Por: Paula Vargas Lombana, Representante de Medios en el Consejo Municipal de Cultura, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Usco, sede Pitalito.

En el corregimiento más grande de Colombia se resguardaron las vivencias del más apreciado recolector de la memoria, el docente e historiador Adriano Trujillo Ramírez quien partió del mundo terrenal un 20 de enero -el mismo día de fundación de su adorado corregimiento de Bruselas-, para hacer parte del tesoro que cuidó en vida, la historia de su territorio local.

Un hombre noble de contextura delgada y pequeño de estatura, siempre con un sombrero café que lo acompañaba en medio de su tarea laboriosa de cuidar el tan valioso tesoro que le había sido concedido. El cual no guardaba ni escondía, por el contrario, lo compartía, lo difundía y lo llevaba hasta los puntos más remotos de su pueblo. No era solo un recolector, también era un guardián protector, generoso y apasionado, un poseedor de historias. 

A la derecha Adriano Trujillo, acompañado de Astrid Carvajal y Yesid Gasca, gestores culturales del corregimiento de Pitalito, el 23 de junio del año anterior.

Entre su fervor por el pasado y la recolección de objetos antiguos, deja para el mundo un preciado legado, entre ellos el libro “Bruselas y sus Memorias”, en el cual recopiló la historia del corregimiento de Bruselas y del municipio de Pitalito. Un libro escrito con paciencia y dedicación para visitar a los personajes más viejos del corregimiento, entrevistarlos y capturar en palabras la mejor parte de la historia que construyó como un libro, dejando en sus estudiantes y en todos los laboyanos una apropiación de su territorio y su evolución como corregimiento.

En cada visita fue recolectando otro tesoro y fue el segundo legado importante, el Museo Huellas del Pasado, una recopilación de piezas testimoniales que se fue creando entre un café y una conversación. A través del Museo los laboyanos se transportaban a la historia con los más antiguos habitantes del pueblo. Adriano Trujillo encontraba en los objetos viejos gran afinidad y complementariedad para su proyecto de memoria, tomaba lo que le regalaban y lo sumaba a su inmensa colección, piezas que narraban las diferentes actividades de la vida cotidiana de los moradores de la región. 

El Museo Huellas del Pasado cuenta con 20 colecciones, que van desde la sección de pieles de animales, arqueología, el beneficio del café, numismática, la flora y fauna locales, hasta las cerámicas precolombinas, que hicieron parte de la cotidianidad de nuestros antepasados, los cuales forjaron estas tierras de cafeteros y artesanos. Además, en 1997 fundó la Casa de la Cultura, un lugar donde será recordado por la eternidad, hizo parte de la Junta de Acción Comunal, apoyó los reinados de Bruselas y fue un gran actor social. 

Astrid Carvajal, amiga y actual bibliotecaria de Pitalito indicó: “fue profesor de casi todas las escuelas, donde dejó una gran huella, sus exalumnos lo recuerdan u con mucho cariño. Era una persona con esa entereza y fe, era el amigo, el compañero, el confidente. Siempre nos ofreció un punto de apoyo». Adriano Trujillo dejó en quienes lo conocieron el hábito de entablar una buena conversación acompañada del mejor café del mundo, entre las calles polvorientas del corregimiento más grande, se encuentra el espíritu del recolector de la memoria, quien lleva un sombrero café y un libro que guarda los enigmas de la historia que fue contada, escrita y divulgada por su servidor.