Hace ya 54 años Amparo Andrade Loaiza llegó al Huila proveniente de Cali, Valle del Cauca, para marcar un antes y un después en la poesía femenina. Legado que materializó en distintas obras que dejan huella en la literatura huilense, y que ha sabido transmitir a quienes ayudó a formar en lo profesional.

Uno es, ¿de dónde nace o de donde se hace?

A pesar de que vivió sus primeros ocho años en Cali Amparo Andrade Loaiza se siente huilense y se reconoce como parte de este territorio: «mi padre era de Iquira. Acá crecí, me enamoré y me reconocí como escritora. Entonces el Huila significa mucho para mí», indicó.

Tiempo después de llegar a Neiva, la profe Andrade empezó su bachillerato en el colegio Departamental Femenino (hoy Tierra de Promisión). Allí se graduó y al momento de orientarse profesionalmente, la situación económica adversa de la familia la llevó a tener que estudiar literatura ya que sus padres no podían gastarle estudios de medicina.

«Al colegio (Departamental Femenino), llegó Josefina Quintero quién fuese mi profe de español, y ella quería que montaramos el periódico de edición. Por supuesto había una sección de literatura, entonces escribíamos reseñas sobre obras literarias y a alguien se le ocurrió decir que yo escribía bonito y ese alguien fue ella», señaló.

Sus Referentes y Modelos a Seguir

A pesar de ser Licenciada en Lingüística y literatura, Especialista en Comunicación y Creatividad para la Docencia y Especialista en Educación en Artes y folclor de la universidad El Bosque, Amparo Andrade no olvida poner como sus dos más importantes referentes a quienes le dieron la vida: Guillermo Andrade y Consuelo Loaiza de Andrade.

«Mi madre era una mujer hermosa que conocía el arte de la provocación en todos los aspectos de la vida, mientras que mi padre fue un hombre que trabajó desde muy niño (en su natal Iquira), se fue a Cali a buscarse la vida hasta convertirse en radiotecnico», expresó Andrade Loaiza.

Junto a sus padres, la profe Amparo recuerda con gratitud a Josefina Quintero (la primera persona que descubrió su talento). «Cuando yo hablaba con ella, me resaltaba mis capacidades de escritura y exposición a tal punto de aconsejarme escoger la docencia como camino profesional», agregó.

Además de la docente Quintero, Amparo Andrade resaltó la figura de los docentes con los que se encontró cuando empezó su vida universitaria: Justo Morales, Willian Fernando Torres, Antonio Iriarte, Angela Rivera, Cecilia Repiso, Edgar Machado, Luis Ernesto Lasso, entre otros.

«De igual manera, tuve la fortuna de ser alumna de Olga Tony Vidales, quién fue mi maestra en Taller de Poesía. Hice parte del último semestre hasta que ocurrió lo del accidente que se la llevó. Luego de esto quise seguir escribiendo poesía, más luego gané dos veces el concurso departamental José Eustacio Rivera», resaltó nuestra protagonista.

Construir Territorio

Más allá de haber querido ser doctora y terminar siendo escritora y poeta, Amparo Andrade tiene claro que con la docencia también ayudas a construir territorio. «Me presenté a concurso y me nombraron en Tarqui, y fue una experiencia de 16 años como docente», señaló.

Su estadía en Tarqui trajo consigo la idea de leer poesía a sus alumnos para que se enamoraran de la lectura: «empecé a leerles en las clases poemas y eso dió lugar a un evento que se llamó Tres Poemas Para Celebrar el Día, y eso trajo como consecuencia en Hobo una celebración que se llamó Martes de Poesía, hasta que me retiré de la docencia hace ya tres años», finalizó.

Mezclar la poesía con la docencia le ha valido a la docente Andrade hallarse como persona y como profesional, a su vez le permitió aportar en la construcción de un territorio que más allá de no verla nacer ha sido testigo de las experiencias más importantes de su vida.

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