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Esa fría noche en Guadalupe-Huila, un 13 de noviembre del 2018, una hermosa finca contemplaba su belleza y elegancia. Su enorme vestido azul deslumbrante, danzando el vals de lado a lado. De su corona nacían destellos por la presencia de la luna brillante vestida de gala.

¿Quién pensaría que sería la última vez que muchos la vimos? Si, esa noche donde hicimos sonar las copas del amargo vino, fue la ultima vez que la vi.

Su vocación sobrepasó fronteras. Junto a sus padres que la escoltaban en cada ruta, se establecieron en Boyacá, tierra fértil de campeones. Allí Danna pedaleaba con pasión, con ritmo, cuando el sol mañanero del 25 de agosto del 2019, apenas se asomaba entre los horizontes. Se ajustó su casco y subió a su fiel bicicleta. El aire fresco de Boyacá rozaba su rostro, acariciando la larguísima cabellera que ondeaba como bandera de libertad; ella era alta, de mirada serena y sonrisa contagiosa. Danna Valentina Méndez Ortiz, hija única y orgullo de su familia, era más que una promesa del ciclismo colombiano.

Como de costumbre, salió a rodar, con su corazón marcando el paso, sintiendo el susurro de la carretera bajo las ruedas. Pero el destino cruel e inesperado, le tendió una emboscada. Muy cerca de su destino, un camión de carga imprudente e inhumano, no respetó el metro y medio de distancia haciendo que Danna Valentina perdiera el equilibrio y en segundos, un instante desgarrador.

Sus padres siendo cómplices de ruta, fueron testigos del momento. Vieron cómo su única y consentida hija, quedó inerte e irreparable. El grito insoportable de dolor no tuvo palabras. Solo lagrimas desesperantes acompañadas de temblores.

La noticia se esparció rápido, llegó a nuestras casas y no podíamos creer lo ocurrido. Emprendimos viaje a su pueblito natal: El Pital, Huila. Recordando la niña alegre cuando fue una promesa viva. Danna se había convertido en un símbolo en los noticieros, redes y radio.

Nairo Quintana y Mariana pajón, referentes colombianos en ciclismo conmovidos alzaron la voz a su nombre.

Su cuerpo fue recibido con honores, como los grandes, por aviones y caminos de honor. En el cementerio, le dimos su ultimo adiós.

El legado de Danna vive en cada ciclista que hoy exige respeto. De sus iniciales nació “DaMe 1,5 de distancia” un lema que pide lo mínimo para vivir y lo justo para no morir.

Ahora, cada vez que una bicicleta corta el viento, ella va ahí presente, invencible.

Porque su historia no acabó ahí, ahora, en cada uno de mis cumpleaños, recuerdo que los comparto con ella; 13 de noviembre.