Hacía frío la mañana que mis padres, por teléfono, me informaron de la muerte de don Bolívar. Se dieron cuenta porque no abrió la librería, me dijeron, y volví a sentir el vértigo del primer beso, el que le dí a K.” , se puede leer en un texto de Andrés Felipe Vargas, Ganador el Concurso de Relato Biblioteca Personal del Instituto Caro y Cuervo y la Universidad de Antioquia. El autor evocó así a don Jesús Bolívar, el librero más recordado de Pitalito, quien falleció el 1 de noviembre de 2018.

Por; Paula Daniela Vargas Lombana y Yaridaniela Guerrero Guzmán, periodistas de Suregion.

Entre los libros que durante cuarenta y cinco años acompañaron su existencia, don Jesús Bolívar trascendió al otro mundo dejando en sus clientes un legado que jamás olvidaran, el hábito de la lectura y una buena conversación. Unas hojas amarillas y unos estantes de madera fueron testigos del momento en el cual se apagó su vida el primer día del mes de noviembre del 2018.

La Librería Bolívar, ubicada en la calle 8 de Pitalito, es uno de los lugares más icónicos para los amantes de la lectura del municipio. pues en sus instalaciones no pocos vivieron los primeros acercamientos con los libros que los transportarían a las más maravillosas historias e increíbles datos, de la mano de este librero que sabía bien en qué lugar de su local se encontraba cada tomo y cada autor. Sin embargo, la librería no sería tan especial sin don Bolívar, el librero autodidacta que no terminó la primaria, pero tenía en su cabeza una infinidad de conocimientos e historias que invitaban, a quien lo escuchaba, a sumergirse en el mundo de la lectura.

Jesús Bolívar acompañado de sus cuatro hijos. 
Fotografía tomada del archivo personal de Nancy Bolívar.

Kaliman, Dinastía y Águila Solitaria eran las novelas apreciadas por don Bolívar, las cuales hoy en día se encuentran en la entrada de la librería, como en un museo, guardadas con el aprecio que merecen 45 años de compañía a su fiel lector. Esas novelas, que nunca cambió por una película o un teléfono celular, le permitían conservar el placer de vivir las cosas simples como los juegos de canica, el parqués, el trompo y el ajedrez- su favorito-, un juego perfecto para una mente prodigiosa como lo describe Nancy, una de sus hijas, quien hoy en día está a cargo de la librería: “Con toda esta variedad de libros, él no tenía una distribución, no tenía un inventario digital o algo parecido, todo lo manejaba en la mente, él sabía perfectamente dónde estaban los libros, algo que hoy en día no es posible conservar en la memoria.”

Don Jesús Bolívar, el librero más recordado de Pitalito.
Fotografía tomada de la página Historia de Pitalito.

Un día normal en la vida de Jesús Bolívar

Los achaques de la edad lo llevaron a convertirse en un deportista nato a su avanzada edad. Mientras muchos dormían, él acompañaba el despertar del Valle de Laboyos en su bicicleta o trotando varios kilómetros, con el propósito de hacer frente a algunas de las enfermedades silenciosas que lo afectaron en su madurez.  

Se hacia 50 vueltas en la Villa Olímpica, tenía una capacidad física increíble, ni la lluvia podía interrumpir su jornada de ejercicios, cada que cumplía un año de sus ejercicios, realizaba una celebración extraña, pues hacia el doble recorrido de lo habitual,” cuenta su hija Nancy con nostalgia.

Sus amigos eran los trabajadores ambulantes y emboladores de zapatos que un día conoció vendiendo chance, a quienes encantaba con las historias de llanero solitario y terminaba prestándoles las novelas, para así continuar la tertulia.

Vivía en la librería en un pequeño cuarto escondido de una casona antigua de paredes de bareque y algunas de ladrillo. Se conserva el color blanco de esas casas antiguas que nos recuerdan un Pitalito de antaño, bases de madera gruesa, sin que sepamos cuántos años guardan. La única tecnología que tenía era un teléfono fijo mediante el cual se comunicaba con su familia, la cual trató de convencerlo de usar un celular o un computador para actualizar un poco su negocio. Sin embargo, él se aferraba a la simplicidad de lo antiguo. Muy a las 8 de la mañana, o incluso antes, abría la librería que por 45 años marcó la historia de los estudiantes que con desesperación buscaban La Celestina o La Odisea para el trabajo de español en el colegio. Los padres de familia recuerdan las enormes enciclopedias para completar la lista de los útiles escolares o el confuso libro de álgebra.

 “Fue la primera librería que conocí, cuando llegaba siempre te atendía un señor muy educado, muy bien hablado, siempre se lo veía leyendo o sosteniendo un libro, era muy amable, a veces le pedía recomendaciones acerca de qué podía leer” , recuerda Laura Fernanda Acosta, sin saber que don Bolívar no había terminado la escuela primaria pero era capaz de transmitir cualquier conocimiento adquirido durante años de lectura. En la tarde lo acompañaban sus cliente, los cuales se acercaban al lugar en búsqueda de un libro. Quienes no tenían dinero lograban conseguir descuentos o, mejor aún, leían el libro en el mismo lugar, sin necesidad de comprarlo.

Al final de la jornada laboral don Bolívar buscaba una conversación acompañada de un café –otra de sus aficiones-, la suya era una tertulia que fascinaba, pues tenía la capacidad de hablar sobre cualquier tema y escucharlo era entrar en sus libros de manera personal.

El punto final de su historia

“Según los médicos fue un paro cardíaco, ese día la gente se alarmó porque la librería no abrió a las 8:00 a.m. pues la puntualidad caracterizaba a mi pap. Comenzaron las llamadas, nos imaginamos que se le había hecho tarde en su jornada de ejercicio…eran las 10:00 a.m. pasadas y ya era demasiado extraño, mi hermano Alberto llegó a la librería y , en el desespero, se tumbó la puerta y encuentran sin vida a mi papá”, narró Nancy Bolívar. Su cuerpo estaba acompañado de los estantes de madera y los libros que hicieron historia en Pitalito. Su vida transcurrió en gran parte y terminó en la librería. “Un día le escuché decir con su humor habitual: yo voy a vivir cien años”, cuenta Nancy. Lo cierto es que su recuerdo sigue intacto en la memoria de quienes por primera vez recorrieron los pasillos de la famosa Librería Bolívar.

Fotografía tomada el 1 de noviembre 2018, día del fallecimiento del Librero Jesús Bolívar.
Parte exterior de la librería, con la ambulancia que atiende la emergencia.  

Un punto aparte

Después de 3 años de la muerte de su fundador, la librería Bolívar sigue abierta al público. Nancy Bolívar,una contadora pública y administradora de empresas continuó con el legado de su padre. “Nosotros somos muy conscientes de que es importante generar espacios de motivación y fomento hacia la lectura, a veces nos dicen que en Pitalito las personas nunca van a leer y menos en esta época, pero yo digo todo lo contrario, hay lectores, hay personas a quiene les apasiona la lectura, que leen y escriben, hay mucho talento.” Todos los viernes realizan en la librería un taller de lectura y manualidades para niños, totalmente gratis. El compromiso y labor social de Nancy son un valioso aporte para seguir reviviendo la memoria de su padre.

Vivirá por cien años

“Hacía frío la mañana que mis padres, por teléfono, me informaron de la muerte de don Bolívar. Se dieron cuenta porque no abrió la librería, me dijeron, y volví a sentir el vértigo del primer beso, el que le di a K. detrás de alguna estantería vieja de esa librería, la de don Bolívar. Volví a sentirme solo en el mundo.” (Editorial publicaciones Urgentes, Bogotá. 2021 por Andrés Felipe Vargas). Andrés es un joven escritor laboyano quien ganó el Concurso de Relato Biblioteca Personal del Instituto Caro y Cuervo y La Universidad de Antioquia. El relato ganador se titula “Don Bolívar y mi biblioteca personal”, en el cual hace un reconocimiento al librero más antiguo de Pitalito.