Por: Francy Yulithza Andrade y Alexandra Murcia Rojas

María Paula Polanía no es una activista de redes sociales, sino una defensora apasionada con e medio ambiente y el territorio. Nacida en Neiva hace 28 años, su compromiso con la naturaleza se forjó como un acto de «gratitud» y un refugio personal. «Realmente yo no estaría viva si no fuera por los árboles, por los pájaros y por los loritos», afirmó.

Este amor la llevó a crear su propio vivero y semillero de árboles nativos y, a llevar en su cabeza un «inventario» de los árboles notables de la ciudad. Su decisión de actuar sobre el caucho centenario fue impulsada por el agotamiento de la vía institucional y la constante pérdida de cobertura arbórea: «ya este año venía muy agobiada de todo y en los últimos tres meses, vi que cortaron cinco orejeros”. La idea de la protesta extrema se consolidó cuando vio a su hijo escalando el árbol y sintió que era el «último recurso».

11 horas aferrada

El sábado 18 de octubre, día en que se disponían a talar el caucho, María Paula Polania se dirigía hacia la Universidad Surcolombiana a participar de un seminario. Al ver la grúa y los operarios en la Calle 14 con Carrera 6, su reacción fue inmediata: dejó la bicicleta y subió al árbol sin decirle nada a nadie.

«Yo más bien sentía como que era el último recurso y que había que agotar todos los recursos… simplemente dije, pues a lo que sea y como sea, ponemos el último recurso acá en pie y miramos a ver qué sucede».

María Planta relató que al momento de la protesta sintió una «digna rabia» que venció el miedo y la pena. Sin embargo, la acción estuvo marcada por la agresión física por parte de los trabajadores de seguridad privada, quienes rompieron su mochila donde llevaba agua, comida y otros elementos esenciales. Además, la activista reportó que un procedimiento policial posterior que se dio de manera abrupta le causó una fisura en la mano.

El fracaso del acuerdo

La presión ciudadana obligó a la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), a
la Personería y al Defensor del Pueblo a establecer una mesa técnica, con el objetivo de darle solución a la “problemática” del momento.

El principal acuerdo fue suspender la tala por 45 días para realizar un estudio técnico-científico que evaluara la edad del árbol y la veracidad de las afectaciones a los vecinos. No obstante, el esfuerzo ciudadano fue en vano: la tala se ejecutó y el caucho centenario dejó de respirar.

El acuerdo se frustró por la inacción de la autoridad ambiental, así lo mencionó María Paula Polania: «la CAM debía hacer algo y era radicar la carta que suspendía la tala del árbol y no lo hizo». Además, la activista destaca la ausencia de liderazgo político en medio de la crisis: «la alcaldía nunca apareció, el alcalde no mostró interés, lo cual muestra su falta de compromiso con la ciudadanía».

Fotografía tomada de la Página Vive Huila

Neiva: bajo la sombra de la deforestación

El caso del caucho centenario es en palabras de María Planta «la punta de un iceberg» que revela la fragilidad del ecosistema urbano de Neiva. En el año 2022 la CAM otorgó la Resolución 3094 al municipio de Neiva para la intervención de 420 individuos forestales al sur de la ciudad, obligando a sembrar 9.405 árboles nativos como medida de compensación.

Sin embargo, María Planta advirtió sobre la efectividad real de estas compensaciones, ya que a menudo los nuevos árboles son talados posteriormente por proyectos urbanísticos, lo que genera que no se cumpla con la supuesta medida de compensación y restablecimiento arbóreo en la ciudad. Lo anterior, desencadenó en la pérdida de la cobertura arbórea en las últimas dos décadas en el municipio de Neiva, en zonas donde los asentamientos e infraestructuras provocaron una deforestación permanente.

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La lucha sigue contra el poder

Actualmente, el activismo en Neiva se concentra en la oposición al megaproyecto «Neiva Ciudad Global», que pretende posicionar al municipio como una ciudad moderna e influyente. Sin embargo, la preocupación es constante, así lo afirma María Paula Polania. Ya que, detrás de todos estos proyectos hay una afectación al río Magdalena y a todos los ecosistemas que rodean el afluente hídrico.

Asimismo la comunidad rechaza las exploraciones petroleras en la cuenca alta del río Las Ceibas, lugar en el que se ha hecho una tala masiva de árboles sin pensar en las afectaciones ambientales futuras. Para María Paula Polanía, la pérdida del caucho centenario fue una derrota colectiva: «acá perdimos todos, no perdí yo. Perdimos autonomía, perdimos gobernanza, perdimos criterio, perdimos poder”.

En respuesta a la ineficacia gubernamental, María planta dirige sus esfuerzos a la autonomía y mapeo comunitario para crear un censo de árboles en la ciudad. Su voz es un llamado a la acción y la unión contra la pasividad, para evitar que la historia del caucho centenario se repita, porque «si una persona abrazada dio lidia, imagínense 50. Si hubiéramos ido todos y todas de verdad abrazados a ese árbol, aferrados a ese árbol, ese árbol no lo cortan». Este mensaje de resistencia está encaminado a hacer entender que la vida no se sostiene con dinero, sino con agua y territorio.