La historia trasciende y algunos la olvidan, pero existen lugares ejemplares para recordar la vida de los abuelos y el desarrollo de un territorio en constante evolución. El museo Huellas del Pasado, es un lugar que retorna las costumbres y tradiciones de las épocas pasadas, cuando se usaba materiales de la región como fique y cuero de vaca para vivir, trabajar, entretenerse y disfrutar.
Escrito por: Sonia Bedoya, periodista de Suregión.
Es un lugar agradable, que resguarda las reliquias de los laboyanos. A las afueras está un balcón con vista a la parroquia “Nuestra señora del Carmen” y un espacio con mesas adecuadas para compartir en familia un café. Su techo es alto, similar al de las casas coloniales, de aquel techo, cuelgan unas bombillas de luz amarilla, que brinda un sentimiento de recuerdo por la iluminación tenue que se esparce por cada rincón. Es un tercer piso, donde al recorrerlo se observan piedras de molienda, de macerar maíz, máquinas y fotografías de épocas pasadas. Desde la entrada subiendo las escaleras hasta el lugar de encuentro con el trabajo de recolección más maravilloso de un docente de profesión e historiador laboyano. Son tantas cosas, que en un cuarto tan pequeño es difícil de acomodar, pero nadie, nadie se escapa de visitar este lugar: el “Museo Huellas del Pasado”.
Sus paredes guardan reliquias fotográficas y una gran colección de artículos que representan la cultura campesina, piezas en cerámica e incluso individuos que hacen parte de la historia del mundo animal de aquella época. Tejidos en fique, la representación del aserrío, la cocina tradicional y otros elementos que enmarcan las costumbres de las generaciones pasadas. El museo, por medio de sus propietarios, actualmente busca enseñar más historias a través del mundo digital, por medio de televisores, grabadoras y las redes sociales que recreen la historia, puesto que hay muchas que se pierden tras estar escondidas en bolsas por no existir el espacio adecuado para exponerlas.
Durante 20 años, el profesor Adriano Trujillo fue recolectando información sobre la vida de los colonizadores del corregimiento de Bruselas, necesaria para la investigación histórica a la cual él apostaba. Durante ese tiempo fue necesario recopilar los testimonios de esa historia, por medio de charlas y fotografías. Tras esa recolección informativa, nace el museo costumbrista “Huellas del pasado” con el fin de recopilar la historia que marcó el crecimiento y desarrollo del municipio de Pitalito y sus alrededores. El profesor Adriano Trujillo soñaba con dejar un legado, aunque su familia no lo apoyara desde un inicio. Muchas personas fueron entrevistadas por el “Profe Adriano”, de las cuales, varias entregaron, para conservación billeteras, monederos, sombreros, mochilas, herramientas de trabajo, entre otras cosas. Es por esto que, este pequeño lugar con las exposiciones fotográficas y los elementos históricos, recuerdan la vida de los abuelos y transportan la imaginación a épocas pasadas de propios y visitantes.
El profesor, tuvo una perseverancia infinita, para no dejar atrás su sueño. Recorrió a pie, a caballo, en carro y en avión, diferentes lugares donde quisiera que estuvieran lo personajes, para entrevistar a quien pudiera dar información de la fundación de su adorado terruño, “Bruselas”. Las reliquias son valiosas para la reconstrucción histórica y costumbrista de la región, pues en el transcurso del tiempo investigando sobre la fundación del corregimiento de Bruselas, inicia su proyecto de construcción de un museo costumbrista, que retomó las vivencias de los bruselenses.
Amaba el nombre de su corregimiento, y conforme la historia se daba, fue organizando este museo con las primeras piezas, en este caso, piedras, las cuales eran utilizadas para triturar el maíz, la yuca y demás. Luego, el manejo de cuero, en este caso sillas de montar a caballo y estribos, esto, recordando que el caballo, fue la primera herramienta de carga de aquella época. Estas piezas que en un inicio fueron decoración de su casa hoy se encuentran expuestas en aquel cuarto pequeño de que les hablé anteriormente.
A partir de entonces, el profesor Adriano inicia la organización expositiva del museo costumbrista con el recorrido por el cual comenzaría a dar a conocer su investigación. Una vez que se ingresa al museo, inicia el recorrido, con artes y oficios, el manejo de fique y todo lo relacionado con la ganadería, dando paso a las colecciones de tecnología, la antigua cocina de los abuelos y la historia del café. En esa época, ocurrió una anécdota, la cual cuenta que un oso de anteojos fue sacrificado de una forma horrorosa, lo que hizo que el profe Adriano conservara su piel en el museo dando como resultado un stand de historia natural, por el cual, muchos habitantes indicaron que tenían huesos, garras, pieles y otras partes de animales para nutrir ese stand, con el fin de hacer un protesta ante la cacería de animales.
Por otro lado, una herramienta que ayudó al profe Adriano a capturar momentos, fue su cámara de rollo, la fiel compañera para registrar los cambios y etapas por las que pasaba el corregimiento de Bruselas. Estas imágenes, serán digitalizadas para que no se queden guardadas, debido a que ya no hay suficiente espacio para exponerlas de manera física.
En la entrada, está plasmada una biografía del profesor Adriano Trujillo quien fue su fundador, acompañado de un retrato, obra de arte de José Milton Morales Grillo (artista laboyano). El ingreso contiene el mensaje por el cual su fundador fue caracterizado “El que no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Digo esto en pasado, debido a que el profesor Adriano ya falleció a causa de enfermedad COVID 19, precisamente el 20 de enero de 2021, en el cumpleaños del territorio por el cual construyó el museo.
Hoy está toda su familia, Doña Inés (su esposa), sus hijos Adriana y Andrés Trujillo al frente del legado de su padre, fortaleciéndolo con la tecnología y cultura, para que el museo siga viviendo como lo hace el profesor Adriano en el corazón de todos los bruselenses y laboyanos. De este modo, que sirva de escenario turístico como de espacio de eventos de cultura tradicional como el Sampedro. Un museo que trascenderá de generación en generación, pues utiliza las redes sociales para promocionarse y por otro lado intenta utilizar audios, imágenes y videos relacionados con la historia, para que visitantes no se queden sin ver lo que está escondido bajo el polvo y las envolturas.