Por: Paula Daniela Vargas Lombana y Yaridaniela Guerrero Guzmán periodistas de Suregión
Por medio del proyecto “Plan Fachada” liderado por el colectivo “Construyendo Sociedad” las 64 casas del centro poblado de Puerto Quinchana, se transformaron en una galería de murales, que transmiten las riqueza natural, ecológica, gastronómica y cultural de la región.
“En otra época no bajaba panela si no muertos”, exclamó William Gómez mientras nos dirigíamos a la profundidad del macizo colombiano. Exactamente a 25 kilómetros de San Agustín, capital arqueológica de Colombia, donde se encuentra Puerto Quinchana, un pequeño poblado de casas de madera, con exactitud 64 casas, cada una de tamaños diferentes y no muy lejana una de otra.
El plan Fachada es un proyecto liderado por artistas, colectivos juveniles y sociales que buscan motivar el sector turístico, aprovechando su riqueza natural, como fuentes hídricas fauna, flora, senderos y paisajes. Este proceso busca darle vida al pequeño poblado, a través de murales coloridos que resaltan los valores culturales de la región.


Plan Fachada, casas del centro poblado Puerto Quinchana
Tomada del registro fotográfico del colectivo “Construyendo Sociedad«
Para llegar a nuestro destino, tuvimos que cruzar por varios sectores donde el paisaje imponente comenzaba a atrapar con la magia que prometía el guía. En medio de las veredas Mesitas, Saldaña y Quebradillas el verde de sus campos era diferente a lo que habíamos visto antes. Entre más avanzábamos el aire era más limpio, el cielo cada vez más despejado, la tierra más oscura y fértil. El rio era bondadoso con el paisaje y la montaña, pues las cascadas adornaban el camino como si hubiésemos cruzado a un nuevo mundo.
En el transcurso del recorrido la historia encantaba a la par con el paisaje, era como vivir un documental en carne propia, donde el narrador complementaba con la imagen y la musicalización era la banda del rio Yuma, con las diversas aves que habitaban el camino. En este caso el narrador era William, nuestro guía, que además de amar su territorio lideraba varios procesos sociales en su comunidad y se había ganado el aprecio de los pobladores, tanto así que conocía a cada familia, los lugares e historias.
La historia como muchas en Colombia inicia con la violencia y este territorio no fue la excepción, los grupos paramilitares y guerrilleros dominaron estas comunidades a tal punto de borrarlos del mapa, pues el temor hacia que las personas evadieran la posibilidad de habitar estas veredas y los turistas pudieran conocer sus magníficos paisajes. La actividad económica era la panela y la pesca, sin embargo, por los caminos que cruzamos no subían, ni bajaban carros con estos productos, si no caballos con los cuerpos de los caídos en los combates de estos grupos armados, así lo narraba William Gómez mientras avanzaba la travesía.
La guerra dejó su huella de dolor, sangre y duelo en un territorio con una gran riqueza natural que fue borrado del mapa con muertos y balas. Sin embargo, la esperanza llega con las pinceladas de artistas que conocieron de este pequeño pueblito, llamado Puerto Quinchana. Después de pasar por el primer centro poblado, La Pradera y conocer uno de los lugares turísticos más llamativos como lo es “La cascada tres Chorros”, sentimos el corazón de Colombia al llegar a los cañones del rio Magdalena, donde se desprenden sus aguas y se expanden por el territorio con ímpetu entre la montaña.
Nos acercamos al esperado destino:, el pueblito que enamoró a los artistas , quienes le volvieron a dar vida y color a través de sus pinceles. Las paredes que un día recibieron balazos se convirtieron en lienzo para contar una nueva historia. Por medio del proyecto “Plan Fachada” liderado por el colectivo “Construyendo Sociedad” las 64 casas del centro poblado, se transformaron en una galería de murales, que transmiten las riqueza natural, ecológica, gastronómica y cultural de la región.
Llegamos a nuestro destino
Después de un largo recorrido en auto, una carretera destapada, e increíbles paisajes que se quedaron en la memoria, como fotografías que no podremos revelar, llegamos al destino. El plan fachadas inicia desde la primera casa que recibe al visitante, los colores amarillo, verde, morado y azul forman un paisaje alegre y esperanzador. El pueblo se ve muy solo y algunas casas no están habitadas pues la mayoría de sus pobladores se sumergen en la montaña para cuidar sus cultivos. Cada casa tiene un paisaje pintado, realizado por artistas viajeros que se han ido sumando al proyecto, la danta, el oso, el águila, la cascada y la chiva son símbolos representativos que quedaron plasmados en esta nueva historia.

Tomada del registro fotográfico del colectivo “Construyendo Sociedad”
Después de hacer un recorrido por las casas, nuestro guía nos invita a conocer un poco más del proyecto, pues el trayecto no finalizaba en el centro del poblado. Sin embargo, por temas de tiempo preguntamos si era muy lejos, no íbamos preparadas. William con seguridad respondió: “solo debemos caminar un poco…”, confiados en su repuesta nos dispusimos a continuar la travesía que duro casi 3 horas caminando, con poco oxígeno en los pulmones y rostros pálidos del cansancio, encontramos una tierra nueva, era algo así como Narnia detrás del ropero.
El camino nos llevó a La cascada “El Duende”, de una altura de aproximadamente 25 metros, su caída era majestuosa en un pequeño pozo de agua cristalina. Contaban los abuelos que el duende se escondía y esperaba su tesoro o mejor aún atrapar algún niño de rostro hermoso y ojos azules. Tomamos un atajo que nos llevó a la casa de una mujer de contextura delgada, estatura pequeña, ojos rasgados, cejas pobladas como búhos y pómulos marcados, rasgos de indígenas que fueron los primeros en habitar estos territorios. Con gran hospitalidad nos recibió con un jugo de panela hecha por ella misma, agua del rio Yuma y limones de su huerta. Con ella se encontraban sus tres nietas que, para sorpresa de nosotros, eran tres hermosas mellizas de aproximadamente 7 años de edad, no muy tímidas a la cámara y con sonrisa de picardía nos explicaban quién había nacido primero.
Después de conocer esta familia bastante particular continuamos el camino hasta llegar al Parque Arqueológico La Maternidad, en la Vereda la Gaitana a 2.5 kilómetros de Puerto Quinchana. Se encuentran 23 tumbas y 3 estatuas, entre ellas La Diosa de la Maternidad, el Chaman Mambero y El Chaman Medico, estas tumbas pertenecían a niños y mujeres, fueron descubiertas en 1942 en una excavación realizada en 1946.

Parque de la Maternidad, vereda La Gaitana.
Tomada del registro fotográfico del colectivo “Construyendo Sociedad”
“Yo me quedo un día más en Puerto Quinchana” se le denomino a la campaña publicitaria que busca invitar a los turistas a conocer sus riquezas, activar su economía desde varios sectores. En el descenso de este largo camino pensábamos que cada minuto invertido valió la pena para conocer tan increíbles paisajes, cultura e historia oculta entre las verdes montañas del Macizo Colombiano. Donde la guerra no vio impedimento para entrar y ocultar a los ojos del mundo un paraíso mágico. El plan Fachada busca rescatar este paisaje olvidado, la tierra de nadie que quiere ser del mundo.
El regreso del viaje fue silencioso, el cansancio nos ganaba, pero en la mente de todos iba la increíble experiencia de haber conocido el pueblito que, aunque la violencia marco su pasado, está escribiendo una nueva historia, que dejara en los corazones de sus visitantes una de las mejores experiencias, en conexión con la pachamama y el arte.

Fotografía tomada en el trabajo de campo, posando tres mellizas habitantes de Puerto Quinchana, al lado de Paula Vargas Periodista de Suregión