Cuando los jóvenes salen del colegio, surge la incógnita ¿Y ahora qué? Algunos tienen el privilegio de acceder a una educación superior, sea pública o privada dependiendo de sus posibilidades, la historia es un poco más sencilla cuando hay una gran oferta académica en sus ciudades de residencia. Diferente a los jóvenes que viven en municipios aledaños donde no hay universidades o instituciones de educación superior. Se ven obligados a tomar la decisión de abandonar su pueblo, su familia e ir en busca de oportunidades en la ciudad.
En Colombia, cada año más de 98.000 jóvenes que se gradúan del colegio migran a otras ciudades para poder ingresar a la universidad. De ellos, el 72% se concentra en sólo cinco ciudades, Bogotá es una de ellas y acoge a más de la mitad. Esto según datos analizados por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana.
De los 98.604 bachilleres graduados en el 2018 que migraron para continuar sus estudios de educación superior en el año siguiente, el 72,38% se dirigió a instituciones ubicadas en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Bucaramanga. Se trata de los últimos datos confiables, si se tiene en cuenta que la pandemia pudo afectar la dinámica en 2020 y 2021, de acuerdo con la Redacción Educación de El Tiempo (Cinco ciudades concentran el 72 % de la migración estudiantil-2021, septiembre 14).

El estudiante foráneo además de integrarse a las nuevas dinámicas institucionales, debe relacionarse con un nuevo territorio donde generalmente se tienen diferentes costumbres, tradiciones, clima, formas de interactuar, la topografía, música y gastronomía. Este proceso lo deben asumir los adolescentes y jóvenes lejos de su familia, adquiriendo un mayor compromiso, autonomía y responsabilidad, pues además de lo académico debe hacerse cargo de sí mismo en todos los aspectos: vivienda, salud, alimentación y en ocasiones también en lo económico.

En las universidades del país hay un alto ingreso de estudiantes de otras regiones, pero poco se visibiliza las situaciones por las que debe pasar un estudiante foráneo. Aunque algunos de estos estudiantes provienen de ciudades principales también hay quienes son de zonas rurales muy apartadas, por lo tanto, se les dificulta el desplazamiento y comunicación con sus familias durante su estadía en la ciudad, incidiendo esto en la manera como los estudiantes se adaptan al nuevo entorno.
Angelly González es una joven de 21 años, proveniente del municipio de Tame, en el departamento de Arauca. En el año 2022, se desplazó de su pueblo natal, en el que residía con su mamá, para mudarse a la ciudad de Neiva, con el fin de estudiar comunicación Social y periodismo en la universidad Surcolombiana. El primer semestre de Angelly tuvo algunos altibajos, con la ayuda de sus padres alquiló una habitación cerca de la universidad y se mudó a sus 18 años sola.
Esta estudiante no tenía ningún familiar en la ciudad de Neiva y se vio obligada a enfrentar algunas situaciones difíciles en los diferentes ámbitos de su vida, lo económico, lo emocional y la convivencia. Estas hicieron que Angelly desertara de la universidad al finalizar el primer semestre de su carrera, luego de no sentirse cómoda en este nuevo lugar, volvió a Tame su pueblo de origen.
Luego de un año, Angelly decidió no rendirse, ni dejar su sueño de ser una profesional y luego de presentarse a algunas universidades, logró pasar a la universidad del Quindío, donde actualmente cursa quinto semestre de comunicación Social y periodismo, y aunque expresa que no todo es color de rosa, se esfuerza día a día en culminar sus estudios con éxito.
Como Angelly, miles de jóvenes Colombianos deben dejar sus hogares con la meta de cumplir sus sueños, enfrentándose a situaciones complejas como la soledad, la inestabilidad económica, la falta de redes de apoyo y la presión académica. Aun así, su determinación y resiliencia les permite seguir adelante, convirtiéndose en ejemplo de lucha, perseverancia y esperanza. Estas historias revelan que detrás de cada estudiante foráneo hay un relato de valentía que merece ser contado.
