Por: Fredy Nagles – Caquetá
Las investigaciones judiciales que se siguen sobre el caso de la masacre de los hermanitos en zona rural de Florencia aseguran que una mujer de la zona es quien presuntamente le pagó a los hombres los 500 mil pesos para atentar contra esta familia. Esa mujer se llama Luzmila Artunduaga, esposa de Silvio Martínez Pérez, el hombre que inicialmente se creyó fuese el autor intelectual del hecho de sangre.
En su humilde casa y resguardados de una caliente taza de café, un medio del Caquetá dialogó en exclusiva con esta mujer de tés morena, cabello enmarañado, cuerpo robusto, de 1.60 de estatura y semblante campesino. Buscando entrevistar a Silvio, era ella la que prácticamente hablaba por él. A cada pregunta dirigida a Martínez Pérez, era Luzmila la que “metía la cucharada”, diría el adagio popular. El nerviosismo que no engendró Luzmila a las preguntas de la prensa, sí lo evidenciaba Silvio.
“No tengo nada que ver”

Artunduaga dijo que ella no tiene nada que ver con ese hecho de sangre, del que le acusa las autoridades. Al igual como lo repitió Silvio Martínez Pérez, ella dijo que “el que nada debe nada teme”, y que por eso no ha huido del lugar donde vive. “Para todo el mundo, nosotros somos los malos y ellos son los santos. Ellos son los que le buscan problemas a todo por aquí y nosotros somos los que buscamos problemas, que les insultamos”, reseñó Luzmila.
“Yo quiero que ustedes entiendan que nosotros jamás en la vida hemos amenazado a ellos, o que le hayamos buscado problemas, no, para nada. A nosotros los vecinos nos dicen que somos tontos, nosotros no somos tontos, lo que pasa es que no nos gusta buscarle problemas a nadie ni meternos con nadie”, dijo la esposa de Martínez Pérez, hoy, señalada de ser la autora intelectual del crimen.
La familia Martínez Artunduaga dice que ellos desde hace más de nueve años ocupan esos predios, pero que desde hace cuatro son propietarios del mismo. Con Silvio y Luzmila viven sus dos hijas y sus tres nietos en el mismo humilde rancho. “Que día pararon dos motos que escoltan las mulas de gas de Alcanos. Entonces yo les dije lo que les estoy contando. Yo les dije que ellos [la familia Vanegas] habían venido a darle machete a mi marido, y ellos nos recomendaron que le pusiéramos una demanda. […], que dejáramos que la ley arreglara esas cosas”, puntualizó la hoy implicada.