Por: Piero Emmanuel Silva Arce, profesor del Programa de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana
La segunda vuelta presidencial del 19 de junio de 2022 es definitiva para el futuro de un país en medio de una crisis profunda. Podemos tocar fondo como pueblo y definitivamente entrar en un momento de difícil retorno a nivel ambiental, económico, social y humano o se puede avanzar hacia un cambio real en el que las condiciones de dignidad sean disfrutadas por el conjunto de la nación en condiciones de igualdad. Vale la pena observar que todavía estamos a tiempo de analizar los programas propuestos, de valorar los discursos de los candidatos, de sopesar las alianzas y de comprender el presente de la nación para tomar una decisión pertinente para una población que no deja de desangrarse por la violencia, la pobreza y la desigualdad. Finalmente, es necesario abrir el diálogo ciudadano para que desde el intercambio de ideas podamos movernos de nuestro lugar buscando el bienestar general y el florecimiento de la paz.

Lunes 30 de mayo, la ciudad de Neiva amaneció opaca. El domingo 29 de mayo el país respaldó con con un 40.32% de los sufragios la propuesta del Pacto Histórico en cabeza de Gustavo Petro y Francia Márquez. Al mismo tiempo, los electores determinaron que Rodolfo Hernández fuera el contendor en la segunda vuelta presidencial. El panorama es complejo porque a pesar de que es histórica la cifra alcanzada por la formula ganadora en primera vuelta (8.527.273 votos), el candidato santandereano toma un nuevo aire con el segundo lugar y las adhesiones de líderes uribistas como Paloma Valencia y María Fernanda Cabal. Sin embargo, nada está definido, serán tres semanas para que las campañas logren seducir al mayor número de ciudadanos y así puedan lograr la presidencia de Colombia.
El legado de un gobierno nefasto
El gobierno de Duque que finaliza en agosto de 2022 ha sido uno de los peores en la historia de Colombia. Su política a favor de las élites económicas llevó a Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, a presentar una reforma tributaria regresiva a principios del 2021 que gravaría productos de la canasta familiar, dejando intactas a las grandes fortunas. Frente a esto y en plena pandemia, la sociedad colombiana se movilizó durante tres meses, las calles se convirtieron en escenarios de diálogos abiertos, las ollas comunitarias aglutinaron a los ciudadanos en torno a expresiones artísticas y asambleas populares, las juventudes se pronunciaron a favor de los derechos fundamentales y el estallido social logró tumbar la reforma tributaria y la reforma a la salud. Por esos días, la respuesta del gobierno nacional fue la violencia. De acuerdo con la organización Temblores hubo 44 homicidios cuyos presuntos culpables fueron agentes de la fuerza pública, 1.617 personas fueron víctimas de violencia física, se presentaron 82 víctimas de agresiones oculares, hubo 28 víctimas de violencia sexual, 9 víctimas de violencias basadas en género, 2.005 detenciones arbitrarias de manifestantes. La lista por otras agresiones es larga y lo único que queda en evidencia es la lógica terrorista y antidemocrática del gobierno de turno.
Con el antecedente del Paro Nacional 2021 comenzaron las campañas políticas para el Congreso y para la presidencia. En estas, el poder ejecutivo también ha sido protagonista, pues además de no otorgar garantías de transparencia en los comicios, tampoco ha actuado de forma neutral como debería ser en cualquier democracia. En las elecciones legislativas se habían dejado de contar más de 400.000 votos del Pacto Histórico; al final aparecieron y se le sumaron a este movimiento que llegó con fuerza a las dos cámaras que componen el Congreso: el Senado de la República y la Cámara de Representantes. La falta de garantías por parte de la Registraduría hizo parte de los debates a la presidencia, se crearon tesis en los medios de comunicación distorsionadas: a pesar de que el Pacto Histórico no hacía parte del establecimiento, algunos decían que recuperar sus votos se constituía en un fraude. ¡Vaya teorías más locas!
En plenas elecciones al Congreso, el gobierno de Duque determinó suspender la Ley de Garantías en un acto claramente inconstitucional. En el marco de la campaña presidencial, Eduardo Enrique Zapateiro, Comandante del Ejército, violó la Constitución política al participar abiertamente en política polemizando con Petro. En un acto que va en contravía de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la Constitución política, la procuradora Margarita Cabello suspendió de su cargo a Daniel Quintero, alcalde de Medellín, por supuestamente participar en política a pocos días de la primera vuelta presidencial. El presidente Iván Duque en sus intervenciones rebate lo que plantean candidatos opuestos a sus intereses, trasgrediendo claramente la ley durante el periodo de campaña. Estas reprochables actuaciones quedarán en la historia como el símbolo de la corrupción ejercida por un gobierno.
Rumbo a la presidencia de Colombia
Con un Congreso en el que las fuerzas parlamentarias quedaron más equilibradas debido a que ya los partidos tradicionales no representan mayorías aplastantes y con las candidaturas presidenciales definidas en las consultas comenzó la carrera a la presidencia. Fajardo eligió el camino de siempre: no decir nada, violentar de forma solapada a sus rivales y aburrir a todo el mundo. Federico Gutiérrez consiguió a un figurín del centro como fórmula vicepresidencial para intentar desligarse del lastre del uribismo y venderse como independiente; durante los debates miraba atentamente su celular buscando respuestas, pero su incapacidad intelectual siempre quedaba al descubierto. Gustavo Petro y Francia Márquez consolidaron una propuesta por la dignidad de la vida y desarrollaron una campaña en los territorios llevando su mensaje; estos se vieron opacados por las movidas imprudentes del hermano de Petro y las visitas de Piedad Córdoba a las cárceles. Rodolfo Hernández avanzó con su estrategia de mostrar toda su violencia y agresividad; a pesar de sus investigaciones por corrupción, de no conocer del país y de su fortuna conseguida a costa de exprimir “hombrecitos” pobres, como él mismo lo decía en un audio, el santandereano logró imponerse en la primera vuelta sobre Federico Gutiérrez y se disputa la presidencia con la propuesta del Pacto Histórico.
La primera vuelta presidencial del 29 de mayo de 2022 dejó los siguientes resultados: Francia Márquez y Gustavo Petro sacaron 8.527.273 de votos (43.32%); Rodolfo Hernández y Marelen Castillo obtuvieron 5.953.193 votos (28.15%); Federico Gutiérrez y Rodrigo Lara lograron 5.058.000 votos (23.91%). Consecutivamente siguieron Sergio Fajardo, John Milton Rodríguez y Enrique Gómez. Esto significa que el próximo presidente está entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. Se barajan otra vez las opciones.
Si se hace un cruce entre el mapa de los departamentos que votaron por el Sí al plebiscito por la paz en el año 2016 y los departamentos en los que triunfó el Pacto Histórico, es evidente que los territorios más afectados por el conflicto armado prefieren este proyecto político por su claridad frente a la necesidad de implementar el proceso de paz y las reformas estructurales para la consecución de la justicia social. Por otra parte, el proyecto que encabeza Rodolfo Hernández ganó en los departamentos con más incidencia de la producción petrolera como Casanare, Meta y Huila. Esta intención de voto expresa diferencias fundamentales entre estos dos proyectos políticos: por un lado, el progresismo encabezado por Petro proponiendo una transición energética y la conservación del agua para enfrentar la crisis climática y, por otro lado, la propuesta de Rodolfo Hernández centrada en la explotación de los recursos naturales y las ventajas comparativas del país. Cuando se leen detenidamente los programas, los discursos y las trayectorias de los candidatos las diferencias son sustanciales.
Ciudadanías, mentalidades y perspectivas políticas
Una parte considerable de los ciudadanos continúa aspirando a elegir figuras parecidas al expresidente Álvaro Uribe. La estructura patriarcal no es capaz de enterrar ese símbolo del padre violento, caballista y dominador, esta vez representado por el magnate santandereano al que le fluyen los insultos, las amenazas y las cachetadas. En la mentalidad colombiana sigue primando la superstición sobre las realidades que perciben los sentidos. No somos un país empobrecido y de los más desiguales del mundo solo porque lo digan las cifras, es algo que podemos evidenciar en la cotidianidad, en nuestras economías familiares, en las calles atroces, en los semáforos, en el sistema de salud, en el sistema educativo, en los atracos que soportamos con resignación, en los asesinatos de los líderes sociales, en la violencia en los territorios, por todas partes.
Las propuestas de cambio en política se enfrentan a unas mentalidades dogmáticas que prefieren mantener el estado de cosas, una especie de inmovilidad senil que no cambia mucho desde el siglo XIX, y es por eso por lo que hablar de la importancia de la Constitución del 1991 para muchos es una afrenta. Salomón Kalmanovitzexpresa en sus textos sobre história política y económica que las arquitecturas jurídicas no se han correspondido con la cultura de las gentes; quizá a esto se debe que los acumuladores de tierra siguen manteniendo ese modelo anquilosado de patronazgo con la venia de unas ciudadanías complacientes con su condición de subalternidad. A esto se le suma la violencia atroz de las élites políticas cuando ven algún asomo de reclamo popular, como lo que sucedió durante el paro del año pasado.
Por otra parte, también es importante reconocer los cambios que se han venido dando a nivel ciudadano. Las movilizaciones de los últimos años se han intensificado y sus expresiones se han multiplicado, provocando con ello efectos importantes en la opinión pública. Esto se vio reflejado en la composición del Congreso después de las elecciones de marzo de 2022 cuando, a pesar de que las fuerzas tradicionales continuaron siendo mayorías, aumentó la representación de sectores emergentes y alternativos.
La segunda vuelta presidencial del 19 de junio de 2022 es definitiva para el futuro de un país en medio de una crisis profunda. Podemos tocar fondo como pueblo y definitivamente entrar en un momento de difícil retorno a nivel ambiental, económico, social y humano o se puede avanzar hacia un cambio real en el que las condiciones de dignidad sean disfrutadas por el conjunto de la nación en condiciones de igualdad. Vale la pena observar que todavía estamos a tiempo de analizar los programas propuestos, de valorar los discursos de los candidatos, de sopesar las alianzas y de comprender el presente de la nación para tomar una decisión pertinente para una población que no deja de desangrarse por la violencia, la pobreza y la desigualdad. Finalmente, es necesario abrir el diálogo ciudadano para que desde el intercambio de ideas podamos movernos de nuestro lugar buscando el bienestar general y el florecimiento de la paz.
Nota: El profesor Piero Emmanuel Silva es Investigador del grupo Estudios Políticos de la Universidad Surcolombiana.