La Universidad Surcolombiana (USCO) se ha transformado, una vez más, en un lienzo vivo. Bajo el lema “Re-existiendo al olvido”, sus paredes no solo hablan: gritan. En su cuarta edición, el Festival Vida y Memoria no solo conmemoró los cinco años del estallido social de 2021, sino que rindió tributo a la vida de Juan Diego Perdomo Monroy y a toda una generación que se niega a ser borrada, reafirmando que la universidad pública sigue siendo el corazón del cambio social en Colombia.

Lejos de ser un acto de duelo silencioso, la jornada se convirtió en una explosión de “unión, hermandad y rebeldía organizada”, reafirmando que la memoria, en el sur de Colombia, no es un ejercicio estático, sino una acción colectiva que se siembra, se defiende y permanece viva todos los días.
Memorias diversas, luchas compartidas y resistencias que nacen del encuentro
El Festival se consolidó como un punto de encuentro para artistas de diversas regiones del país, incluyendo delegaciones de Córdoba y Medellín. Estos creadores, integrados por muralistas, músicos y talleristas de circo, han utilizado el arte como una herramienta de «resistencia» para procesar experiencias colectivas y entrelazar culturas.


En palabras de Alejandro, muralista de la Universidad de Córdoba, estos espacios son vitales porque permiten la «expresión cultural de varias partes del país» y resaltan la resiliencia de quienes han vivido momentos difíciles. Para los colectivos organizadores, la labor de estos artistas es transformar el discurso político en acciones concretas que buscan emancipar el pensamiento y fortalecer el tejido social universitario.



Aquí nadie olvida, ni el silencio ni la lucha
El festival nació con una herida abierta: el fallecimiento de Juan Diego Perdomo Monroy el 28 de abril de 2021. Para los asistentes, mantener su nombre vivo es una forma de resistencia. Morfy «Cejas Locas», tallerista de circo, describió el evento como un espacio «tan significativo, tan simbólico, lleno de unión, de hermandad, representando lo que es en sí los lazos de la universidad pública».

Desde Bienestar Universitario, Santiago Peña reconoce que, aunque la institución apoya logísticamente, el verdadero mérito recae en la autonomía y autogestión de los estudiantes. «Lo que buscamos es que la Universidad se inunde de acciones culturales en función de la memoria de quienes han luchado y hoy no nos acompañan, pero sobre todo de los jóvenes que siguen luchando por sus sueños».
Voces encendidas para la memoria colectiva
Una de las novedades de esta versión fue la convergencia de procesos de diferentes regiones del país. Luis Daniel Serrato, estudiante de la Universidad de Córdoba, explicó que estos espacios ayudan a «alijar un poquito las diferencias que tenemos entre los diferentes lugares de Colombia, para así integrar todo el escenario cultural, para que entre toda Colombia tengamos nosotros una sola memoria histórica».
Por su parte, Alejandro Salcedo, también de la delegación de Córdoba, resaltó la dualidad del festival entre el dolor y la esperanza: «Me parece muy bonito estos espacios porque permiten la interculturalidad de varias partes del país que han vivido lo triste de esta vida pero también lo que significa la resistencia».
Entre discursos, memorias y resistencia
El festival no se limitó a la reflexión teórica. La apuesta fue clara: el arte es una herramienta pedagógica y política. Brian Mauricio Polo Aragón, politólogo y artista, fue enfático en la misión del colectivo: «Estamos convencidos de que para poder transitar cambios es importante pasar del discurso a la acción… somos esa chispa que trae color, que trae sonidos, que trae ruidos, que trae imágenes».

Karinlibros, referente de la «librería del pueblo», subrayó que estas actividades tienen un impacto directo en la formación de los estudiantes: «Pienso que esos espacios, fuera de ser una memoria, va creando un informativo en la mente colectiva… se va creando una conciencia donde los muchachos nos vamos comunicando esas inquietudes, esos desaciertos y también esas confluencias ideológicas».

La rebeldía de recordar, Juventudes que mantienen viva la memoria
La organización, liderada por figuras como Daniela Romero, demostró que la memoria se sostiene con redes de cuidado. Desde la serigrafía hasta la «Cocina de Freire«, el trabajo fue 100% colectivo.


El objetivo final, según los organizadores, es «despertar el espíritu no solo creativo sino también revolucionario y libertario en la sociedad» para que la universidad siga siendo el motor de transformación del país.




La cuarta edición del Festival Vida y Memoria cerró dejando una certeza: en la Universidad Surcolombiana, la memoria no se guarda en archivos; se estampa en camisetas, se pinta en murales y se grita en las marchas. Mientras haya un estudiante pintando un muro o un joven haciendo malabares en las Ágoras, el olvido no tendrá lugar en la USCO.