La dramaturga colombiana Liliana Hurtado Sáenz, una de las más fértiles escritoras colombianas de teatro en la actualidad, presentó recientemente el libro que reúne lo principal de sus obras de teatro escritas y llevadas a la escena en los últimos años. Liliana Hurtado es Maestra en Artes Escénicas de la Universidad Distrital y Magíster en Escrituras Creativas con énfasis en dramaturgia de la Universidad Nacional de Colombia. Tiene más de 30 años de experiencia como actriz, directora teatral y dramaturga. Es profesora del Departamento de Artes Escénicas de la Universidad de Caldas y directora del Teatro Inverso de la misma institución. Publicamos la presentación del libro de Liliana Hurtado, escrita por el también docente de la Universidad de Caldas, Rubén Darío Zuluaga.

Por: Rubén Darío Zuluaga Gómez, docente de la Universidad de Caldas

Quiero referir aquí mi experiencia como lector de esta obra, literatura teatral. Téngase en cuenta que la dramaturgia, en general, no es para ser leída, sino para ser representada. Leí los textos, con especial atención, y siempre con la mirada del espectador, atento a todo lo que pudiera pasar en escena. Esto no es una descripción narrativa, no es un largo poema para degustar de la retórica y las imágenes de ensueño, no, es una puesta en palabra, donde la realidad, la historia y la conciencia crítica son las protagonistas; en este sentido, esta lectura, ya es una experiencia total, es leer teatro y dramático, en la acepción del término que evoca lo esencial, catastrófico y álgido como acontecimiento humano y estético.

Estos siete dramas son, de verdad, ponerse al borde del abismo; es teatro puro, ese que recupera la capacidad de asombro,  extrañamiento,  indignación;  además asume los hechos de manera contundente, los interpreta y  traduce a través de metáforas: directas, absurdas, crudas, poéticas; la realidad es el argumento, la historia aporta la fábula, la forma intensifica la tragedia, el lenguaje atormenta la conciencia, clarifica las imágenes del horror. Aquí, a través del teatro, nos enfrentamos a esa realidad oculta, aquella que nadie quiere ver y  todos los medios falsifican para la tranquilidad cotidiana.

Siete dramas al borde del abismo, formalmente, son literatura teatral, como resultado tiene unidad y coherencia literaria. Como génesis tienen diversos orígenes, de los cuales tenemos conocimiento. Las dos primeras piezas:

De sastres y costuras… de lirios y crisantemos, Abadón y la caravana del exterminio, nacen en procesos colectivos, corresponden a un concepto manejado en el Nuevo Teatro de Posdramaturgia, en el cual los paradigmas del teatro convencional son rotos y emergen otros conceptos y otras prácticas en la creación teatral. Las puestas en escena, de dos obras mencionadas, ya fueron conocidas con antelación; bajo la dirección general de Liliana Hurtado; ahora y con posteridad a la puesta, son elaborados los textos dramatúrgicos; esta inversión del proceso aporta una característica muy especial al trabajo, pues la literatura dramática nace a partir de una confrontación primera con los materiales de la representación y,  por lo tanto, el texto es un devenir  de la escena, en otros términos, el teatro produce la literatura y no  el proceso inverso, en el cual se ha producido tradicionalmente la dramaturgia. Sin embargo, la escritura posterior al proceso de creación, en una segunda fase, es sometida a todo el rigor semántico y gramatical, que le permite a los textos ser expresados en términos de coherencia y cohesión, además de estar construidos a partir de una poética ya característica en la autora, donde el tema político y social crean las atmósferas, definen los personajes, y los argumentos son atravesados por la tragedia contemporánea, ya expresadas literalmente desde los títulos mismos de los trabajos.

De sastres y costuras… de lirios y crisantemos…   refiere desastres naturales y sociales ocurridos en Colombia en los últimos años. En el centro de la anécdota está la erupción del Nevado del Ruiz y su nefasta influencia sobre Armero, pero hay referencias permanentes a otros episodios de la vida nacional como el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, la toma del palacio de justicia y referencias a conflictos partidistas tradicionales en Colombia. En general, la pieza maneja macro símbolos, personajes que hablan desde otras dimensiones y documentos que entran a enriquecer la escena.

Abadón y  La Caravana del Exterminio es otro trabajo colectivo, de los pocos, si no el único, que refiere el extermino de los líderes, entre ellos, los miembros de la Unión Patriótica. Es una propuesta carnavalesca, donde aparecen diferentes personajes de acción festiva: juegan, cantan y bailan mientras vaticinan la tragedia. La propuesta es para teatro no convencional y literariamente es muy rico en metáforas e imágenes sugerentes y altamente poéticas.

En relación con la dramaturgia individual: Vistazo doméstico o de puestas para adentro, Ladrillo portante de celda circular, Su halito en mis huesos, Cuando flotamos en la profundidad de la ausencia, y Tríptico con instrucciones mínimas , son textos algunos  nacidos al fragor de los talleres de dramaturgia, dirigidos por Liliana Hurtado. Encontramos, también allí,  la estrategia del trabajo colectivo, el reconocimiento del otro, la necesidad de dejarse influir e influir en los otros, como posibilidad de crear en comunidad,  construir historias y fábulas atravesadas por la misma realidad, pero definidas por poéticas muy personales, como resultado de la subjetividad y las condiciones particulares de creación. 

Vistazo doméstico o de puertas para adentro, obra referida al tema del abuso sexual, donde se relata la intimidad de puertas adentro, de un tema tabú, doloroso y fuertemente arraigado en costumbres nefastas y muy difundidas en nuestra cultura. Aquí la metáfora, el personaje tipo y la espacialidad recurrente, forman el mosaico perfecto para la composición escénica. La abuela, la niña, el padre y algunos macro símbolos, en escena, le dan a la representación una relevancia trágica y una contundente mirada desde el teatro a un fenómeno que, soterradamente, enferma la sociedad.

Ladrillo portante de celda circular, pieza relativa a los falsos positivos, donde la poética hace gala a través del macro símbolo del ladrillo. Es la cruel metáfora de la esperanza y el despojo: la casa, el patio, los perros, el caballo, todo expresa la tragedia en boca de las madres, testigos y enunciantes del dolor.

Su hálito en mis huesos, encuentro allí una metáfora sencilla y elemental, pero profunda. Digamos que el caso ha sido muy publicitado y se ha convertido en un escándalo nacional, incluso con condenados y con responsables que han aceptado su compromiso. El teatro, es metáfora, va más allá del documento, de la información obtenida en la investigación. El teatro se plantea en imágenes y allí cabe mucho más que la información y, en ese sentido, el texto creo que cumple a cabalidad con los propósitos que tiene la autora. El protagonismo de la madre es fundamental,  además, el hijo en su condición de diferente, genera unas condiciones dramáticas intensas y peculiares. Los otros cinco personajes, cuyos apodos les dan características especiales, representan esa victima tipo, que de manera muy atinada presenta la dramaturgia.

Aspecto muy interesante, de esta pieza, es el juego con el tiempo, la madre siempre habla en un presente que está refiriendo el pasado, en la nostalgia irrecuperable de una tragedia; donde se representa a partir de elementos de alto simbolismo lo que pudo haber sido, una mirada desde la poesía, una mirada tal vez, como lo expresa la autora, desde la estética del horror.

Cuando flotamos en la profundidad de la ausencia, este texto en particular, tocó profundamente mi sensibilidad social, a mi parecer, aquí la poesía dramática cumple esa función referencial de nombrar y crear nuevos sentidos para la conciencia, para la comprensión de aspectos de la realidad que se han vuelto familiares y se ha perdido sensibilidad hacia ellos.

El hombre aquí habla desde la muerte, en una especie de absurdo poético, donde habla la memoria de la autora,  hablan todos los muertos, el dolor, la resistencia. EL lenguaje ritualiza la tragedia de todas las masacres. El texto contiene información documental, que refiere hechos de la realidad concreta, sin embargo, se siente allí el dolor de todas las masacres, el horror de la guerra y la voz de las víctimas, el silencio de los victimarios; pero sobre todo se siente en el texto la necesidad de resistir.  Aparece allí, también, un lenguaje erótico, que permite reconocer un antes de potencia y belleza,  fuerza y ganas de vivir.

Dentro de la metáfora planteada, la imagen del desplazamiento de las Garzas, es muy contundente, pues a ellas las desplaza el urbanismo de su contexto natural, como a los campesinos un capitalismo salvaje. Me parece que en esta pieza los elementos que entran con nombre propio de la realidad, fortalecen el universo ficcional, amplían y potencian el sentido poético y de tesis que tiene el texto.

Como experiencia personal, confieso que la lectura de esta pieza me sensibilizó demasiado; las masacres ocurridas en Colombia aparecieron de nuevo en mi conciencia de una manera más vivida y reveladora.

Tríptico único con instrucciones mínimas: De este texto resalto, especialmente, el nivel poético y el vasto recurso literario, pero me parece que es un poco difícil de leer por su condición fragmentada y que no conserva una línea argumental, sino diversos temas, sobre los que va y vuelve. Obviamente entiendo que este tipo de escritura es intencional y creo que, especialmente este texto, es para ver puesto en escena, sobre todo, porque no tiene instrucciones y, en particular, los textos son enriquecidos por ellas, expresan una poética y le permite al lector comportarse como un espectador en la sala.

Además, creo que este texto es escrito en clave, tal vez para un lector inscrito en alguna cultura especial, mexicano quizá. A veces parece como un homenaje a la cultura mexicana, muy sentido y tratando de penetrar en sus misterios. Sin embargo, se entiende que las tres historias son una misma y podrían ser, tal vez, la misma historia.

Siete dramas al borde del abismo, es una obra dramatúrgica consolidada, madurada por el tiempo y el trabajo pertinaz. Los textos presentados por Liliana Hurtado, son expresión de la permanencia, de un trabajo constante, serio y aplicado; que deja adivinar en sus líneas el compromiso con la creación, su visión estética, pero también una ética y, como estructura general del trabajo, una responsabilidad histórica como necesidad de insertarse en el presente, dilucidarlo y dar su propia versión desde la creación dramatúrgica, fuertemente ligada a la puesta en escena.

La obra presentada por la dramaturga, contenida en los siete textos dramáticos, representa, para el arte teatral, un desarrollo importante, desde el punto de vista literario y de propuesta para la escena; pues el origen de los mismos y su resultado, es ya una expresión de nuestra identidad, flota en nuestra memoria y dice a través del arte lo que se calla por otros medios. Es la poesía expresada en el teatro, en la dramaturgia; es el destino de creadoras como Liliana Hurtado, que irremediablemente están en la Boca del Cañón, narrando lo que tienen que narrar, cantando o susurrando la tragedia, a través del gesto, de la palabra o del entramado escénico, pero siempre allí, sin medrar, sin dejarse seducir y en la creación constante de obras que hacen parte honrosa de la dramaturgia nacional.

La obra presentada aquí, nos instala en una poética ya reconocida y desarrollada por la autora, donde se expresa su estilo, una semántica inconfundible atravesada por el dolor, el desarraigo, la metáfora profunda e incisiva en la memoria, pero también el lenguaje directo, realista, donde las cosas se llaman por su nombre; la historia y la realidad entran a ocupar el lugar que les corresponde en la ficción.