Por: Carlos Romero Artunduaga

 

Literatura como remedio de indiferencia

Tenía 16 años cuando leí por primera vez la historia del viejo Tomas y la pequeña Hada, el relato en el cual un huraño viejo pescador demostraba a través de la ayuda mutua lo importante de vivir en paz y disfrutar la vida, me ha agradado tanto como a las personas que han escuchado a César Interpretarlo, sintiendo cada palabra mientras lo hace, me doy cuenta que la estrategia más conveniente para recetar su alma es la lectura y la escritura.

César, quien ha encontrado su hada (esa que regenero lo huraño del viejo pescador), en el trabajo que hoy realiza, no solo también ha leído el cuento, sino que recuerda claramente el día en que por instinto de pasión al arte, decidió atacar de frente la indiferencia de la ciudad. Con libros en mano, recomendados por la experiencia del buen lector, salió de su puesto de compromiso y bajo las miradas de los transeúntes del parque Santander, dejo salir el secreto que esconden las buenas historias y empezó a leer. Como la lírica de una buena canción, los cuentos que leía César fueron despertando el pulso emocional de las personas presentes y para cuando él se dio cuenta era escuchado por los necesarios, los que querían entender. Aquellas personas habían quedado relumbradas con el relato del viejo Tomas y la pequeña hada.

Cuando César me contaba este suceso de su vida, se podía percibir con tan solo un pequeño indicio auditivo, que le emocionaba lo que hacía pero que al igual que yo se sentía perturbado por muchas situaciones de la vida cotidiana, los problemas sociales, la religión, la indiferencia, lo autómata que hoy es la vida, son apenas unos de los cuantos temas en los que coincidimos en nuestro desacuerdo. Por fortuna él se ha encontrado con lo más humano posible de sí mismo y ha sacado de esa hada de las letras que le persigue, la manera de contraponerse a lo que nos rodea.

Lectura en voz alta; sonrisas para el alma 

 

César Caminaba a pasos largos por el centro de la ciudad, era el primer jueves del mes de Octubre y su compañero más insistente era el sol del medio día que no dejaba tregua, yo por mi parte, trataba de hacerme al paso que él llevaba mientras intentaba recordar los lugares por los que pasábamos. Las calles que rebosadas de vehículos, parecían las mismas, sólo variaban dependiendo del nivel de infracción o palabras no tan poéticas que decían los acalorados conductores, que vistos desde el otro lado de la acera parecían diluirse entre la cortina de vapor que levantaba el inicio de la tarde.

Nos dirigíamos nuevamente a la Biblioteca de la República y realmente lo anterior no parecía afectar a mi guía momentáneo de ciudad, él estaba satisfecho por el deber cumplido minutos antes en la lectura de los cuentos (Lectura en Voz Alta) con los niños internados en la clínica Medilaser, y aunque su sonrisa era evidente su auto-critica lo era aún más, pues en medio de todo lamentaba no haber narrado los cuentos a su manera, sin ayuda de libros, como lo había hecho en ocasiones anteriores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras Cesar, como los buenos artistas, agradecía por su recompensa de sinceras sonrisas en la mañana, a tan solo unos cuantos metros de distancia, un hombre delgado con su guitarra veía como las puertas de los colectivos le chapoteaban las narices en negación al ejercicio de su arte, una vez más se hacía evidente la caverna más recóndita y olvidada de la cultura de esta ciudad.

Al llegar a las afueras de la Biblioteca y luego de haber compartido una par de frutas para refrescar el camino, cesar se disponía a ingresar nuevamente a su trabajo. El reto que había dejado la mañana era recuperar la espontaneidad que lo caracteriza y lo más interesante era buscar entre sus recomendados y buenos autores, nuevos cuentos para la actividad en la clínica, que aparte de realizarse los días Jueves, también se lleva a cabo los Lunes.

Primeros indicios con la literatura

 El Joven recuerda, que como a muchos niños, a él le gustaba hacer diversidad de actividades antes que leer, su tiempo de lectura era limitado y aunque nunca fue mal estudiante, sus gustos en el Colegio Santa Librada, lugar en el cual termino sus estudios, empezaron a cambiar gracias a la profesora Alba en el grado Noveno, Según César, esta profesora acrecentó su gusto por las manualidades y lo indujo en el mundo del teatro. Con la obra “El Monte Calvo”, obra clásica de la dramaturgia colombiana, Cesar marcaba el segundo momento de sus intereses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El primer momento, el cual a mí me parece fundamental, se lo debe a la tía Rosa quien le contaba cuentos cuando apenas él tenía 4 años. Hay que decir que hoy 19 años después, César recuerda esos momentos como su primera aproximación con la literatura y aunque los cuentos hayan sido de vampiros y terror a él lo divertían y lo llevaban a la libertad de pensamientos, a esos mundos fantásticos, exentos de supeditaciones a los cuales suelen ir las personas cuando desarrollan el pensamiento, o simplemente cuando son niños.

César Augusto Gutiérrez, o como el seudónimo que suele escribir al final de sus cuentos “Zutanito” es funcionario de la biblioteca del Banco de la República, lugar al que ingreso en Diciembre del año pasado. Luego de describirme el dibujo que prácticamente le dio entrada en este trabajo puedo deducir que su genialidad es admirable, de algo sencillo como dibujarse en medio de una sala de libros narrando cuentos, hizo la mejor imagen de sus pensamientos logrando persuadir sin que él lo esperara a los administrativos que le darían el sí.

Mi encuentro con Zutanito y su fiesta literaria

Al bibliotecario lo conocí el 23 de Septiembre, ya lo había visto en muchas otras ocasiones, todas relacionadas con actividades culturales que ha realizado la biblioteca en la cual él trabaja. Ese Lunes 23, fue él quien me ratifico muy amablemente que estaba equivocado cuando intente ingresar 2 horas tarde a un taller de literatura, eran las 5:30 de la tarde y el encuentro de letras ya estaba por terminar.

10 minutos después insistí en ingresar por segunda vez al taller, pero me encontré a cesar nuevamente, en esta ocasión se encontraba decorando un espacio con bombas rojas y cintas del mismo color, al preguntarle de qué se trataba lo que hacía me respondió diciendo: “Es para la Fiesta Literaria, una actividad que se realiza los Lunes cada 15 días”. Luego en un tono agraciado me dijo que hacía lo posible por decorar el lugar para la temática de la noche en la cual se leerían poemas de amor, “esas son las consecuencias de que un hombre decore el lugar de un evento” termino diciendo con una sonrisa. A mi parecer se veía interesante y fue así como decidí quedarme a esperar la actividad.

Actualmente el joven vive con su madre y su hermana en el barrio Buena Vista en la comuna 7 de la ciudad. Desde pequeño y más con la iniciativa del teatro en su vida, Cesar se perfilaba como una persona diferente en su familia, pues en las intimas deliberaciones decidió no estar de acuerdo en muchas de las cosas a las cuales había estado sujeto desde siempre, empezando por la religión y hasta la profesión que hoy ejerce han causado controversia en muchos de sus familiares, pero aun así él ha sabido demostrar qué es lo que le gusta y a través de sus actos ratifica que seguirá haciendo lo que hace.

Mientras daban las 6:30 de la tarde, hora en la cual se daría inicio a la Fiesta Literaria, empezaban a llegar personas en busca de una buena actividad, entre los asistentes había poetas, estudiantes de la Universidad Surcolombiana, ingenieros, que luego agradecieron por el necesitado cambio de rutina, estudiantes de colegio y una arquitecta. Con el pasar de la actividad la dinámica era mucho más interesante e informal, cada persona debía leer un poema de los autores establecidos para la noche, pero el que lo viera necesario podía hacerlo con uno inédito. Con el transcurrir de los versos el tiempo de la noche se hacía mucho más apremiante y para cuando nos dimos cuenta, nos encontrábamos planeando el siguiente encuentro, que avecinaba botella de vino a bordo para hacer mucho más amena la siguiente Fiesta Literaria. La actividad ese lunes termino cerca de las 9 de la noche con la satisfacción de los participantes quienes encontraron en este espacio un compromiso ideal.

Aportes de sus actividades 

Debo confesar que mi interés por escribir esta historia radica en la cantidad de buenas energías que me generaron las actividades que César realiza gracias a la ayuda del Banco de la república, intentar darle fuerzas a este tipo de iniciativas alternas a la universidad es un trabajo de mucha dedicación y responsabilidad, además como la misión de la universidad Surcolombiana lo plantea, él está dando su mejor aporte a la región, porque esos espacios como me lo dijo días atrás, son de las personas que quieran participar y quieran encontrar un lugar donde puedan compartir sus sentimientos y gustos frente a los diversos temas que puedan plantearse.

El Lunes 7 de octubre, 15 días después de la anterior actividad, la temática a tratar era el cuento, Cesar ha escogido algunos libros que muy seguramente servirán en el transcurso de la noche, el clima a comparación de los días anteriores esta de parte de nosotros. Mientras llegaba la hora de dar inicio a la “Fiesta Literaria” César decidió acercarse al profesor José Enias Cuellar, la primera persona en llegar al encuentro, para que le diera sus opiniones frente al cuento “Confidencia de insomnio” que es de autoría del Joven y que más adelante leería para todos nosotros. La charla que decidí escuchar luego de que el profesor leyera el cuento de Zutanito, era una charla de escritor a escritor, el profesor quien le manifestaba sus felicitaciones, le dio algunos consejos basados en experiencias que ha tenido a lo largo de su vida y que muy seguramente lo harán más amante del arte que persigue.

Con cuentos alusivos a la fantasía de nuestra naturaleza se daba inicio a la noche de relatos, ya casi eran las siete y se podían percibir algunas caras nuevas con el interés de seguir asistiendo. Desde cuentos relacionados con la física hasta los relatos de amor tuvieron la atención de los 16 participantes que lograron deducir nuevamente que el éxito del espacio generado se lo deben a la expresión más linda de la libertad de la lengua, la lectura.