Don Tulio, Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure: serie sobre los líderes de las guerrillas liberales del Llano (1949-1953)

Con un texto sobre Don Tulio, damos inicio en Suregión a una serie sobre tres destacados líderes de las guerrillas liberales del Llano, que se completará con las semblanzas de Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure. La serie fue escrita por el historiador huilense Pablo Emilio Escobar Polanía, Miembro Correspondiente de la Academia Huilense de Historia, y se publicará este y los próximos dos fines de semana en Suregión. Con este valioso aporte de Escobar Polanía, Suregión aspira a contribuir a la memoria del conflicto social y armado que atraviesa la historia contemporánea de Colombia.

INTRODUCCIÓN

 Durante los años 1949 a 1953, los Llanos orientales de Colombia fueron el epicentro de la confrontación entre el Estado colombiano, representado por sus fuerzas militares, y las más beligerantes e influyentes expresiones de la resistencia guerrillera liberal al proyecto de conservatización “a sangre y fuego”, que, desde los gobiernos de Ospina Pérez y Laureano Gómez, se implantaba en el país.

Durante ese proceso de resistencia armada se estructuraron varias organizaciones guerrilleras que, pese a la falta de unidad orgánica, reforzándose mutuamente para   algunas operaciones, lograron consolidarse como una poderosa fuerza que desde los Llanos orientales puso en jaque a la institucionalidad, retó a la Dirección Nacional Liberal y mostró el camino de las luchas insurreccionales en Colombia.

Recordar el contexto político nacional en que aflora este fenómeno, la estructuración de sus organizaciones y su consolidación, lo mismo que la personalidad y el papel de tres de sus más connotados jefes, es el propósito de esta serie que ahora, gracias a la disposición de Suregión.com, entregamos a un nuevo grupo de lectores.

En su orden se publicarán los siguientes textos: Don Tulio, Guadalupe Salcedo, Dumar Aljure

PABLO EMILIO ESCOBAR POLANIA, Miembro correspondiente de la Academia Huilense de Historia.

 DON TULIO 

Por: Pablo Emilio Escobar Polanía * 

El ascenso de Mariano Ospina Pérez a la Presidencia de la República, el 7 de agosto de 1946, fue visto por las facciones más retrógradas y revanchistas del Partido Conservador como la oportunidad de ajustar cuentas con sectores liberales de Santander y Boyacá, por lo que ellos consideraban crímenes, desmanes y atropellos, contra la población conservadora durante los años de la República Liberal (1930-1946).

Por ello, en Boyacá no solo hubo ingentes esfuerzos por “conservatizar” las instituciones  públicas, sino que aprovechando la situación creada con el asesinato del jefe liberal  boyacense, Representante a la Cámara Gustavo “Chato” Jiménez, acaecido el 7 de septiembre de 1949 en plena sesión legislativa a manos  de su paisano, el Representante conservador  Carlos del Castillo,  todos los esfuerzos oficiales se dirigieron a “conservatizar” por la fuerza a las poblaciones mayoritariamente liberales.

El 24 de octubre de 1949 los pacíficos moradores de la provincia de Lengupá, especialmente en Miraflores, la capital, horrorizados por la llegada de la policía chulavita enviada desde Tunja,  emprenden un gran éxodo hacia el Llano. Perseguidos por la chulavita,  reforzada con voluntarios conservadores venidos de Campohermoso (Boyacá), los migrantes,  con visibles huellas de dolor, desolación   y  muerte, llegaron hasta Sabanalarga (Casanare) donde empezaron a organizar la resistencia encabezados por Chucho Solano, presidente del Directorio Liberal de la localidad y los hermanos Tulio y Manuel Bautista.

La histórica convivencia reinante en el alto y medio Upia, la parte occidental de Casanare, así como el pie de monte oriental de la cordillera del mismo nombre, región colonizada por liberales mirafloreños, y  la región colonizada por conservadores emigrantes del Valle de Tenza: parte cordillerana del municipio de Campohermoso hasta el rio Meta, incluidas San Luis de Gaceno y los Cedros, quedó rota de hecho y su población sumida en la desprotección y el miedo.

Ante la perentoria necesidad de organizarse y defenderse frente a la persecución chulavita,  la comunidad de colonos atiende las directrices  de Jorge Uribe Márquez, portavoz del gaitanismo en  la Dirección Nacional Liberal (DNL), y encargan a Marco Tulio Bautista Vivas, la misión de crear y dirigir un grupo armado capaz de contener la persecución. 

La ilustración de Don Tulio que acompaña este texto, fue tomada del libro de Justo Casas Aguilar: “Tulio Bautista  Alma de la Resistencia Popular en el Llano (1949-1952”.

Once hombres constituyeron inicialmente el grupo que, entre el 5 y 9 de noviembre defendieron la vida y patrimonios de las familias liberales de Miraflores y Sabanalarga y los  que abrieron el camino a las guerrillas del Llano. Ellos fueron: Tulio y sus hermanos Pablo, Manuel y Roberto; sus primos José Argemiro, Odilio y Efraín; Campo Elías Ruiz, Víctor Manuel Mendoza, José Ramírez, Pedro Mendoza y Aureliano Vaca.

Don Tulio, como respetuosamente siempre se le llamó, nació en 1921 en la población boyacense de Miraflores y, junto a sus hermanos,  cursó un par de años de escuela en su pueblo natal. Luego bajaría al llano para dedicarse a la vaquería en los “abiertos” que sus padres,  a golpe de hacha y machete, habían arañado  al baldío. En su finca El Iguaro se hizo capataz, conoció y asimiló el estilo de vida del llanero,  y forjó la  personalidad del líder que más tarde le sería fundamental  para conducir la “revolución del Llano”.

Eliseo Velázquez, quien  con  los hechos del 27 de noviembre,  en el Meta, elevó su prestigio militar  hasta llevarlo a proclamarse Jefe del Estado Mayor de las Guerrillas del Llano, mediante Resolución  de abril 27 de 1950, dividió  la llanura de Arauca y Casanare en siete zonas  delimitadas por el rio Meta y sus  afluentes. Tulio aceptó permanecer en su zona de origen: la  comprendida entre los ríos Cusiana y Upía, donde en ejercicio de su autoridad  creó un cuerpo de  mando con  sus hermanos;  estructuró una guerrilla disciplinada, cohesionada  y con gran prestigio político y militar entre los llaneros, las otras guerrillas y frente al gobierno. 

Una de sus primeras acciones ofensivas fue la toma de Sevilla, población ubicada cerca al actual municipio de Aguazul, en febrero de 1950, en coordinación con el Comando de Maní dirigido por Marco Tulio Rey y Chucho Solano, y en la que combatió también Dumar Aljure y Eduardo Franco Isaza. Afirma Eduardo Fonseca Galán en su libro Los Combatientes del Llano 1949-1953, que las guerrillas del Llano, durante sus 46 meses de existencia, libraron 40 combates de importancia, en cada uno de los cuáles pelearon más de 50 guerrilleros. Los hermanos Bautista –como se conoció a la guerrilla dirigida por don Tulio- y sus sucesores dirigieron  9 combates: Sevilla, Betel (Monterrey), Páez, Chámeza, La Colina, La Guala, Sabana, San Pedro de Jagua y Caño Arenoso.

Muy memorable fue la toma de Páez, donde gracias a la información de un soldado desertor, Tulio conoció en detalles el puesto militar acantonado en Páez. Después de rodear el pueblo, una madrugada don Tulio, al frente  de 12 guerrilleros vistiendo prendas y distintivos del ejército, penetró hasta el puesto de guardia e informó al centinela que venían a relevar el personal, que traía un preso y un mensaje para entregar personalmente al comandante. Ante la actitud dubitativa del guardia Tulio irrumpió, despertó al sargento y le entregó un sobre. Aún sin despertar, el sargento leyó la orden de rendición que le hacían, y violentamente gritó: “¡que revolución ni que h. p!” e intenta tomar el fusil. Tulio reaccionó y lo ultimó de dos disparos. Según Eduardo Franco Isaza en el texto Las Guerrillas del Llano, el ejército tuvo de 10 a 15 bajas, perdió 33 fusiles con sus bayonetas, 10.000 cartuchos de guerra, 2 fusiles ametralladoras, un mortero y material de intendencia. La guerrilla perdió 3 combatientes. Por su lado, Eduardo Fonseca afirma que el ejército tuvo 8 bajas, mientras que los asaltantes  perdieron un hombre a manos de un civil: el único conservador del pueblo. 

A contracorriente del anticomunismo  que la Dirección Nacional Liberal (DNL)   se esforzaba por fomentar entre la dirigencia guerrillera, combatientes como Tulio Bautista y Eduardo Franco Isaza, que en el fragor de la “revolución” se  acercaron al Partido Comunista a través de la Coordinadora de las Guerrillas Liberales -con sede en Bogotá y en la que tenían asiento  las tendencias  existentes en el Partido Liberal-,  no solo propugnaron por la unidad de las guerrillas de todo el país en torno a un programa anti dictatorial, sino que en los momentos clave de las grandes decisiones políticas aceptaron la asesoría de intelectuales llegados a fortalecer  a la guerrilla, caso del doctor  José Alvear Restrepo, a quien Eduardo Fonseca, jefe de los hermanos Fonseca,  trató con desconfianza y acusó de infiltrado comunista.

El acercamiento de la DNL a la dictadura laureanista, su  distanciamiento de las  guerrillas liberales y la condena pública de sus acciones, llevó a don Tulio  a radicalizar sus posiciones frente al Partido Liberal y a reorientar el contenido de sus luchas agregando a lo estrictamente regional  objetivos del orden nacional. Desde ese momento, cuando el prestigio y la autoridad del Estado en el Llano  se ha derrumbado para dar paso a la del comando guerrillero,  la camarilla dirigente liberal y su aliado el régimen conservador, aprovecharán  las tensiones entre Tulio y  algunos de sus subalternos -incondicionales de la jefatura liberal- para estimular el desacato y la traición a la autoridad de los hermanos Bautista entre sus filas.

En estas circunstancias, don Tulio, según  el historiador Justo Casas Aguilar en su libro Tulio Bautista Alma de la Resistencia Popular en el Llano (1949-1952), dirige una proclama “a los soldados y al pueblo colombiano”  identificando a la camarilla que gobierna el país como el enemigo común contra el que se debe luchar  sin distingo de partidos, mientras que al pueblo que sufre, trabaja y paga impuestos, le orienta rebelarse contra la camarilla para salvar el país. Allí mismo  denuncia el peligro que corre la integridad territorial de la nación,  pues el gobierno venezolano ha ofrecido a la guerrilla la entrega de armas y apoyo económico en su lucha contra la dictadura conservadora a cambio de la Intendencia de Arauca.

La madurez militar y política de la “revolución” Llanera y especialmente de don Tulio, así como las crecientes exigencias de desarrollo del movimiento, hacen propicia la convocatoria de la Conferencia Guerrillera de septiembre de 1952, donde se promulga la Primera Ley del Llano -de 80 artículos distribuidos en 8 encisos-,  que reglamenta la organización de los comandos, la lucha política, el gobierno y la administración. Esa misma Conferencia ordena a Eduardo Franco Isaza ubicarse en la frontera con Venezuela en busca de armas y municiones.

A esas alturas, la influencia política y militar de don Tulio sobre las guerrillas del Llano, constituía una real amenaza para la oligarquía liberal-conservadora, a la que identificaba  como el enemigo a derrotar. Para el régimen, Tulio se convirtió en el objetivo a eliminar y dentro de su  guerrilla los encargados de asesinar a los Bautista solo esperaban el momento.

En versión del historiador Justo Casas Aguilar, en la mente  de los autores intelectuales el asesinato de Tulio y sus hermanos  debía ejecutarse el mismo día.  Sin embargo, el plan criminal solo se pudo ejecutar entre el 18 en la noche  y el 23 de diciembre de 1952. 

Cuenta Casas Aguilar, que Tulio, sólo y huyendo de los traidores que ya habían asesinado a Pablo, Manuel y Roberto, regresó a su comando de El Iguaro, donde se encontró rodeado. “¡Tulio! ¡Ríndase y le perdonamos la vida!”, le gritó Luis Torres,  jefe de los sublevados. Tulio respondió: “¡No me rindo porque aún soy el comandante! “

Un disparo le destrozó la quijada.

Abril 22 de 2020

*Historiador y Miembro correspondiente de la Academia Huilense de Historia.

BIBLIOGRAFIA

FRANCO Isaza, Eduardo. Las guerrillas del Llano. Círculo de Lectores, 1986.

FONSECA Galán, Eduardo. Los combatientes del Llano 1949-1953. Universidad Inca de Colombia. Bogotá D. C. 1987

CASAS Aguilar, Justo. Tulio Bautista  Alma de la Resistencia Popular en el Llano (1949-1952). UPTC. Tunja, Boyacá. 1989

ESCOBAR Polania, Pablo Emilio. La colonización armada en El Pato. Génesis, Rutas y Protagonistas. Fundación Social Utrahuilca, Neiva, Huila, 2019.

ACUÑA Rodríguez, Olga Yanet. Bandolerismo político en Boyacá (Colombia) 1930-1953. Revista Virajes. Volumen 16 No. 2. Universidad de Caldas. Manizales.

RAMSEY, Russel W. Guerrilleros y Soldados. Ediciones Tercer Mundo 1981

CASAS Aguilar, Justo. La Violencia en los llanos orientales (Comando Hermanos Bautista) ecoe. Bogotá. 1986

Suregión invita a nuestros lectores a leer el segundo texto de la serie sobre los guerrilleros liberales del Llano, en el siguiente hipervínculo:

Guadalupe Salcedo

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