La histórica relación que se ha forjado con el pasar de los años entre el Colegio Nacional Santa Librada y la Universidad Surcolombiana, ha preservado durante décadas el fuego del movimiento estudiantil en Neiva, particularmente en la comuna uno. La carrera primera, es testigo de la evolución de estudiantes que como John Jairo Espinosa, iniciaron desde la etapa escolar un proceso de resistencia estudiantil que lo llevó a la vida universitaria.
John Jairo Espinosa Silva, es egresado de la Universidad Surcolombiana como abogado; especialista en Derecho Procesal de la Universidad Libre de Colombia, experto en Derecho Laboral, Políticas Públicas y Derechos Humanos del Centro de Docencia e investigaciones Económicas de México-CIDE. Abogado en asuntos laborales y experto en Jurisdicción Especial para la Paz, también se ha desempeñado como docente asociado del centro de Estudios Socio Jurídicos Latinoamericanos (CESJUL) y responsable en el Derecho Laboral.
El proceso de formación académica, le ha permitido la relación profesional con juristas como Alfonso Alvarado Velloso. El abogado argentino es profesor de Teoría General del Proceso, Director de la Maestría en Derecho Procesal de la UNR, Argentina. Director de las Carreras de Especialización en Derecho Procesal y de la Magistratura y de Gestión Judicial, de la UCSE, Argentina.
Producción académica
John Jairo Espinosa hace parte de los egresados que continuó su formación aportando al conocimiento, desde otras instituciones de educación superior. SuRegión entrevistó al jurista opita.
P: ¿Cómo llegó usted a ser parte de la comunidad universitaria? ¿Qué lo motivó a elegir la Universidad Surcolombiana?
John Jairo Espinosa: Primero aprovecho la oportunidad para saludar a la comunidad universitaria de la U. Surcolombiana de la cual soy orgullosamente egresado. Empecé en el año 2001 en el programa de Derecho, después de obtener un puntaje importante, logré acceder a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Me vinculé a la Universidad Surcolombiana en el año 2001, en el segundo semestre.
Yo fui egresado del Colegio Nacional Santa Librada, un colegio histórico de los más antiguos del departamento y del país. Desde el Colegio Nacional Santa Librada pertenecía al movimiento estudiantil, era integrante del Consejo Superior Estudiantil del Colegio Nacional Santa Librada y siempre tuvimos una vinculación con el Consejo Estudiantil de la Universidad Surcolombiana.
Desde antes de terminar el bachillerato, ya iba a la Universidad Surcolombiana a través del Consejo Estudiantil. Lo conocí y me encantó la idea de seguir adelante con mis estudios universitarios en la universidad pública más importante, si se quiere, del sur del departamento. Estaba (la universidad) formando y desarrollando ya un programa muy cercano que a mí me interesaba, que es la ciencia política, en este caso era Derecho.
P: John Jairo, usted describe al coautor de su libro, Adolfo Alvarado Velloso, como uno de los más grandes juristas hispanoamericanos. ¿Cómo llegó a conocerlo y a relacionarse con la Escuela de Juristas Argentina?
JJE: Soy docente en Bogotá, en el Centro de Estudios Jurídicos Latinoamericanos (CESJUL), es una institución de educación continuada esencialmente para profesionales que desarrolla seminarios, pasantías y diplomados. El maestro Adolfo Alvarado estuvo en Colombia en el año 2018, en un evento de la Universidad Nacional del Rosario (Bogotá).
Él (Adolfo Alvarado) es director de la Maestría de Derecho Procesal en la Universidad Nacional de Rosario, en la provincia de Santa Fe, en la Argentina, me vinculé a su maestría, la terminé. Luego empezamos a caminar juntos en Salamanca y otras provincias de la Argentina, empezó una vinculación muy académica en torno a los temas de Derecho Procesal. Como lo dije, es una de las grandes figuras de los juristas hispanoamericanos, no solamente por lo que ha escrito, sino porque tiene una concepción clave del Derecho Procesal, entre otras que no se tiene en Colombia.
P: ¿A qué problemática ustedes querían dar respuesta y cuál es el sentido profundo del Manual de Derecho Procesal, La teoría del Proceso?
JJE: Fundamentalmente responde a la pregunta ¿Cuál es la razón de ser del derecho procesal? No es otra cosa que resolver el conflicto, cerrar el conflicto, garantizar la paz social o eso que decía Kant «la paz perpetua dentro de una sociedad». Las lecciones son sistemáticas y desarrollan todos los temas relacionados con el derecho procesal, desde las funciones preliminares, la conceptualización del derecho procesal y lo que nos han enseñado en las carreras de pregrado en el país.
Donde se involucran las partes o los actores del proceso, los sujetos, los demandados, los demandantes, el juez, se desarrolla todo el proceso de notificaciones, la sentencia, se desarrolla la impugnación y las medidas cautelares. Es decir, la forma en que se encuentra concentrado en el mismo Código General del Proceso en Colombia, la ley 1564 del 2012 y por supuesto la forma en que se desarrollaba en nuestro antiguo código llamado Código Procesal Civil, ya hoy derogado por la normatividad del 2012.
Eso no es novedoso en el sentido que se desarrolla casi que de la misma manera, solamente que a través de lecciones como se ha presentado siempre a los estudiantes de pregrado en todo el país. Ahí no está lo novedoso del manual de Derecho Procesal, que como manual, pues por supuesto es un texto de consulta. Lo novedoso está en el enfoque, la perspectiva que se tiene del Derecho Procesal desde la lógica de la Escuela del Garantismo Procesal, que es difuminar o definir perfectamente el objeto del Derecho Procesal y con base en esta definición precisa, precisar todas esas fases que debe recorrer el proceso, cuál es el objetivo que debe cumplir.
P: ¿Qué significa que un egresado surcolombiano haya trabajado al lado de grandes juristas como lo es Alfonso Velloso, y ahora presentar este manual de Derecho Procesal que puede servir de insumo a los futuros juristas? ¿A su concepto, cuál fue el valor agregado que le aportó la Universidad Surcolombiana en su proceso de formación?
JJE: Sin lugar a dudas, la inquietud académica que siempre he tenido en materia de Derecho Procesal y también en otras materias del Derecho, fueron impulsadas indudablemente por importantes docentes que tuvimos dentro de la Universidad Surcolombiana. Cuando estuve en el pregrado, tuve la fortuna de tener cátedras en Derecho Procesal con profesionistas de la provincia que tenían también variados enfoques del Derecho Procesal.
No solamente se encargaban de recitar a Jairo Parra Quijano, a Pablo López Blanco, a Hernando Devis Echandía, a Jaime Azula Camacho, a sus grandes profesionistas en Colombia, sino en observar distintas visiones que se tenían sobre el Derecho Procesal. ¿Por qué razón? Porque se ha interpretado, digo yo erróneamente, en Colombia, que el Derecho Procesal es el código general del proceso y la forma en que se desarrolla. Es decir, el Derecho Procesal se ha presentado en el país como un compendio de normas jurídicas. Y precisamente lo que no es este Manual de Derecho Procesal, es un compendio jurídico.
A pesar de que el manual de Derecho Procesal se lanzó hace 30 años, aplica para cualquier parte hispanohablante, dado que esto no es de una normatividad en específico, sino que son lecciones generales y abstractas, pero del desarrollo de todo el Derecho Procesal. Y entonces, vuelvo sobre esto, ahí creció una inquietud académica respecto al desarrollo del Derecho Procesal, que puede complementarse con esas grandes virtudes en materia jurídica que tuvimos los estudiantes en la Surcolombiana, en espacios propios de la universidad, como café y letras, el restaurante de la universidad, y por supuesto a través de una mesa de trabajo que teníamos los estudiantes de Derecho para esa época. Estos fortalecieron las convicciones que se fueron articulando con el paso del tiempo en la especialización.
Yo me especialicé en Derecho Procesal y tuve la oportunidad también de tener relaciones muy importantes con los estudiantes de Procesalistas de la Universidad Libre, como el Maestro Fernando Badillo Abril, como el ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Sopó, entre otros muchos que fueron fortaleciendo aún más esa inquietud de cómo se tenía que percibir el Derecho Procesal en Colombia.
P: ¿Cuál es su relación actualmente con la universidad y con la región surcolombiana en general? ¿Cómo ve usted el programa en la actualidad? ¿Qué análisis puede hacer de la actualidad del programa de Derecho y de la Facultad de Ciencias Jurídicas en general?
JJE: No es mucho. Yo hace dos décadas estoy por fuera del departamento de Huila. Me hice profesional y estoy mucho más ligado a la capital del país y a otras regiones del departamento. Por supuesto, tengo bastantes referencias de manera muy generales, igual que de la universidad.
El año pasado tuve la oportunidad de conversar de manera muy general con el nuevo decano de la Facultad de Derecho. Nos une que somos egresados de la misma universidad, casi que de la misma generación. Estuvimos hablando precisamente de estos temas, comentando la importancia del manual derecho procesal y la disposición plena que se tiene desde el punto de vista académico para aportar también a lo que en retribución se debe aportar a la universidad Surcolombiana.
P: ¿Cuál sería el mensaje final para los estudiantes de la USCO respecto a su formación y proyecciones, no solamente para los estudiantes del programa de Derecho?
JJE: Me parece importante en este preciso momento para la región, que la USCO se siga proyectando como una universidad de cara a la región Surcolombiana. Es decir, que amplíe su espectro hacia esos territorios olvidados del sur del país, el Putumayo, el Caquetá, el Tolima, por supuesto, el mismo departamento del Huila, en toda su extensión.
A raíz de los acuerdos de la Habana, varios estudiantes y egresados de la Universidad Surcolombiana han venido pensando en desarrollar la Universidad del Sur, que reconoce los intereses y lo autóctono de lo que es común en toda la región surcolombiana. Si se hace, debe tener la mirada hacía la universidad Surcolombiana y los estudiantes que sienten sus inquietudes académicas, aprovechar la oportunidad.
Todavía existen docentes muy importantes con los que en un intercambio epistolar o personal alrededor de un café, pueden enfocar mucho más sus estudios y sobre todo caracterizar críticamente lo que hoy reciben como educación. En ese cambio donde ya no existe la verticalidad alumno-docente, sino en una relación mucho más horizontal de educandos y educadores, hay que aprovechar la oportunidad para proyectar e ir enfocando mucho más los estudios hacia donde se quieren llevar y en las especialidades que les interesa a los estudiantes desde su pregrado.
