funcionar en 1975 como un proyecto pensado no solo como beneficio para las familias universitarias, sino también como centro de práctica para el Programa de Educación Preescolar, fue un referente de apoyo institucional durante varias décadas.

Sin embargo, a partir de 2001 en virtud de un convenio de cooperación, la Caja de Compensación Familiar del Huila asumió la administración del jardín infantil, denominándolo: Comfausco. Durante este periodo, el jardín ofreció niveles de preescolar, incluyendo Prejardín, Jardín y Transición; en 2002 amplió su cobertura para incluir el primer grado de educación básica primaria. Además, bajo la dirección de la docente Clara Elsa Gaitán Osorio y con la orientación pedagógica de educadoras licenciadas en Educación Preescolar, el centro se consolidó como un referente educativo en la región.

A medida que la demanda de servicios educativos crecía, el proyecto se expandió gradualmente. En 2004, la Secretaría de Educación, Cultura y Deporte autorizó la cobertura educativa hasta el grado segundo de primaria mediante la Resolución N° 009. En 2005, la institución amplió su oferta hasta el grado cuarto de primaria.

Este crecimiento culminó en 2007 con un cambio de razón social, el centro pasó de llamarse Comfausco a Colegio Comfamiliar del Huila, debido a la finalización del convenio interinstitucional entre la Universidad Surcolombiana y la Caja de Compensación Familiar del Huila por dificultades administrativas (PEI Colegio Comfamiliar Los Lagos).

Colegio Comfamiliar los lagos. TSM Noticias, Comfamiliar inició diplomado del modelo holístico transformador, 20 de mayo de 2017.

En respuesta a observaciones realizadas durante el proceso de acreditación institucional en 2017, la Universidad reconoció la necesidad expresada por miembros de la comunidad universitaria ante la falta de este servicio. Sin embargo, argumentó razones de seguridad y protección infantil que impedían reabrir el espacio, aludiendo a las alteraciones del orden público que suelen ocurrir en los alrededores del campus y a las obligaciones legales establecidas en la Ley 1098 de 2006, que exige la protección integral de los derechos de los niños y niñas.

Lo cierto es que la inexistencia de un jardín infantil universitario representa hoy una deuda institucional con las madres trabajadoras y estudiantes. Ellas en muchos casos, se ven obligadas a recurrir únicamente a sus redes personales de apoyo para lograr cumplir con sus responsabilidades laborales y familiares.

Tal como lo expresan las docentes entrevistadas, la maternidad no debería ser un impedimento para el desarrollo profesional, pero sí lo es la falta de condiciones estructurales que acompañen a las mujeres en este doble rol. La maternidad puede dejar de ser un reto que se enfrenta en solitario, pues puede ser un proceso acompañado y respaldado por las instituciones.

A modo de cierre

La docente Ruby Morales culmina la entrevista reflexionando, la maternidad le ha permitido establecer una conexión más empática y comprensiva con sus estudiantes. Al tener un hijo de edad similar, logra interpretar con mayor claridad sus perspectivas y necesidades generacionales, lo que considera una ganancia invaluable para su ejercicio profesional.

Asimismo, comparte una mirada crítica sobre el rol de la mujer en la formación del núcleo familiar. Aunque reconoce que, en teoría, la crianza debería ser una responsabilidad compartida, en la práctica esta recae mayoritariamente sobre las mujeres, debido a patrones culturales profundamente arraigados. Desde su experiencia, afirma que las mujeres tienden a asumir la crianza con una visión más integral, lo que las hace más presentes y sensibles en los procesos de cuidado, en contraste con un enfoque más limitado y despreocupado que observa con frecuencia en los hombres.

En la profesora Angélica Cachaya surgen las siguientes reflexiones:

“Bueno, pues mientras respondía toda esta serie de preguntas, me encontraba también pensando en otras cosas -porque nuestra mente funciona multitarea-. Estaba respondiendo, atendiendo a mis hijos y, al mismo tiempo, reflexionando. Y pensaba en que no hablamos lo suficiente sobre estos temas. Claramente, una se da cuenta de que, cuando menciona a los hijos, a veces eso puede percibirse como algo poco profesional. Parece que, si una mujer prioriza hablar de su familia o expresa alguna dificultad relacionada con sus hijos, eso no se considera adecuado en un entorno laboral. Entonces, una termina por cohibirse.”

La docente continúa: “En mi caso, yo me cohíbo de mencionar estos temas en mi ámbito laboral. Tal vez hago alusión a alguno de mis hijos durante una anécdota en clase, o converso con alguna compañera muy cercana. Fuera de eso, siento que no hay confianza ni un escenario propicio para expresar abiertamente nuestras miradas, reflexiones o angustias sobre la compatibilidad de estos roles, que son tan complejos hoy en día.”

Y agrega con firmeza: “Sí creo que, en aras de humanizar estos procesos, debemos hacerlos más amables para las mujeres. Estos temas tienen que ser conversados y visibilizados, no para que se nos vea como menos profesionales, sino para generar empatía y comprensión sobre lo que implica ser muchas cosas al mismo tiempo. Porque yo soy profe, pero también soy mamá, y ese es un rol que nunca voy a dejar; hace parte de mi vida, de mi realidad, y las condiciones laborales deberían, por supuesto, tenerlo en cuenta.”

En respuesta a la pregunta ¿Sientes que hay más presión en ti al ser madre y mujer?, la docente expresó con contundencia: «Uf, total.» Explicó que si sacara de la ecuación a sus hijos, la vida sería -entre comillas más ligera-, con menos presión».

Sin embargo, reconoce que incluso las mujeres que han decidido no tener hijos también enfrentan una fuerte carga social por no ser madres. “Ya sea por ser madre, por no serlo o por las decisiones que se tomen en torno a ello, hay una presión constante sobre el rol de ser mujer, mamá, profesional, ciudadana, cuidar de la salud, atender a exigencias estéticas y sociales… una carga abrumadora”.

Añadió que, además de esa presión externa, muchas veces las mujeres se exigen demasiado a sí mismas, al punto de relegarse al último lugar en sus prioridades. Así, reafirmó que la presión sí existe, es profunda y está presente todo el tiempo.

Y usted querido lector, ¿Qué sumaría o restaría a la ecuación?

Las docentes en acompañamiento a sus estudiantes de quinto semestre del programa de Comunicación Social y Periodismo en la labor de campo. Foto tomada de la página oficial de Facebook del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana.