Las noticias muestran el disturbio, la piedra para lastimar y no para construir, muestran la tristeza, la ira, la violencia. Pero existe otro rostro, siempre existe otro rostro porque somos humanos, ambiguos, seres de infinitas posibilidades, todos lloramos pero también reímos y hay unas personas que saben hacerlo más que otras, hombres y mujeres que se aferran a la felicidad, que aman, se levantan con fortaleza y miran con sinceridad los ojos de quien les habla.
Hoy, 27 de Febrero, reconocí una vez más porque Colombia es un país bello y quienes son los que lo sostienen, compartí con estas personas, hombres y mujeres de tierra, hijos del campo que se vienen a dormir al asfalto porque se cansaron de no ser escuchados; ellos (nuestros campesinos) a pesar de haber soportado una larga jornada de resistencia, de haber llorado no sólo por los gases lacrimógenos que desde las 6am de hoy y desde hace dos días vienen atacando sus ojos sino también por la respuesta de esas sociedad que los acogió y ahora los anbandona a su suerte. Después de ver sus ollas, su ropa y su comida quemada o dañada, después de la indiferencia de la ciudad que sólo vive su centro y desconoce la periferia, después de todo esto aún pueden sonreír.
Te reciben con felicidad y te saludan, te ofrecen un pan, donde sentarte, un poco de agua y hasta te invitan a jugar. Hoy a partir de las 4 de la tarde el ambiente había cambiado, a pesar de la tristeza de algunos que miraban con desconsuelo sus equipos, sus elementos de trabajo, sus ropas y sus maletas quemadas o dañadas había un aire de esperanza, se hablaba de propuestas, de estrategias y de posibilidades. Los caficultores leían, jugaban futbol, escuchaban música popular, contaban chistes y dormían, las personas del barrio con amabilidad ofrecieron sus casas acogiendo a algunos y permitiéndoles pernotar, los jóvenes del barrio juegan con los campesinos y algunos hasta entran a las discusiones.
A pesar de los escombros en el lugar, de las heridas y del sol que como los agentes de la fuerza pública no se apiada y sólo cumple su trabajo, ellos, nuestros campesinos, resisten con su frente sudorosa en alto, construyen sus propuestas con sus manos grandes y entregan su sonrisa de gente buena.