Buenaventura: entre la vida, la guerra y el sabor de su gente
Curiosamente, cuando llegué a trabajar a Buenaventura sonaron tres particulares canciones mientras me transportaba por la ciudad: la primera, la inmortal canción “Buenaventura y caney” del grupo Niche; la segunda, un currulao hipnótico y encantador, del cual nunca había escuchado su marimba en mi vida ni sabía su nombre; y, la tercera, una canción infernal de Marc Anthony que repetían una y otra vez en las emisoras locales. De ésta última sí espero no acordarme nunca de su nombre. Desafortunadamente artistas como estos viene acallando cada vez más al currulao, a la chirimía y a la salsa, que tanto le han aportado el ‘paso y son’ al Pacífico, en las parrillas de programación de la radio.