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La alegría era notable desde el inicio de la mañana. Con un grupo total de 918 personas, incluyendo 884 estudiantes y 34 miembros de equipo logístico,͏ profesores y reinas se preparaban para la salida. Previamente se había informado a los asistentes que debían presentarse en el área de gimnasia para reclamar sus manillas, y luego dirigirse a la portería frente a la Clínica Mediláser, donde los esperaban los buses que los llevarían al destino: el Parque Acuático Playa Juncal. Un lugar donde el aprendizaje se transformó en experiencia y el cuerpo tuvo permiso para moverse libremente, más allá del aula.

Esta actividad hizo parte del cierre de la asignatura Deporte Formativo, y tuvo como objetivo fomentar la integración entre estudiantes de diferentes programas académicos. Fue una experiencia práctica extramuros, pensada para vivir de manera real y colectiva la importancia de compartir, disfrutar y cuidar el bienestar físico y emocional a través del juego, el movimiento y la convivencia.

El costo de participación fue $35.000 por cada estudiante, incluía transporte ida y vuelta, ingreso al parque y almuerzo. En el caso de los 33 estudiantes provenientes de la sede Garzón, el valor fue de $70.000 debido a la mayor distancia de desplazamiento.

Entre filas, risas y pasarela: así comenzó el día

A las 9:00 a.m. los estudiantes arribaron al parque. Algunos lo hicieron en chiva, otros en buses contratados por los organizadores. Apenas descendieron, la emoción se hizo evidente: las miradas se dirigían al agua, al paisaje, al lugar que los esperaba para vivir un día diferente.

Se formó una larga fila para ingresar, y una vez dentro, la mayoría corrió hacia los vestidores para cambiarse, alistarse y disfrutar. Como parte del protocolo de seguridad del parque, se inició otra fila para guardar las pertenencias en bolsas naranjas, identificadas por colores y códigos, garantizando así el orden y el cuidado de los objetos personales.

Mientras algunos se dirigían directamente a las piscinas con sus grupos de amigos, otros participaron en la sesión de aeróbicos, que activó los cuerpos, liberó las primeras risas y marcó el inicio oficial de la jornada.

Poco después, en la plazoleta central, comenzó la pasarela de las candidatas al título de Embajadora Cultural USCO 2025. Vestidas con ropa deportiva y llenas de vitalidad, las jóvenes desfilaron representando con orgullo sus respectivas facultades. El enfoque del evento fue promover el ejercicio, la vida sana y la confianza en sí mismas, resaltando valores más allá de la apariencia. Frente al jurado calificador, cada candidata brilló con su actitud, carisma y espíritu universitario.

Más tarde, en la cancha de arena, dio inicio el torneo relámpago de vóley playa, una competencia que despertó el espíritu deportivo entre los estudiantes. Mientras tanto, otros seguían explorando cada rincón del parque, disfrutando de atracciones como el tobogán gigante, el río lento, y por supuesto, las carcajadas compartidas en grupo. Algunos aprovecharon para saborear un delicioso almuerzo tipo autoservicio, antes de recostarse en las zonas verdes, respirar aire puro y dejar que el cuerpo se relajara al ritmo pausado de la naturaleza.

La piscina con olas fue, sin duda, uno de los espacios más animados. Las risas, los juegos y la música crearon una atmósfera festiva que envolvía a todos. Los estudiantes también disfrutaron intensamente de los toboganes, deslizándose una y otra vez como si el tiempo no existiera. Ya hacia las 4:00 p.m. cuando llegó la hora del regreso, muchos se miraban entre sí con rostros de satisfacción. En sus ojos se reflejaba el descanso, el disfrute y la gratitud por una jornada distinta. Sus cuerpos, marcados por el sol, eran testimonio de un día vivido al máximo, de esos que cargan de energía para volver con ánimo renovado a la rutina universitaria.