Ante la agudización de la problemática del agua la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha resaltado la importancia de este recurso para la humanidad, como “bien transversal a todas las actividades sociales, económicas y ambientales. Es una condición para toda la vida en nuestro planeta, un factor propicio o limitante para cualquier desarrollo social y tecnológico, además de una posible fuente de bienestar o miseria, cooperación o conflicto”.
La preocupación en torno al recurso hídrico recobra mayor importancia a raíz del cambio climático que en poblaciones colombianas ya impacta con la ausencia del líquido. Es el caso de los habitantes de la vereda Los Rosales en el municipio de Campoalegre quienes se abastecían hasta hace un año de un aljibe que finalmente se secó, ahora no cuentan con el mínimo vital de agua potable y esperan una solución estructural a su padecimiento.
Desafortunadamente pese a la existencia de leyes y decretos que amparan ríos y quebradas, estos reflejan el abandono gubernamental y la falta de cultura ciudadana que los condena a desaparecer. Así le sucede al Río del Oro que año tras año recibe en su reducido caudal aguas residuales provenientes de asentamientos ubicados sobre su ribera.
Contaminación gubernamental y ciudadana
Durante la época de invierno la comunidad del barrio San Martín Bajo, vive un completo “desastre sanitario debido a que los colectores de aguas residuales se saturan por los escombros que arrojan las personas en la parte alta, y las aguas residuales se devuelva por las tuberías hasta emanar por las viviendas”, explica Miriam Vargas habitante del sector, según ella debido a la falta de planeación por parte de los entes gubernamentales que ha contribuido a la degradación del afluente:
Para conocer lo que significa el afluente y la forma como en la actualidad es percibido, dialogamos con quienes habitan el sector y el mismo Río:
Otra de las problemáticas que aqueja al afluente, es puesto en conocimiento por operarios de la Empresa Soforesta que a diario trabajan en la conservar del prado a la orilla del afluente en inmediaciones del centro de la ciudad. Su labor diaria les permite observar como a diario los vecinos del sector hacen una mala disposición de los excrementos de sus mascotas. Agregan además que la contaminación también es realizada por trabajadores de talleres de latonería y mecánica automotriz que arrojan estructuras al Río del Oro.
¿Qué dicen entes encargados de la protección frente a estas prácticas? En diálogo con un funcionario de la Secretaria de Medio Ambiente que pidió omitir su nombre, argumentó que la idea de la canalización del afluente era precisamente evitar la contaminación, pero esta afectación no ha cambiado. Desde la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) actualmente se estructura el Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA) para la recuperación del afluente.