Es importante señalar que no todos los homosexuales son transformistas, ni todos los transformistas son homosexuales. Y además, el transformismo lo pueden ejercer tanto hombres como mujeres en show de espectáculos y representaciones en centros nocturnos, bares y discotecas. No obstante, esta práctica es usada especialmente como hábito y estilo de vida por los homosexuales.

Los transformistas han logrado con valor y personalidad mostrarse abiertamente sin importar estigmas, rechazos y discriminación alguna por la sociedad.

La zona rosa del Camellón de la calle 14 con Carrera 2 en la capital del Huila, es el lugar privilegiado para la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgéneros e Intersexuales).Desde tempranas horas de la noche, los sábados, se vive un ambiente pleno de rumba; en el sector hay varias discotecas donde los homosexuales van a liberarse de todo prejuicio.

Así lo hace Valeria Villareal, un joven transformista de 25 años, con 1.60 cm de estatura, contextura gruesa y piel trigueña; se sumergió en esta práctica y estilo de vida hace tres años. La primera vez que lo hizo fue un 6 de noviembre de 2011 cuando se disfrazó de Gata para una fiesta de Halloween, desde entonces quedó encantado y se siente realizado como “¡toda una mujer!”. Su transformación sucede los sábados, cada ocho días.

El proceso inicia desde tempranas horas de la tarde, cuando somete su cuerpo a un cambio superficial que dura alrededor de 3 o 4 horas. Inicia en la alberca del patio de su casa, donde afeita la vellosidad de todo su cuerpo. Luego, ya con la piel tersa y delicada se dirige a su cuarto en la que con ayuda de otros amigos enrolla en cinta su dorso desnudo para dar horma y figura de mujer.

Pasados 15 o 20 minutos del encintado, su maquillador personal da un toque de magia a su rostro.Lo embellece a tal punto que su fisonomía de hombre desaparece, posteriormente pasan a la cabeza la cual también la encinta enrollándola toda para hacer el montaje de la peluca y dejarla biensujeta; montada su cabellera artificial, le dan elegancia con un peinado glamuroso y de reina. Finalmente, un sostén da volumen y estética a sus pechos, el cual está hecho de espuma en su interior.

Minutos previos a la pasarela ya luce su traje de gala. Un vestido de color amarillo, accesorios y zapatos de tacón que la hacen ver regia e imponente. Hacia las doce de la noche se sube a un taxi y se dirige hacia un centro nocturno de ambiente gay, donde se reunirá con la comunidad LGBTI. Después de cinco minutos de recorrido llega al lugar indicado, el taxista se detiene metros antes a la entrada del lugar y Valeria se baja del auto. Sus pasos firmes hacen sentir su presencia, con elegancia y carisma saluda a sus colegas de beso en la mejilla.

En el transcurso de la noche se ven desfilar a todas, que brillan como estrellas en la noche, algunas con trajes de lentejuelas, escotes y minifaldas que llaman la atención de vecinos, transeúntes y conductores del sector. La faena se prolonga hasta las seis de la mañana del día siguiente. Dentro del bar es un mundo distinto, una atmosfera que la sumerge en música electrónica, seducción y placer.

En su casa una señora  de la tercera edad con quien Valeria ha convivido toda su vida lo espera, es la encargada de velar por su bienestar y alimentación. Ella se ha dado cuenta de los comportamientos y movimientos extraños que suceden en su humilde hogar; ella sospecha que él se viste de mujer pero nunca lo ha presenciado y tampoco interviene ni discute sobre su comportamiento. Lo único que no acepta es que lleve a su casa grupos de amigos. Su nieto, quien sin tener nada que esconder, exhibe a la vista de su abuela accesorios, peluca, maquillajes y tacones.

El otro ángulo son sus vecinos, quienes solo murmuran y esperan la hora de su salida para comentar de su traje y modo de caminar. Pero Valeria, con toda la libertad y libre desarrollo de su personalidad, se deja ver de ellos y se despide con un saludo muy formal. A ella no le afecta, mucho menos le concede atención a las críticas y comentarios despectivos que le hacen.

Asegura que hasta el momento no ha sido víctima de ningún acto en algún lugar, Más bien agradece porque su círculo social lo apoya y es una voz de aliento que lo impulsa a continuar con este estilo de vida.

Valeria Villareal afirma en un tono seguro, confiable y natural que se transforma porque le gusta. Considera que es una faceta distinta en su vida la cual disfruta, le apasiona y lo hace sentir feliz. Enérgicamente define el transformismo como un Arte, sinónimo de mostrar y reflejar la mujer que lleva dentro, que por naturaleza biológica no pudo ser. “No nací mujer, pero me gusta verme, sentirme bella y regia cada vez que me “trepo” (expresión que utiliza para significar el vestirse de mujer), cuando lo hago es otra vida ¡que hace parte de mi ser!”.

 

Por: Francisco Cardona

 

Leer también:

Psicología conversó sobre Homoparentalidad

Matrimonio para LGBTI en Francia, unión marital en Colombia

Pintando la vida de colores

Acciones contra la discriminación en Neiva: ¿una tendencia actual?