Este 2024 se cumplen 100 años desde que “La vorágine” vio la luz del sol. El pasado 19 de febrero el Maestro Isaías Peña Gutiérrez ofreció su conferencia “Visión, nación y universalidad de La Vorágine” en la Biblioteca del Banco de la República en Neiva. Mariana Galindo escribió la siguiente crónica sobre esa actividad cultural, y lo hizo tratando de honrar el buen uso del castellano para contar una historia verdadera.
Por: Mariana Galindo Perdomo, estudiante del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Usco
La vida decidió que la cálida mañana del pasado 19 de febrero fuera el momento propicio para regresar al lugar en el que mi alma añoraba estar cada día del eterno enero. La biblioteca del Banco de la República en Neiva abrió sus puertas al público a las 8:30 de la mañana, preparada para recibir a todos aquellos que, como yo, hallan paz en la silenciosa sala que acoge mil historias en sus estantes.
No era un día común, se conmemoraba el natalicio de aquel que fue conocido como ‘Tachito’. Y en memoria del padre de La vorágine, la Biblioteca organizó una conferencia dirigida por el escritor y maestro huilense Isaías Peña Gutiérrez, abierta a todas las audaces mentes que quisieran estar allí.
A pesar de la charla se convocó para las 10 de la mañana en aquel extraordinario lugar, a las 9:34 am ya me encontraba recorriendo el extenso camino previo a la puerta que dividía el mundo real de los cientos de mundos que eran acogidos en libros por esta edificación. Ingresé a la sala principal mientras la hora llegaba; aproveché para sumergirme una vez más en la descripción del selvático llano plasmado en La vorágine. Ya tenía sospechas del ´por qué’ de la aflicción de Alicia y mi intención era adentrarme un poco más en esas páginas en el tiempo que me quedaba, para así no ir tan atrás en el discurso “Visión, nación y universalidad de La Vorágine” que guiaría el Maestro Peña Gutiérrez.
Sin embargo, faltando diez minutos para las 10 de la mañana, ya alistándome para la conferencia, escuché gran algarabía a unos cuantos metros de mí, me acerqué con la intriga plasmada en mi rostro y descubrí que mis compañeros del programa de Comunicación no habían sido los únicos invitados a este evento. Le pregunté al guardia de la primera sala acerca de la charla próxima a iniciar, y su respuesta me dejó consternada. Aseguró que desde las 9:30 am lo asientos disponibles en la sala de conferencias del tercer piso, donde se llevaría a cabo la reunión, se habían agotado. Fue preocupante. Giré a la izquierda y vi una sala llena de colegiales observando una transmisión en vivo de la conferencia. En ese momento, mi mente evocó las filas de niños uniformados que vi pasar sobre las 9:10 de la mañana por el centro en dirección a este lugar y todo fue claro; me sentí un poco tonta al recordar que había dicho “van demasiado temprano”, pues ahora ellos tenían un lugar en el auditorio y yo continuaba de pie observándolos de lejos.
Tuve que actuar de inmediato, no podíamos perdernos el evento. El cardumen humano, responsable de la algarabía anterior, había abordado la biblioteca hacía unos segundos y acaparaban con premura todos los lockers restantes. Encontré a mi compañero de estudios José Amaya un minuto después de salir de la sala donde me encontraba, y lo conduje rápidamente al casillero que había reservado al llegar para guardar sus cosas y poder buscar otro lugar donde escuchar al escritor Isaías Peña. Tomamos nuestras laptops y junto con el profesor Juan Carlos Acebedo, a quien encontramos un minuto después, nos dirigimos al segundo piso, al ala de niños, para escuchar la conferencia por medio de una transmisión general por Webex que estaban proyectando en aquel espacio.
Al tomar asiento, escuchamos una corta presentación de la trayectoria profesional del maestro Peña Gutiérrez por parte del personal de la biblioteca. A las 9:54 am, hora oficial de inicio de la conferencia, Peña comenzó su charla. Para nuestro infortunio, el equipo de audio correspondiente a nuestra sala funcionaba en forma deficiente y las expresiones de los oyentes a nuestro alrededor no eran distintas a la nuestra: confusión, frustración y decepción eran las que predominaban. Sin embargo, las diapositivas proporcionadas por el Maestro Peña sirvieron de gran ayuda para guiar sus palabras (al principio casi indescifrables) durante la primera parte del evento. Algunos asistentes optaron por ingresar desde sus equipos individuales a la transmisión virtual de la conferencia, una estrategia que ayudó a que el discurso fuera más ameno. Entre ellas, la estudiante de la Universidad Surcolombiana Lucia Fierro, quien aseguró que: “logré captar parte de la información, porque ingresé tarde, pero aun así obtuve información valiosa de lo que fue el recorrido, la vida de José Eustasio y algunas reflexiones que nos deja la vida de él de una manera personal”.

Para las 10:30am llegaron dos empleados del lugar quienes dieron solución al problema del sonido, por ende, fue posible recopilar gran parte de los datos que el Maestro Isaias Peña proporcionó sobre José Eustasio y su internacionalmente conocida obra. Al comienzo, habló sobre el gran debate que gira en torno a su lugar de nacimiento. Persiste la disonancia entre si nació en Neiva, en San Mateo (Aguascalientes) o “en el camino”. Se presentó lo dicho en el acta de bautismo de José Eustasio Rivera, la cual dice que dicho acto fue efectuado en Neiva, mas no menciona nada sobre el lugar donde tuvo su primer aliento. Y mi idea frente a esto es la misma que Don Isaías Peña expresó: “qué bonito habría sido que Rivera hubiera nacido en el camino, porque así iba a ser toda su vida, su vida iba a ser un viaje…”.
Fue una charla enriquecedora, el ambiente fresco de la sala, junto con un acogedor silencio el cual era adornado por murmullos no periódicos de jóvenes a nuestro alredor, hizo que el tiempo pasará como si tuviera prisa. La pasión que Isaías Peña Gutiérrez demostró por la vida de José Eustasio Rivera y su obra maestra se notaba en cada frase que sus labios pronunciaban. Sin embargo, fue acongojante llegar a mi hogar y ver que mis apuntes eran más escasos que el presupuesto para financiar las actividades de mi programa en la universidad. No fue por perezosa, solo Dios y la vida queriéndome enseñar una lección (aún no comprendo cual). Pocos minutos después de haber iniciado oficialmente la conferencia, empecé a escribir en mi portátil lo que consideraba clave del encuentro, infortunadamente, después de tres frases mi computador eligió el camino del descanso y dejó de funcionar, toda la conferencia y todo el día restante mi portátil estuvo en el bolso buscando el camino del deceso, resoplando como si quisiera dar su último aliento. Eso no me detuvo. Logré tomar algunos apuntes en el celular, no fue lo mismo, pero la información sobre la vida y obra de José Eustasio son por sí mismas envolventes, así que no fue difícil recordar los detalles que nos engancharon a su historia desde el primer momento.
Quiero resaltar en especial una parte del primer acto de la charla, en el cual el maestro Peña Gutiérrez presentó un comentario que había hecho José Eustasio Rivera sobre su obra: “Dios sabe que al componer mi libro no obedecí a otro motivo que al de buscar la redención de esos infelices que tienen la selva por cárcel. Sin embargo, lejos de conseguirlo, les agravé la situación, pues sólo he logrado hacer mitológicos sus padecimientos, y novelescas las torturas que los aniquilan”: totalmente impresionante. La Vorágine lanza una crítica no solo válida sino real y totalmente necesaria en la época, mezclada con una narrativa que es simplemente pura en detalles, lo que la vuelve nada menos que deleitosa de leer. Rivera era uno de los más conscientes sobre la necesidad de la denuncia acerca de las condiciones deplorables de los caucheros y por eso su intención y contundencia en la obra la vuelven todavía mejor. Para tristeza de todos, y del mismo autor, en su momento no fue tomada así. Lo que me lleva al siguiente punto ilustrado por el maestro Peña: “El 22 de abril de 1922, Rivera comienza a escribir la novela que se llamaría La Vorágine. Regresa a Bogotá y vuelve en junio a Sogamoso, donde soledad (Solita) Murillo de Martínez. y termina en septiembre -a los 5 meses- la primera parte.” La razón de esta cita es porque aquí nos empieza a dar un recorrido no solo cronológico sino también geográfico. El literato Peña Gutiérrez nos introdujo a la selva, nos llevó de la mano a recorrer el camino que primero pisó José Eustasio Rivera durante uno de sus viajes a la selva y nos ilustró el prodigio que fue movilizarse a tal escala en ese tiempo.
Para el final de la conferencia, se tocó un tema que, posteriormente, se convertiría en un debate: la muerte de José Eustasio Rivera y el lugar donde sus reposan sus restos. Digo debate dado que, un Señor (al que no pude identificar) se tomó deliberadamente el espacio de la última pregunta para, en vez de preguntar, expresar su inconformidad con que hubiesen enterrado a José Eustasio en Bogotá y no en Neiva. Sin embargo, al ser un tema con opiniones diversas y sin haber formulado una pregunta, la conferencia vio su fin a las 11.34 de esa misma mañana.
Después de pasar esas horas acompañada de dos grandes voces huilenses: la del maestro Isaías Peña Gutiérrez y la de José Eustasio Rivera a través de su obra, y sin saber aún las peripecias que me aguardaban, pude reflexionar: ¿fue José Eustasio Rivera el Homero de nuestros días? ¿así como La Ilíada narró la guerra de Troya en la antigüedad griega, así también La Vorágine descubrió el mundo hasta entonces oculto de la selva cauchera? Si esto fuera cierto, ¿quién será el próximo escritor de La Odisea en nuestra tierra?
Nota: También puede leer sobre el mismo tema la crónica de Adriana Reyes: José Eustasio Rivera y La Vorágine: un viaje entre páginas y selvas.