El sombrero suaceño: las generaciones de un arte tradicional

El sombrero suaceño está elaborado de la palma de Iraca, que crece en los Municipios de Suaza, Guadalupe y Acevedo. Las mujeres son las principales y únicas tejedoras de esta artesanía. Esta podría ser una de las artesanías más importantes y relevantes del departamento del Huila; sin embargo, cabe mencionar que, aunque ha tenido una existencia muy prolongada, no cuenta con una visibilidad y remuneración justa.

Por: Karla Gómez y Kerly Rojas, periodistas de Suregión

En Suaza, Guadalupe y Acevedo nace el sombrero que conocemos como el suaceño, municipios del departamento del Huila que impulsan el desarrollo de esta artesanía. Cabe resaltar que en Suaza también está la materia prima usada para elaborar este tipo de sombrero, la llamada “Palma de Iraca”. No se tiene conocimiento aun de quienes fueron las personas que descubrieron este gran imperio artesanal, pero lleva aproximadamente trescientos años de existencia y la población de artesanos la ha catalogado patrimonio cultural de estos tres municipios.

El sombrero suaceño tiene algo muy particular, son las mujeres las únicas que se perfilan para la elaboración de esta artesanía, ya que los hombres se dedican a los oficios del campo, y así se dividen las labores para contribuir con ingresos proporcionales a sus hogares.

Se caracteriza a la mujer como un actor social fundamental en el patrimonio cultural, lo cual se advierte en el proceso de elaboración de esta artesanía. Magdalena Sánchez nos lleva a recorrer un poco las entradas, las salidas, los pasos y obstáculos debajo del sombrero. Es una mujer  de ochenta y cuatro años oriunda del municipio de Guadalupe y es más conocida como Magolita, porque según ella nadie puede afinar su nombre.


Elaboración final del tejido al sombrero suaceño en palma de Iraca

Las arrugas en su cara delatan que la vida no ha sido fácil, pero su actitud muestra que siempre hay motores que impulsan y dan fuerza para enfrentar y superar los obstáculos, que muchas veces nos separan de las oportunidades. Los dedos de sus manos, muestran cómo esas adversidades son válidas para crecer, están torcidos como los tallos de algunos árboles. Sin embargo, siempre firmes y con la esperanza de que cada día dará frutos.

Desde los siete años Magolita ya se desempeñaba como tejedora y experta en el tema, le aprendió a su madre quien también dedicó su vida a esta artesanía. Fue su  agilidad  como lo llama ella, lo que le permitió aprender con solo mirar a su progenitora.

Cuando la señora Sánchez se casó, continuó trabajando en la herencia más poderosa que su madre le dejó. Con este trabajo sacó adelante a sus hijos, hasta ahora con su poca vista y muy desgastada, dice ella, no pierde la costumbre de hacer sombreros, “hasta el día que Dios se acuerde de mí”, según afirma.

Magdalena  Sanchez recuerda que los días de mercado eran los lunes, se alistaban con su madre, desde las cuatro de la mañana, para llevar a la plaza los sombreros que tejían, y poder ubicar su mercancía en uno de los puestos donde más se vendía.

Cuando su madre falleció, decidió seguir trabajando sola. Asegura Magolita que la fuente necesaria para poder hacer y vender un sombrero es que haya un comprador, de otra manera no es favorable para las  tejedoras, porque de nada les servirá producir un material al que luego nadie le dará un valor cultural ni menos monetario. Hoy en día las artesanías no son consideradas de una forma significativa como lo fueron para las generaciones de las tejedoras.

Como Magdalena Sanchez , hay otras mujeres en Guadalupe en los sectores llamados los Cauchos, Potrerillos, Guapotó y Cachimbal,  quienes producen este sombrero al cien por ciento. Allí la permanencia de esta artesanía ha tenido muy buena acogida, hasta el momento prevalece como una identidad cultural basada desde los orígenes en los saberes de sus tatarabuelos.

En la época actual, se discuten muchos factores, principalmente los jóvenes, aquellos que le dan otra cosmovisión a su identidad. Y se va desvalorizando lo que con gran empeño descubren las culturas, para que sean los hijos de sus hijos quienes aprovechen y con más facilidad puedan descifrar su vida. Pero es más satisfactorio cuando se le da relevancia a lo que verdaderamente tiene sentido.

Existirá algún subsidio para ellas…


Mujeres artesanas de Guadalupe

Hay algo que manifiestan las artesanas del sombrero,  y es el desinterés por el arte, tantos años de tradición y nunca han tenido una remuneración adecuada, menos un homenaje por el desempeño que ejercen a través de la artesanía suaceña.

Siendo muy puntuales, la comunidad de mujeres artesanas manifestó la débil palabra que tenía la entidad que siempre les promete  una recompensa justa por su trabajo, haciéndoles creer, con reuniones organizadas, que en algún momento tendrán su valoración.

-Hasta el sol de hoy, ni un café nos hemos tomado de parte de ellos, sin embargo seguimos teniendo la esperanza de que llegue esa ayuda, nos servirá de mucho-, afirmó una de las artesanas

El proceso de fabricación del sombrero suaceño

Esta artesanía tiene un trabajo arduo, y consiste inicialmente en tener disciplina y un buen tacto para escoger la palmicha o también conocida como palma de Iraca.

Esta se encuentra ubicada en medio de los bosques de los tres municipios ya mencionados. Las mujeres que tienden a trabajar en el sombrero suaceño son las que van en busca de la materia prima, y para ello deben escoger tiempos adecuados en los puedan acceder a esta palmicha que da como fruto al cogollo.

Normalmente para ellas el mejor tiempo es cuando está haciendo un clima estándar, ni lluvia, ni sol. Esto, para que la paja se seque bonita, así es como ellas lo referencian, en tiempos de lluvia no se seca y se acarbenilla o se mancha, se pone de color azul y se pierde la paja.

 La palma de Iraca es una hoja ancha como una sombrilla, y de esta sale el cogollo que es la materia fundamental con la que se hace el sombrero, sin embargo se debe tener en cuenta que el cogollo no debe estar delgado ni otorcido porque no funcionará para luego tejer el sombrero, y de cierta manera quede la paja limpia y bien tejida. Probablemente el cogollo debe estar blanco, o mejor que se parezca a una flor cuando está creciendo y floreciendo.

Luego se abre el cogollo, se desorilla, se ripea (cuando se saca el hilo de paja), se desvena y se arregla; después de este pequeño proceso se lleva a cocinar lo que es la almendra del cogollo, lo que ha quedado sirviendo, se deja hervir unos veinticinco minutos, si la deja hervir más de una o dos horas la paja se pone negra y también se pierde. Posterior a ello se deja secar y se despega  con un ripiador que lo sacan de huesos de perro o gallinas,  para que no queden las pajas juntas, luego queda listo para empezar a trabajar en el sombrero.

De acuerdo a lo anterior se utiliza una horma que es especial para el sombrero y también una piedra, para luego poder darle inicio al plato del sombrero. Una vez terminado se continúatejiendo la copa, que es la parte que cubre la cabeza de la persona y por último se teje el ala del sombrero, lo que le da la sombra al rostro.

En el sector de la señora Magdalena Sánchez, conocido como Los Cauchos, las personas han optado por trabajar individualmente; tiene que ser de mucha urgencia la entrega de un sombrero o que haya pedidos por cantidades para que se trabaje en grupo. En cambio, en Guapotó y Potrerillos las mujeres conforman grupos estratégicos para darle más rapidez a la terminación de un sombrero y sacarlo en una semana o hasta tres días. Una mujer sola se gasta hasta ocho días para sacar un solo sombrero, de cualquier tamaño.

Los espacios que utilizan cuando están tejiendo los sombreros, son cuartos oscuros y frescos, tal vez una ventanilla muy diminuta. A la paja no le puede dar el sol porque se tuesta y se arranca cuando se esté tejiendo- indicó una de las tejedoras. Las mujeres mantienen agua para estar remojando el sombrero y que este se deje trabajar bien hasta su terminación.

Proceso de hormación para el proceso suaceño

Pero aquí no finaliza todo el proceso, pues comienza el trabajo del hormador, quien le da la figura al sombrero. Estas mujeres se encargan de entregarlo en bruto, es decir solo tejido. En este caso el hormador es un hombre y debe cumplir otra función.

Tal es el caso de Oscar Gómez, oriundo de Timaná-Huila, quien lleva realizando este proceso por más de veintitrés años, tiene cuarenta y un año de vida y pudo aprender esta artesanía gracias a la enseñanza que le dejó su abuelo Isidro Gómez, un hormador muy reconocido tanto en Timaná como en Suaza, Guadalupe y Acevedo, por ser uno de los más talentosos de ese entonces. Además, era uno de los compradores mayoristas hace sesenta y cinco años atrás y expandía esta artesanía a diferentes ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. También alcanzó a enviar este sombrero para el exterior. Se caracterizaba por ser un hombre correcto, digno de su trabajo, colaborador, pero sobre todo un líder en esta artesanía.

También entregó su arte en vida a Pacheco, un periodista de aquella época, cuando visitó el departamento del Huila, y así fue regando semillas de esta artesanía y a diferentes personajes de la pantalla Colombiana.

Al morir su abuelo, Oscar siguió trabajando con mucho empeño para no dejar acabar la tradición. Esta franquicia le queda a su tío Arsecio Gómez ,quien también se formó como hormador.  Mucho mayor que Oscar, decidieron trabajar juntos y seguir entregando mercancía como lo hacía el abuelo. Pero su tío falleció y no le quedó camino que continuar él solo. Fueron al menos tres generaciones de su familia las que marcaron esta artesanía y la última es la de Óscar. En su casa tiene el taller donde se destaca actualmente por ser uno de los mejores hormadores del Huila.


Herramientas para diseñar las hormas que distinguen al sombrero suaceño

Oscar Gómez también contó cómo es el proceso de hormación  que se le da al sombrero suaceño. Se debe enjuagar el sombrero, después despistarlo con una cuchilla, es decir quitarle la paja que le sobra al sombrero, luego se machaca con un palo que también es especial para la elaboración de este sombrero y que se relacione con la paja porque si no se puede romper,  hasta que la paja quede completamente lisa, después con una correa de cuero, especial para estos sombreros, se le estiran las imperfecciones  y se le cierra un poco la copa, luego viene la horma del sombrero, eso depende de cómo lo quiera el cliente, para ello existen diferentes formas: copa plana, estilo ganadero y ranchero. 

El sombrero suaceño, está avaluado entre quinientos mil y un millón de pesos, e inclusive puede valer más. Sin embargo, hay sombreros realizados a máquina, más conocido como el aguadeño, que tienen un costo entre cien mil y doscientos mil pesos. Este último se ha posicionado en el mercado porque no requiere cuidados como en el caso del sombrero suaceño y su valor es inferior.


Sombrero suaceño listo para entregar en crudo

Óscar sigue resaltando el valor de esta artesanía y frecuenta los lugares donde vive Magdalena Sánchez, tales como Guapotó y Potrerillos. Ahí tiene sus propias tejedoras. Es estricto a la hora de comprar sus sombreros, siempre da un precio justo a las tejedoras, ya depende de ellas como realicen la artesanía, no le gustan los sombreros fantasía, aquellos que no lo abatanan bien y quedan muy flexibles, hecho a las carreras, dice el señor Gómez. Así como ellas le dan un precio elevado a sus sombreros, deben  cotizar la artesanía ante sus clientes, porque de otra manera él saldría perdiendo tiempo y dinero.

Sin embargo, vive agradecido con esta artesanía, es una pieza que le ha permitido  desempañarse en muchos aspectos y relacionarse con  muchas personas a nivel nacional e internacional y reconocer el valor significativo del arte y los artesanos.

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