En medio de aplausos y palabras de reconocimiento por parte del Concejo de Neiva, el pasado 16 de abril de 2026 el proyecto Caminemos por la Vida fue exaltado por sus 25 años de trayectoria, destacándose como una de las iniciativas sociales más importantes para el bienestar de los adultos mayores, no solo en la Universidad Surcolombiana, sino también en la ciudad de Neiva.

Sin embargo, su historia no comenzó en un escenario institucional. Hace más de dos décadas, en el barrio Santa Inés, un grupo de vecinos decidió reunirse para caminar y mantenerse activos. Lo que inició como una forma de despejar la mente —caminando por las calles del sector o en la cancha— terminó convirtiéndose en un proyecto comunitario que hoy reúne a más de 240 adultos mayores, entre los 50 y 90 años.

Encuentro comunitario

Más que una actividad física, Caminemos por la Vida se ha convertido en un espacio de encuentro y bienestar. Actualmente, los adultos mayores se reúnen en la Universidad Surcolombiana, en un lugar conocido por ellos como la “Casita Feliz”, ubicada detrás del antiguo gimnasio. Allí, cerca de 100 personas en promedio participan diariamente en actividades como caminatas, aeróbicos, danzas, natación, juegos de mesa y música.

Foto tomada por: Natalia Reyes

Estas actividades son orientadas generalmente por estudiantes practicantes de Educación Física. Sin embargo, programas como la Licenciatura en Artes, Enfermería, Comunicación Social y Periodismo y el Inderhuila también acompañan esta iniciativa desde diferentes perspectivas que incluyen cuidados a la salud, chequeos y recomendaciones para una vida más saludable.

Sin embargo, más allá de la agenda diaria, el impacto del proyecto es mucho más profundo: es un espacio donde los adultos mayores sienten que viven. “Hay muchos adultos mayores que están solos. Aquí encuentran alegría, esparcimiento y un lugar para compartir”, explica Wilman Bermeo, docente de música del grupo Alegres Caminantes.

Años de Experiencias

Para quienes hacen parte del programa, este reconocimiento llega como una validación a años de trabajo colectivo. “Ya era hora”, dice Gladys Camacho, integrante del grupo musical, quien lleva nueve años en el proceso. Desde su experiencia, envía un mensaje a los jóvenes: “Que no se queden en el celular, que hagan deporte, que vivan”.

Por su parte, el coordinador Miller Roa destaca la energía de los participantes: “Uno los ve siempre con entusiasmo, incluso más que a los jóvenes. Ellos llegan con ganas, con alegría”.

Foto tomada por: Natalia Reyes

A su vez, Gloria Luz Rojas, quien lleva apenas un año en el proyecto, asegura que su vida cambió completamente: “Me quitaron medicamentos, bajé de peso. Esto es una nueva vida”.

Incluso desde su organización interna, el proyecto demuestra una sólida estructura comunitaria. Ludari Zambrano, expresidenta del grupo, resalta el trabajo en equipo y la gestión que permitió alcanzar este reconocimiento: “Esto nos hace sentir que hicimos un buen trabajo”.

Reconocimiento

La exaltación, promovida por el concejal Roberto Escobar Beltrán, no sólo reconoce la trayectoria del proyecto, sino también una necesidad creciente: generar espacios dignos para una población que sigue aumentando. “Colombia está envejeciendo rápido”, advierte el coordinador del programa, Miler roa.

Foto tomada por: Natalia Reyes

En este contexto, Caminemos por la Vida se consolida como un modelo de inclusión social, salud preventiva y bienestar emocional.

A pesar de los reconocimientos institucionales, quienes hacen parte del proyecto saben que su verdadero valor está en lo cotidiano: en el café compartido, en las caminatas al amanecer, en la risa que rompe la rutina y en las miradas que reflejan experiencia y vida.

Y quizás ahí está la clave de su permanencia: no se trata solo de sumar años a la vida, sino de darle vida a los años.

Porque Caminemos por la Vida es más que un programa; es un lugar donde los adultos mayores vuelven a disfrutar, a compartir y a recordar que vivir también es reír, moverse y sentirse acompañados.

Fotos tomadas por: Natalia Reyes