Autor: Luis Humberto Perdomo Romero*

He leído a Annie Ernaux con la intención de que leerla a ella era, a su vez, leerme a mí. Experimentar la sensación de verme a través de otros ojos, en otra persona, con reacciones, emociones y sentimientos que habitaban en mí y que no había experimentado de manera consciente. Esa es la generosidad del ser humano, sobre todo, de la lectura, descubrir lugares, crear la posibilidad de hacer memoria para no olvidar, ubicarnos en un lugar, buscarnos en el otro, los otros que no son si yo no existo, como dijo Octavio Paz. 

Humberto Perdomo

Annie Ernaux nació en 1940, en el transcurso de la segunda guerra mundial, en Lillebonne al Norte de Francia. Su trabajo literario ha estado atravesado por el interés de hablar sobre las inequidades de clase y de género, ha buscado narrarse en sus propias novelas, algunas conocidas como: “La place” (El lugar), “L’Événement” (El acontecimiento) o “Regarde les lumières mon amour” (Mira las luces, amor mío).

Hablaré de El Lugar, uno sus libros más conocidos. Narra la historia de su padre, la de ella, la de sus generaciones antecesoras, ubica el lugar de sus propias raíces. Expone el legado que ella abandonó en el umbral cuando llegó al mundo culto y urbano, proveniente de una familia proletaria y de clase baja. Escarba en las decisiones de la familia, los comportamientos, su cultura. Vuelve de manera explicita a la “forma de ser” de su familia, tan marcada y señalada por corresponder a una procedencia de poca solvencia económica a mediados del siglo pasado en Francia. 

Ernaux se embarca con este libro en una apuesta por narrar lo que es propio y es ajeno, reconocer la línea que divide un “nosotros” y un “ellos”, plasmar la vulnerabilidad que sintió al ser señalada, observada y corregida por “ellos”, los de la urbe y los que poseían cultura. En El Lugar expone que “al escribir se estrecha el camino entre dignificar un modo de vida considerado inferior y denunciar la alienación que conlleva. Porque esas formas de vida eran las nuestras, y casi era felicidad, pero también lo eran las humillantes barreras de nuestra condición (conciencia de que “en casa no estamos del todo bien”), quisiera decir felicidad y alienación a la vez.” 

Desde luego ese es el tránsito de la vida, encontrar nuestro lugar, para abrazar la dignidad y asumir nuestra plena existencia. No obstante, la percepción de lugar físico, intelectual o social no está predeterminada, se va modificando con los años, en la medida en que envejecemos, y es un proceso vital, político y de justicia, el asumir la consciencia de los lugares que ocupamos.

Annie Ernaux fotografiada en París en 1984, tras recibir el premio Renaudot por «El lugar». (Crédito: Pierre Guillaud/ AFP/ Getty Images)

La narración nos lleva a la muerte de su padre una tarde de domingo. En su hogar hacen las preparaciones para que el cuerpo sea sepultado. El Lugar es la memoria sobre la vida de su padre, muestra cómo aquel hombre de origen humilde la acompañó en sus días, la forma en que se negaba a modificar su vocabulario o costumbres por no intentar parecer una persona burguesa. Un padre que a veces no entendía concretamente la vida de su hija, quien había hecho un ascenso social, era una profesional y él poco entendía de estudios, de cultura, de esa vida que estaba reservada a personas económicamente acomodadas. 

Tal vez, la historia sea la mejor manera de acompañar un duelo que perdura por la infinidad que significa la vida. Es un proceso vital que lleva a la autora a tener conciencia de su lugar, y la manera irreal en que ha ido moviéndose de lugares, como producto del ascenso social que significó ir a la universidad. Tiene la intención de encontrarse con el legado que ha dejado cada lugar en el que ha habitado, su gente, sus costumbres, sus olores, su dignidad, su rabia, su felicidad y su alienación. 

“Escribiré para vengar mi raza”, dijo Annie Ernaux cuando tenía 22 años y exploraba la conciencia de su condición social. Esa fue la frase que eligió para su discurso como Nobel de Literatura el  12 de diciembre de 2022 ante la Academia Sueca. Ese mismo día profundizó sobre su historia de vida, advirtió que todo empezó siendo una adolescente cuyo contexto de desigualdad la llevó a escribir para exponer públicamente lo que agobiaba su cotidianidad, principalmente, en su vida familiar, así fue como llegó a la conciencia de su lugar. 

Ernaux, A. (2020).El lugar (Traducción de Nahir Gutiérrez). Tusquets Editores.

*Humberto Perdomo Romero es politólogo, ha sido reconocido por su liderazgo juvenil y estudiantil, es miembro del Colectivo Ambientalista Globo Verde.