Sí, la gente es muy puerca porque contamina el río. O eso afirma María Elda. “Acá casi no viene nadie”, añade. Luego mira a Elber Villanueva, edil de esta localidad y manifiesta que la única vez que se hizo algún proceso de recuperación de fuentes hídricas en ese sector de la ciudad fue hace cuatro años, cuando Villanueva convocó a una jornada de aseo en los afluentes de agua. La jornada se hizo pero aquellos tomaron de nuevo la forma de vertederos de basura, escombreras, refugio de habitantes de la calle para el expendio y consumo de drogas; etc.
También, manifiesta Maria Elda, la administración municipal en cabeza de la Oficina de Medio Ambiente, realizó una jornada de limpieza a lo largo de ese río como estrategia para mitigar su contaminación. “Eso es lo único que han hecho y hace muchísimo tiempo”, recalca la mujer.
Al salir de la vivienda de María Elda, que es una pequeña construcción en concreto y cemento de color verde pastel, dos jóvenes caminan cerca, se sitúan contra un muro de ladrillos y empiezan a consumir bazuco. Ana Elvia los sorprende y les reprocha su acto. Los jóvenes se van, agachados, sin mucha esperanza de permanecer allí. La drogadicción es uno de los problemas más frecuentes allí. “Acá ya saben cómo es conmigo, a cualquiera que vea lo voy espantando”, manifiesta en tono decisivo, como si no le temiera a nada ni a nadie. Antes de llegar al borde del río se observa un pastizal alto y verdoso. Ana Elvia dice que periódicamente lo cortan para mantener el espacio despejado y no permitir la acumulación de basuras que la “gente puerca pasa por el frente de su casa” y las arroja sin ninguna consideración; y la presencia constante de consumidores de drogas. “Mi cuñado me colabora y entre todos barremos”, afirma mientras señala el tránsito destapado y polvoriento que lleva a varias viviendas de una parte de las riberas del Río del Oro.
Pero es que allí, casi a veinte pasos de su domicilio, una “olla” funciona. Olla es el término utilizado para designar los lugares donde se expenden sustancias como marihuana y bazuco, en el caso de la de San Martin. La entrada, que es el abrebocas a la larga fila de casas hechas con madera y tejas de zinc que rondan el borde del río, son como una órbita diferente, lejana al resto de la urbe que deja en esos recónditos lugares aquello que difícilmente puede ser palpable y perceptible a la luz de un ciudadano común.
A un metro de las puertas de algunos domicilios se encuentran mujeres y hombres con grandes costales llenos de botellas de plástico que aguardan para ser recompuestas y recicladas a través de enormes “pacas” comprimidas para luego, ser vendidas. Cerca no hay señales de escombros o basura, en especial frente a la vivienda de Oscar*, que se levanta de su silla y tiende la mano para saludar a los presentes. Es paisa de pura cepa con actitud fuerte y aguerrida. Está quitándole los sellos a una botella plástica de gaseosa y mientras tanto, mira con un poco de recelo y desconfianza a los que acaban de llegar. Después, cuando la conversación se torna más casual y amena, dirá que hace un año tuvo una parálisis facial que lo hace reaccionar de manera impaciente con personas como el señor que vive al otro lado, justo en el tramo del barrio Santa Isabel que pertenece a la comuna seis. Según él, el individuo en mención lanza las bolsas de basura sin ningún tipo de precaución y respeto. María Elda ya había dicho que “cuando uno menos espera es que vuelan bolsas de basura desde los muros del otro lado para dar al monte o al río”.
Pase el cursor sobre la foto para escuchar el testimonio de María Elda Aguirre
Y es que allá, en ese monte, el panorama está invadido de bolsas de plástico, llantas, papel o cualquier otro tipo de objeto convertido en desecho. Aves de rapiña aprovechan la ocasión y se posan sobre el agua a cazar o merodear lo que ha sido arrojado por algunos habitantes de los alrededores.
Escuche el testimonio de Oscar*
“Prohibido botar basura en este lugar”, es el único letrero de advertencia que se observa cerca. Aun cuando el anuncio es visible, algunos miembros de la comunidad hacen caso omiso a esta prohibición. Félix*, un habitante del lugar, señala con su brazo debajo del anuncio y afirma a manera de denuncia que la policía deforestó una vez los árboles que habían allí, cerca de los alambres que dividen las riberas del río. “La misma comunidad se encargó de darle vida nuevamente; sembramos flores y plantas y mire, esto otra vez está pues… bonito”, dice.

Cuando el agua vuelve a correr con fuerza
A pesar que las quebradas El Aceite y La Cabuya están completamente secas, generan fuertes desastres que estremecen a los habitantes.
Mauricio Gutiérrez es edil de la comuna siete de Neiva y vive en el barrio Calixto Leyva de esta localidad. Para él, no sólo existe un mal estado de las fuentes hídricas de la zona sino otras problemáticas que se desprenden y son más visibles. Las crecientes ocasionadas por las lluvias, por ejemplo, es una de ellas. “El agua se lleva más de una casa que se encuentra al lado de las quebradas”, comenta Gutiérrez, quien añade que con este tema vienen el de vivienda y reubicación, dos flagelos persistentes.
La comuna siete tiene uno de los mayores contrastes urbanísticos y socio-culturales de Neiva. A esta hacen parte los barrios Brisas, Buenavista, Calixto Leyva, Ipanema, La Gaitana, Obrero, Prado Alto, San Martín de Porres y Ventilador. De estos, Ipanema es el que conserva el mayor número de condominios con niveles de estratificación más altos. Ante la situación, Mauricio no duda en reconocer que “esta parte de la ciudad es de las que desde el mandato local no se considera prioritaria en términos de necesidades”. Y es que al parecer, por esos mismos contrastes, el ojo de las políticas locales sólo gira hacia los sectores económicamente ‘estables’. “San Martín y Ventilador son los barrios más críticos y es allí donde desembocan la mayoría de quebradas y riachuelos. Frente a esto no se hace nada, ni siquiera desde el gobierno municipal. Ya se han pasado muchas peticiones de personas que han vivido las circunstancias de desalojo o que una creciente se ha llevado sus casas pero no han resuelto nada”, añade el edil.
El caso de Luz Dibia Ortiz es uno de los más conocidos. En el 2012 su casa, ubicada en el barrio Calixto Leyva, fue arrasada por una creciente que obligó a abandonarla para siempre y acudir a peticiones ante la Alcaldía y otros organismos institucionales en aras de obtener alternativas de reubicación. El problema ya tenía antecedentes y su residencia ya había sido catalogada como crítica por la Oficina de Control de Riesgo del municipio.
“Cuando la Quebrada El Aceite murió, empezaron las inundaciones por las lluvias, entonces muchas casas, incluida la de Luz Dibia, se las llevó la creciente. Ese flagelo ya se vive desde afirma Mauricio. De igual forma, el apresamiento de aguas lluvias debido a la ausencia de un sistema de alcantarillado eficaz, hace que la quebrada reciba todo el torrente de este líquido causando estragos en todo lo que encuentre a su paso. Los residuos sólidos también contribuyen a incrementar los desastres.
Pase el cursor sobre la foto para escuchar el testimonio del edil Mauricio Gutiérrez
Luz Dibia reside hoy en la casa de su madre, en el mismo barrio donde antes vivía. Dice que un medio de comunicación local publicó su situación pero al parecer esto no tuvo mayor resonancia. Casi rendida, expone los documentos que prueban los infructuosos trámites que ha interpuesto ante los entes estatales para darle solución al problema y además, muestra una publicación del Periódico Ole donde aparece su testimonio exigiendo ayudas. “En la Secretaría de Vivienda me dijeron que eso le correspondía a Bomberos, fui a Bomberos y me dijeron que eso le correspondía a Planeación; en Planeación me dijeron que en Vivienda y así, de un lado para el otro y eso es jugar con uno, por eso yo no quiero hacer nada más”, manifiesta con desconsuelo.
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Luz Dibia Ortiz expone la publicación del periódico Ole
El desolador mapa de El Aceite y La Cabuya. ¿Qué ha hecho la comunidad y la administración?
Al igual que Mauricio Gutiérrez, Elber Villanueva es edil. Habita una enorme casa esquinera del barrio San Martín y no duda en reconocer, como buen líder, algunos errores que empañan las gestiones de la mayoría de sus colegas de la comuna siete. “Desafortunadamente la mayoría de líderes y ediles de la ciudad no tienen dentro de sus planes de trabajo el tema del medio ambiente”, asegura. De esta forma da a entender que el mal estado de las fuentes hídricas no siempre está asociado a la ausencia de gestión de las entidades gubernamentales para la conservación del recurso hídrico.
Quebrada El Aceite, comuna siete.
En la Secretaría de Medio Ambiente de la Alcaldía de Neiva, la ingeniera Diana Peña es la Coordinadora general de Vigías Ambientales, programa que se creó en el actual gobierno municipal para notificar a entidades y organismos encargados las infracciones que las personas cometen contra el medio ambiente. Peña no niega que a lo largo de esta gestión, el municipio ha sido muy receptivo frente a los casos de contaminación. Por eso, de forma concreta, enumera las jornadas de recolección de basuras en diferentes puntos neurálgicos de la capital que hoy son críticos. Presenta fotografías que evidencian las actividades realizadas con la comunidad junto a los vigías. “Estamos haciendo un diagnóstico sobre el estado actual de las fuentes hídricas para tener conocimiento de qué es lo que pasa. Hasta el momento se han diagnosticado un total de quince y se espera tenerlas completamente diagnosticadas en lo que resta del año”, puntualizó la funcionaria. Sin embargo, hasta la fecha no se ha incluido en el diagnóstico una visión detallada de lo que corresponde a la comuna siete.
A inicios del presente año, la Alcaldía a través de su página en internet, publicó un artículo que daba a conocer una jornada de recolección de residuos sólidos en la quebrada La Cabuya, concentrada sobre algunos barrios de las comunas siete y ocho. En la misma publicación, el Secretario de Medio Ambiente Germán Rodríguez Parra afirmaba que “la actividad hace parte de una serie de jornadas que iniciaron en esta zona de la ciudad y que se extenderán a otros sectores”. No obstante, un recorrido por este afluente demuestra lo contrario, en lo que concierne a los barrios San Martin, Ventilador y Calixto Leyva.
Al igual que Mauricio y María Elda, Don Elber Villanueva coincide en admitir falta de cultura dentro de una sociedad que no actúa por la preservación del agua y el entorno; zonas verdes y espacios destinados a la recreación o el deporte. “Es lamentable la situación; tampoco sé de ningún plan de la Alcaldía que venga a estos lugares (…) lo de los vigías ambientales menos lo conozco”, recalca el líder.
De lo mismo se lamenta Martha Cecilia Andrade, edil de esta localidad y habitante del barrio Calixto Leyva. Es Coordinadora del Comité Ambiental de los ediles y manifiesta que “infortunadamente no se ha tocado ese tema para nada. El más reciente aporte fue en la defensa del río Las Ceibas; más allá de eso no ha habido coordinación con los demás ediles alrededor de la conservación de quebradas, riachuelos y demás”.
¿Cómo salvarlas?
Recorrer las fuentes que existen en esta zona hace pensar en las dinámicas de vida de estos pobladores y en la efectividad de las gestiones de quienes ostentan un liderazgo, no solo comunitario, sino administrativo. Muchas de ellas ya están muertas. No hay rastros de agua que permitan pensar que existe una segunda oportunidad para ellas. Y lo único que hay responde al líquido que se estanca producto de las lluvias y se evapora con la exposición al sol. Don Elber sostiene que el trabajo mancomunado con los habitantes de la zona y el aprovechamiento de los espacios de participación es clave para construir planes que contribuyan a salvar las fuentes hídricas de la ciudad. Algunos entre críticas y sollozos, piden a gritos una solución. Otros, con su silencio, son cómplices de este desolador paisaje.
*Los nombres han sido cambiados por seguridad a petición de los entrevistados