Si la crisis en Biología Aplicada fue la «punta del iceberg», lo ocurrido el pasado 5 de marzo en el Bloque de Educación de la Universidad Surcolombiana fue la confirmación de que el desabastecimiento ha llegado a las aulas de formación docente.

El silencio habitual de los números y las ecuaciones se rompió de forma abrupta en el Bloque de Educación, cuando el crujir de los pupitres arrastrados por el suelo anunciaba una nueva crisis en la Universidad Surcolombiana. Lo que debía ser una mañana normal de Precálculo terminó con estudiantes de pie y salones vacíos, luego de que el mobiliario fuera retirado por una supuesta orden administrativa en plena clase. Este desalojo de sillas en la biblioteca y el laboratorio no fue solo un incidente aislado, sino la chispa que encendió un paro en el Bloque de Educación.
El detonante
La jornada del 5 de marzo comenzó con una escena inusual: mientras se desarrollaban las clases de Precálculo y Práctica de Primaria, personal de vigilancia y servicios generales procedió a retirar los pupitres del laboratorio y la biblioteca de la licenciatura. El acto dejó a los estudiantes de pie en medio de sus lecciones, bajo el argumento de que las sillas eran requeridas en otros espacios por «orden superior».

«Fue la señora que tiene las llaves con un vigilante y sacó las sillas que estaban en estos dos espacios dejando a los estudiantes parados en plena clase», relató Juan Pablo Rojas, representante de los estudiantes de la facultad de educacion.
«A estudiantes, compañeros y compañeras del programa, les interrumpieron la clase y les sacaron las sillas con la excusa de que se requerían«, denunció Kenned Duvan Perdomo, estudiante de la Licenciatura en matematicas.
Aunque el Decano de la Facultad de Educación, tras acercarse a dialogar, negó haber dado dicha instrucción y ofreció disculpas, atribuyó el movimiento a un trámite administrativo de la oficina de Planeación. Para el estudiantado, este fue el punto de quiebre.
«Esto es un cocinado que ellos prepararon desde por la mañana y aquí está la comida hecha«, sentenció Santiago Santa, vocero estudiantil, al anunciar el cierre total del edificio.
Radiografía de las carencias: Más que simples sillas
La asamblea puso sobre la mesa un pliego de peticiones que evidencia un rezago estructural similar al reportado semanas atrás por otros programas:
Uno de los puntos más urgentes discutidos en la asamblea fue la grave deficiencia en el mobiliario, donde se identificó una necesidad inmediata de 70 pupitres para asegurar condiciones mínimas de estudio. Esta carencia afecta directamente los espacios de formación del programa, requiriéndose puntualmente 30 sillas para la biblioteca y otras 30 destinadas al laboratorio de matemáticas. Ante esta situación, el rector se comprometió a que el jueves 12 de marzo se realizaría la entrega de los primeros 50 o 60 pupitres para mitigar la emergencia en estos espacios.
La brecha tecnológica también fue protagonista durante el debate, pues existe una fuerte queja por parte del estudiantado respecto al acceso a herramientas fundamentales como Microsoft Office. Actualmente, el uso de este software está limitado únicamente a los computadores institucionales , una restricción que, según los alumnos, entorpece su autonomía investigativa y el desarrollo de sus actividades académicas fuera de las salas de la universidad. Ante este reclamo, se cuestionó la veracidad de la disponibilidad de equipos y la falta de soporte digital para los procesos de aprendizaje.
Esta limitación no solo afecta la redacción de trabajos, sino que impacta directamente en el uso de herramientas de análisis de datos necesarias para la Licenciatura en Matemáticas. Los estudiantes recalcaron que resulta contradictorio exigir excelencia académica mientras se imponen barreras digitales que impiden el estudio fuera de las aulas.
La logística de las salidas de campo se sumó a las tensiones de la jornada, evidenciando una crisis de movilidad que afecta la formación práctica de los futuros licenciados. Los estudiantes y docentes denunciaron que las constantes cancelaciones de las prácticas, debido a la falta de recursos y al mal estado de la flota vehicular, han vuelto «mamón» el proceso de planeación académica.
Durante su intervención, el directivo intentó aclarar el estado de las contrataciones y las soluciones a corto plazo para calmar el malestar estudiantil.
Actualmente, tres de los buses destinados a estas actividades se encuentran fuera de servicio por reparaciones. Aunque la administración defendió que existe un presupuesto de 950 millones de pesos para toda la universidad, los voceros de la facultad señalaron que el monto asignado a Educación es insuficiente para cubrir la demanda de sus ocho programas, lo que ha obligado a retirar prácticas por falta de dinero.
La nueva Ley 30 y la urgencia de su ejecución
En medio de las exigencias locales, la asamblea escaló hacia una crítica profunda al modelo de educación superior. Los estudiantes señalaron que, a pesar de la reciente sanción de la reforma a la Ley 30 de 1992 a inicios de este 2026, la precariedad sigue siendo la norma en la Facultad de Educación. Para el estudiantado, el hecho de que la ley ahora garantice recursos adicionales (como los 11 puntos por encima del IPC) y priorice la inversión en infraestructura.
Calidad educativa bajo la lupa
En la asamblea las voces estudiantiles fueron muy críticas sobre cómo se está impartiendo el conocimiento y cómo se les evalúa:
Durante la asamblea algunos estudiantes manifestaron un fuerte cuestionamiento pedagógico, denunciando casos donde algunos profesores se limitan a leer diapositivas sin ofrecer explicaciones claras, delegando la responsabilidad de la clase totalmente en los estudiantes.
Sumado a esto, se denunció un clima de «miedo» en el aula, donde la palabra «medrosidad» resonó con fuerza. Algunos estudiantes señalaron casos de persecución académica, afirmando que ciertos docentes les hacen la «vida imposible» a quienes mantienen posturas revolucionarias o se atreven a cuestionar la calidad de las clases. Estas actitudes, que incluyen comentarios sarcásticos frente a los compañeros y desconfianza injustificada sobre la capacidad intelectual del alumno, han fracturado la relación docente-estudiante.
Finalmente, el estudiantado calificó el sistema de evaluación docente como obsoleto e ineficaz. La crítica principal radica en que la opinión de los alumnos no tiene un peso real en la permanencia de los profesores; según denunciaron, el modelo actual permite que los mismos docentes se «promedien» entre sí, neutralizando las malas calificaciones otorgadas por los estudiantes.
«Simplemente el estudiantado pues ya está aburrido y pues el estudiantado no es alguien que pueden engañar, las cosas están mal», puntualizó Juan Pablo Rojas.
Acuerdos y compromisos
Tras horas de tensión, se lograron compromisos puntuales para intentar normalizar las actividades académicas:
El rector Rubén Valbuena se comprometió formalmente a entregar entre 50 y 60 pupitres el jueves 12 de marzo. Esta medida busca mitigar de inmediato el déficit de sillas en la biblioteca y el laboratorio de la licenciatura.
Como parte de los acuerdos, la administración deberá entregar informes detallados sobre todos los procesos contractuales y de compra que estén en curso. El objetivo es que los estudiantes conozcan el destino real de los recursos para la Facultad de Educación.
Se oficializó la creación de la «Mesa Leonhard Euler», un espacio de diálogo integrado por estudiantes de distintas cohortes, como Miguel Tamayo, Kenned Perdomo y Santiago Santa. Ellos serán los encargados de liderar el pliego de peticiones y vigilar el cumplimiento de lo pactado.
Los manifestantes aseguraron que la crisis de la USCO exige más que suministros: «Exige una revisión de la dignidad en el aula». Mientras los estudiantes de Matemáticas mantienen la vigilancia, la comunidad universitaria se encuentra expectante respecto a si estas soluciones acordadas serán suficientes para detener el ambiente de tensión y un posible efecto dominó que ya recorre los bloques del campus.