Soy montañoso con biodiversidad, fauna, quebradas y río; me he caracterizado por respirar un aire puro, tranquilo, sereno, armonioso todos los días de mi vida. Además, mi gente es valiente trabajadora, honrada y humilde que hacen de mí tener una población total de 15.000 mil habitantes, según el Sisben de Colombia.
Es por eso, que me conocen por producir café, ganado, yuca, entre otros alimentos que se exportan a Neiva, y poseo todos los pisos térmicos del Huila.
El gentilicio que llevo desde el corazón es de ‘samario’. En estos paisajes coloridos mis primeros pobladores fueron indígenas Paeces y Pijaos que me fundaron hace más de 50 años en el norte de la región Opita. Soy un Pueblo aguerrido, guerrero que habita en la cordillera andina desde Ibagué hasta el nevado del Huila, me identifican con dos palabras que resaltan entre los 37 municipios del departamento, ellas son: Santa María.

Doña Aura María
En el seno de mi territorio habita la señora Aura María García de Díaz que desde muy joven llegó para quedarse a vivir con su esposo Reimundo Díaz, Aura tuvo una vida muy nefasta por parte de su conyugue, ya que desde el inicio de su convivencia sufrió maltrato físico, problemas económicos, infidelidad y la pérdida de dos de sus hijos.

Esta es una tragedia en todo el Huila. Pues si revisamos las estadísticas en el boletín epidemiológico del último censo, el maltrato físico en el departamento en el 2018 fue de 1.500 casos, en donde, 314 personas fueron hombres y 1.186 mujeres víctimas de este flagelo.
Aura soportó el maltrato físico y las infidelidades de su esposo, y sacó adelante a sus hijos. Siempre vivió en el campo. Hace más de 75 años cultiva café, plátano, yuca, naranja, fríjol, entre otros alimentos que fueron del sustento para sus 8 hijos

También sufrió la violencia. Ella contó que “hace unos 55 años viví una experiencia muy caótica porque la “chusma” que era unos campesinos violentos, conformaban cuadrillas de grupos como guerrilla que asaltaban las fincas, cobraban extorsiones y saqueaban, casi me matan con mis dos hijos mayores, la única salvación que tuvimos fue salir corriendo, escondernos en unas mata de plátano un día y una noche hasta que se fueron”.
Pero, tal vez, lo que más recuerda con dolor es la pérdida de sus dos hijos, especialmente al que murió por la enfermedad de bronconeumonía.
“Al principio a la niña le di remedios caseros pero no se mejoraban, entonces tomé el bolso con la ropa y me desplacé para el hospital. En esa época no había médicos en el municipio, tocaba bajar a Neiva para que atendiera la situación, pero de camino murió la niña. En sí, que en la misma trayectoria me llevé la sorpresa que mi esposo subía en el carro con su amante, a él no le importaba la salud de los propios hijos, se iba de la finca y llegaba a los ocho días sin nada a la casa, me tocaba mirar de trabajadores y descerezar el café.

Cuando llegaba al hogar era embriagado a pegarme, me cogía a puños y patadas como si fuera una mula, al otro día amanecía con moretones en mi cuerpo y en la cara, mis hijos me decía “mamita no aguante más, no se deje, coja un palo y pégale también para que sienta”, y yo le respondía ¡no! porque es su papá”.
Igualmente, la señora Aura no le podía decir nada a su marido, él de una vez le respondía con palabras groseras e iba maltratando físicamente inclusive pegarle a sus propios hijos, pero un día todo cambió porque ellos crecieron y no permitieron que su mamá siguiera con la misma historia de hace años atrás.

En Colombia la ley que protege a la mujer es la 1257 del 2008, que reglamenta en el artículo 3 “el concepto de daño contra la mujer, a partir de lo psicológico, sufrimiento físico, sexual y patrimonial”. Es así como hoy en día protegen a las mujeres de cualquier maltrato que vivan en algún momento.
