Al hacer memoria en Colombia uno de los últimos países de América Latina que “decidió” ceder espacios de participación a la mujer, encontramos que desde sus primeros indicios por organizarse, como lo hizo en la constitución del 1886, la mujer era supeditada culturalmente al hombre, que en últimas determinaba, al estilo de las culturas del medio oriente, el quehacer de la mujer.
Pero por encima de todos los formalismos ideados para la organización, la mujer ha estado presente en todos los hitos históricos del país, demostrando que se encuentra en igualdad de condiciones para estar activamente en el desarrollo de la nación.
La reivindicación por el respeto a la mujer ha sido un proceso largo que está pasando de la representatividad que se logró hace más de 40 años mediante el Acto Legislativo No. 3 de la Asamblea Nacional Constituyente, el 25 de agosto de 1954, a la democracia, democracia que según Aida Avella, líder de procesos sociales, debe empezar a fundamentarse desde y para las organizaciones populares.
A continuación Lilian Solano, defensora de Derechos Humanos y docente universitaria y Aída Avella, líder Social quien fue presidenta de la Unión Patriótica en la década de los 90, opinan sobre lo que hoy significa la participación de la mujer en un país regido por una relativa nueva Constitución, la de 1991, esa que desde sus primeras líneas habla de inclusión y democracia.
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