En el corazón del Huila, donde la tradición y la modernidad a menudo parecen caminar por senderos distintos, «, emerge una figura que desafía los moldes. Camila Noches, un proyecto artístico que trasciende la interpretación musical para convertirse en una experiencia escénica integral.

Camila no es solo una compositora; es una narradora de historias que utiliza la danza y la música como herramientas de expresión. Su propuesta se caracteriza por una búsqueda constante de equilibrio: tomar los ritmos folclóricos opitas, aquellos que lleva en la sangre y entrelazarlos con sonoridades actuales, creando un puente generacional que suena fresco y, a la vez, profundamente arraigado al territorio.

«Hago música no solo para transmitir mi dolor, sino la fortaleza que he experimentado. Es darle voz y lugar a otras personas que aún no comprenden de dónde viene su dolor». – Camila Noches.

El origen de la «Vena Artística»

Para Camila, el arte no fue una elección externa, sino un entorno natural. «Mis acercamientos a la música han sido gracias a mi familia», relata la artista. Con una herencia que se divide entre músicos de orquestas tropicales por el lado materno y bailarines por el paterno, su formación ha sido, por definición, integral. Esta mezcla de ritmos populares y expresión corporal es la que hoy define su identidad sobre el escenario: una artista que canta desde la memoria familiar y baila con la fuerza de sus raíces.

De «Semillitas» a la Universidad: La forja de una artista integral

El camino de Camila Noches no ha sido lineal, sino acumulativo. Sus primeros pasos los dio en el grupo Semillitas en Neiva, una semilla que germinó en una búsqueda constante por diferentes lenguajes corporales. Antes de centrarse en la composición, Camila se sumergió en la disciplina del ballet clásico, la libertad de la danza contemporánea y el arraigo de las danzas folclóricas.

Su formación técnica encontró un equilibrio perfecto entre lo institucional y lo tradicional. Mientras se profesionalizaba como bailarina, asistía a la Academia La Voragine en el municipio de Rivera, donde se empapó de la música tradicional colombiana. Esta dualidad, la técnica rigurosa y el saber popular, preparó el terreno para su llegada a la educación superior.

«En la Universidad Surcolombiana terminé de integrar todas esas áreas. Recibí clases de teatro, pintura y audiovisuales; allí empecé a desarrollarme como una artista integral», explica Camila.

Su ingreso a la USCO en 2016 marcó un antes y un después. No solo fue el lugar donde perfeccionó su técnica vocal y participó en procesos corales, sino el espacio donde entendió que la danza y la música no tenían por qué ir en carriles separados. Para ella, la academia fue el laboratorio donde el discurso artístico que hoy presenta en los escenarios del Huila terminó de cobrar coherencia y fuerza.

El arte como refugio

Para Camila Noches, la creación no es un ejercicio de estética pura; es un acto de supervivencia y sanación. Su historia personal está marcada por la realidad del desplazamiento forzado en Colombia, una experiencia que la obligó a enfrentar responsabilidades adultas y realidades crudas desde muy temprana edad.

«Mi cuerpo almacena la memoria y me permite entenderlo para poder crear; es la geografía de un país que lucha, es belleza y es dolor.» – Camila Noches.

«Al principio, mis canciones eran una forma de explorar mis emociones cotidianas, pero con el tiempo y mi formación política en la universidad, el panorama se amplió», explica. Ese giro convirtió su obra en un testimonio vivo de las injusticias que ha atravesado como mujer y como niña desplazada. Durante mucho tiempo, Camila dudó de la capacidad del arte para reparar daños tan profundos como el abuso o la pérdida de la raíz familiar. Sin embargo, su participación en escuelas de formación y procesos de reparación a víctimas le cambió la perspectiva.

Resignificar el dolor para construir comunidad

Hoy, Camila entiende que el arte no necesita ser una «acción directa» para ser efectivo; su poder reside en la resignificación.

«Cuando una persona se atreve a crear a partir de sus experiencias, no solo encuentra un desahogo, sino que permite que otros se identifiquen con su historia. Eso hace que uno se sienta más acompañado», reflexiona la artista.

«Parece que el hombre tuviera asegurada la idea de que su opinión técnica vale más. El reto es demostrar que mi voz tiene el mismo peso que la de mis colegas». – Camila Noches.

Sus canciones han evolucionado de la catarsis personal a la construcción de ficciones basadas en realidades compartidas. A través de ritmos que evocan la frustración, la rabia, pero también la inmensa fortaleza de la resiliencia, Camila busca que la paz se sienta «un poco más cerca». Para ella, el arte es un lenguaje que el alma entiende antes que la razón, una herramienta para darle nombre al dolor de quienes aún no encuentran las palabras para sanar.

«Hago música no solo para transmitir mi dolor, sino la fortaleza que he experimentado. Es darle voz y lugar a otras personas que aún no comprenden de dónde viene su dolor o cómo dimensionarlo».

El rugido de la «Nocturna»: Arte en tiempos de estallido

Si hay una obra que define el impacto de Camila en su comunidad es «Nocturna», una pieza que ella misma describe como una «guabina fusionada con bambuco y rock progresivo». Nacida en el fragor del paro nacional de 2021 y marcada por la pérdida personal de su amigo Juan Diego Monroy, la canción es un grito contra la injusticia.

«Cuando una persona se atreve a crear a partir de sus experiencias, no solo encuentra un desahogo, sino que permite que otros se identifiquen con su historia». – Camila Noches

«Habla de la rabia presente en la mirada de quienes han sido víctimas del conflicto», explica la artista.

Para Camila, «Nocturna» es la prueba de que el arte puede ser un espejo incómodo pero necesario, logrando una conexión emocional que va más allá de la razón y toca la fibra de la resiliencia huilense.

Entre el purismo y la alternatividad: El reto de ser joven en el Huila

Ser artista joven en el departamento no es tarea fácil. Camila describe un panorama de «radicalismos»: por un lado, los puristas del folclore que rechazan sus fusiones por no ser «100% tradicionales»; por otro, las escenas alternativas que aún miran con nostalgia hacia los años noventa y no terminan de abrazar los nuevos sonidos locales.

«En el Huila todavía hay una visión limitada sobre la dignidad del artista; la gente aún no está acostumbrada a pagar una entrada», reflexiona. Esta falta de garantías económicas y el choque generacional empujan a muchos talentos hacia ciudades como Bogotá. Sin embargo, Camila insiste en un proceso de «salir y volver», buscando validar su arte sin renunciar a sus raíces.

Género y Técnica: Reclamando un espacio en la consola

Uno de los testimonios más crudos de Camila gira en torno a las barreras de género en la industria musical local. Como mujer y artista emergente, ha enfrentado el «peso» de la opinión masculina en estudios y escenarios.

«Canto desde la memoria familiar y bailo con la fuerza de mis raíces. Mi propuesta es un puente generacional que suena fresco y, a la vez, profundamente arraigado al territorio». – Camila Noches.

«Parece que el hombre tuviera asegurada la idea de que su opinión técnica vale más. Me pasaba que al pedir cambios en el sonido, encontraba obstáculos o simplemente no me escuchaban».

A pesar de haber completado una gira nacional e internacional que ha elevado su reconocimiento, Camila asegura que la lucha por la validación teórica y técnica sigue siendo constante. Para ella, el reto es demostrar que su voz  tanto la literal como la creativa, tiene el mismo peso que la de sus colegas hombres.

El poder de la intuición frente a lo académico

A diferencia de otros artistas que se rigen por manuales eurocéntricos, Camila abraza lo empírico. Aunque reconoce la importancia de su formación en la Universidad Surcolombiana, define su estilo como algo guiado por el oído y la respuesta corporal.

«Mi herramienta más efectiva es la voz, una voz intuitiva», afirma. Al alejarse de las estructuras rígidas, ha logrado crear un sonido que no necesita ser explicado, sino sentido. Es una propuesta que invita a crear «desde adentro», permitiendo que la música tradicional del Huila se transforme en algo nuevo, vivo y, sobre todo, sanador.

«Escucha un fragmento de la propuesta sonora de Camila Noches, donde los ritmos folclóricos opitas se entrelazan con la fuerza del rock progresivo. Un viaje desde la memoria hacia la resiliencia».