Este libro de apenas 120 páginas es pequeño en tamaño, pero grande en enseñanzas. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry,   en mi sentir es una obra extraordinaria. No es en vano que este sea uno de los libros más leídos alrededor del mundo, pues de él se despliegan un sinnúmero de moralejas aplicables en todo momento de la vida, lo cual le asigna un carácter intemporal y perdurable tras el paso del tiempo.

Por: Adriana Lucía Reyes Sánchez, estudiante del Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Usco.

Hace poco tuve la oportunidad de leer un viejo libro de mi infancia: El Principito, escrito por   Antoine de Saint-Exupéry. En su momento, quizá por desinterés en mi niñez, no le brindé la merecida atención a esta grandiosa historia. Sin embargo, ahora que me encuentro mayor, y luego de sumergirme dentro de sus páginas, puedo decir con total seguridad que esta obra nos expone una mirada más real a la personalidad del hombre y a su campo profesional. Pues a lo largo de los capítulos, y más específicamente en el viaje que hace el protagonista a los asteroides 326, 327, 328, 329, 330 y 331, se evidencian distintas impresiones sobre algunas labores y acciones humanas, las cuales son aplaudidas o rechazadas, de tal modo que los lectores encontramos una valiosa crítica a la vida adulta.

Sin duda, en este libro se hacen evidentes diversos simbolismos en relación con las profesiones del hombre. Los asteroides 326, 329, 330 y 331 se encuentran habitados por un rey, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, respectivamente. Estos personajes poseen una relación con su profesión, la cual determina aspectos de su personalidad y actitud con respecto a su realidad. Así pues, encontramos al rey, quién encarna la constante necesidad de poder propia del ser humano. A mi modo de ver, representa un ideal de gobernante propuesto por el autor debido a su carácter justo, dado que dicta órdenes basadas en las posibilidades de los demás. Tal como es posible apreciarlo cuando el rey le ordena al Principito no bostezar, pero él le explica que dejar de hacerlo es imposible, por lo que el monarca le ordena volver a hacerlo.

El siguiente planeta que visita el protagonista es habitado por el hombre de negocios, el “yo soy serio” del libro. En efecto, con este personaje se hace una crítica al hombre lleno de avaricia y ambición, cegado por los negocios infructíferos. Él planea poseer las estrellas, pero tal acción es imposible. Continuemos con otro memorable personaje de la obra: el farolero. El habitante del asteroide 330 caracteriza al hombre trabajador, cuya retribución no es equivalente a su esfuerzo. El sueño del farolero es dormir, pero su planeta gira tan rápido que debe prender y apagar su farol cada minuto. Esta triste anécdota nos enseña que no siempre lo que queremos es lo que podemos tener. A continuación está el geógrafo, el hombre amplio en teoría, pero escaso en experiencia práctica. Con él descubrimos que es necesario experimentar la vida y no quedarnos solo con los libros.  

Ahora bien, luego de explorar a los personajes con profesiones que nos brindan una enseñanza, me permito seguir con aquellos cuyos actos son igualmente meritorios y de los que podemos obtener una lección. En el asteroide 327 reside El Vanidoso, un hombre que desea ser admirado por el Principito y quien tampoco quiere que este admire a alguien más. Con esta visita hallamos el constante anhelo de aprobación que afecta a muchas personas. Sin embargo, como bien dijo alguna vez el filósofo Marco Aurelio :“lo bello, para serlo, no necesita de elogios: se basta a sí mismo”. Por lo tanto, se concluye que el buen vivir no depende de la aceptación ajena.  

El último planeta que desarrollaremos hoy tiene como único residente a un bebedor. Es posible que esta sea la visita más triste del Principito. Con el hombre que “bebe para olvidar que tiene vergüenza de beber”, evidenciamos dos realidades humanas que atentan contra la integridad: la falta de voluntad y la adicción, que al unirse generan un círculo vicioso del cual es difícil deshacerse. El bebedor de este asteroide está sumido en el licor y le genera al Principito una profunda melancolía. A mi parecer, una historia que muestra al ser humano como incapaz de defender su bienestar en ocasiones, debido a que la lucha individual es, en definitiva, tormentosa. 

En suma, El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry,   en mi sentir es una obra extraordinaria. No es en vano que este sea uno de los libros más leídos y vendidos alrededor del mundo, pues de él se despliegan un sinnúmero de moralejas aplicables en todo momento de la vida, lo cual le asigna un carácter intemporal y perdurable tras el paso del tiempo. Durante este ensayo mi propósito fue traer a colación elementos que llamaron mi atención al instante de la lectura que le realicé. Por lo tanto, puedo concluir que este libro de apenas 120 páginas es pequeño en tamaño, pero grande en enseñanzas. Sin duda volvería a leerlo.

Referencias