Por: Carlos Romero

Daniel, un estudiante de administración de empresas, quien decidió que su fotografía no fuera publicada por este medio, aun recuerda la primera vez que llego a la universidad Surcolombiana, faltaban pocos meses para que terminara el año 2010 y como es de costumbre en los estudiantes nuevos, él se encontraba haciendo la fila para los exámenes de admisión que le darían la tan esperada entrada al periodo 2011-1.

Ya casi eran las dos de la tarde y como para matar el tiempo antes de ingresar a realizarse las pruebas, Daniel recuerda los temas de conversación que entablo con su madre ese día, hablaron sobre las maneras de vestir de los estudiantes, de lo orgullosa que se sentía la familia de él, de la independencia que iba a adquirir desde ese momento, pero cuando tocaron el tema sobre el bloque que se remodelaba frente al lugar donde ellos se encontraban, apareció un intruso. Según Daniel, el estudiante que intervino en la conversación se encontraba un puesto arriba de ellos en la fila, por lo que pudo conocer en ese momento, se trataba de un estudiante que había dejado dos años de derecho por estudiar literatura y que en un tono burlón empezaba a mostrar la realidad de las maravillas que se imaginaba Daniel. “Llevo dos años en esta Universidad y me han dicho que desde hace cinco se intenta acabar lo que se está haciendo ahí” con estas palabras se refería el joven curioso hacia lo que hoy es la biblioteca Rafael Cortes Murcia, pero que en ese momento era un bloque encerrado por tulas verdes que no lograban detener la cantidad de polvo ni ruido que generaban las construcciones que allí se levantaban.

El proceso

La historia de la biblioteca es tan antigua como la misma institución, y ha pasado por diferentes espacios desde que fue creada en el instituto tecnológico ITUSCO hacia la década de los años 70. Las diversas luchas tanto administrativas como estudiantiles han logrado algo que hoy es más que fundamental, la unificación de la biblioteca en una sede central, porque primeramente estuvo situada en el centro de la ciudad y de ahí paso a tener diversos espacios que no eran suficientes.

Con el pasar de los años se logra destinar el bloque en el cual hoy se encuentra la biblioteca, era un gran paso en esos momentos asegura Luis Alfredo Pinto, quien desde 1990 ha sido el director de la biblioteca y quien también presencio los intereses de la administración en dejar únicamente los dos primeros pisos como centro de lectura de los estudiantes.

De un colegio del norte de la ciudad era proveniente Daniel, él asegura que en ese colegio nunca hubo biblioteca y que el solo hecho de saber que en la USCO se construía una le parecía algo maravilloso. Cuando inicio sus estudios de administración de empresas se daba cuenta que lo que el joven le había dicho meses atrás en la fila de admisiones era cierto, pero a diferencia de otros estudiantes él conservaba su optimismo de poder ver la biblioteca terminada antes de culminar su carrera.

El proyecto de remodelación del bloque asignado para la biblioteca central había sido aceptado en el año 2003 y como suele suceder en la Universidad, el proyecto se guardó por algunos años hasta que en el 2008 con gran esfuerzo logra retomarse nuevamente. En palabras del director de la biblioteca, el plan retomado buscaba recuperar los dos pisos del bloque perdidos años atrás, porque era más que necesario que las instalaciones pasaran de 160 puestos de lectura a 540 que son los que actualmente se tienen.

Para los estudiantes que se encontraban en el año 2008 en la universidad, escuchar que se iban a terminar las instalaciones era reconfortante, pero pasaron tres años y aun no se concretaba nada, para el 2011 apenas se veían pequeños indicios de lo que se había dicho, tanto así que al ingreso de los estudiantes nuevos entre ellos Daniel serían testigos de lo que allí sucedía.

El panorama de estudiantes buscando tranquilidad para leer no era el mejor, los pasillos, las ágoras o cualquier espacio que se viera disponible era ocupado por los lectores que cada vez que podían mostraban su voz de indiferencia frente a los retrasos en las obras. Tras las intensas pujas universitarias por fin se veían avances y para comienzos del año 2012 las obras parecían terminadas, pues habiéndose suspendido el proyecto de remodelación inicial (2003-2004), se había reforzado la instalación con normas actuales como la de sismo-resistencia y cuando parecía darse fin a la larga espera por una biblioteca, resulto que para el primer aguacero, el techo de la ya terminada obra se cayó y como si fuera poco las instalaciones eléctricas no fueron certificadas, lo anterior mostraba la mala utilización de dineros públicos que involucraba desde contratistas hasta administrativos de la universidad (Rector, oficina de planeación) que debían responderle a los estudiantes y a la ley el por qué de esas acciones.

Pasados los problemas con los contratistas y tras la inversión de 2.000 millones de pesos en la remodelación, se abrieron las puertas de la biblioteca Rafael Cortes Murcia en el año 2012. Los estudiantes por fin tenían donde leer.

¿Ambiente propicio?

Hace dos semanas exactamente me encontré a Daniel, se hallaba leyendo un libro de Vargas llosa en el pasillo del tercer piso del bloque del auditorio, al preguntarle el por qué no utilizaba la comodidad de la biblioteca me respondió: No, lastimosamente en esa biblioteca hace más ruido que en cualquier otra parte de la universidad, si quisiera charlar con mis amigos y escuchar música, iría. Es una muy clara respuesta a la problemática que se ha generado en el centro de lectura.

Desde que se ingresa al bloque se pueden ver letreros como estos que en una biblioteca parecen de sobra, pues se supone que culturalmente el nombre “biblioteca” lo dice todo y por conocimiento general las personas buscan este espacio con el fin de encontrar tranquilidad a la hora de deliberar o leer individualmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniel salió traumatizado de la biblioteca, así se refiere él al día en que escucho a una de las encargadas de piso levantarse en menos de 10 minutos 7 veces a pedir que por favor se hiciera silencio, que respetaran los espacios, que allí se iba era a leer, pero sin lugar a duda la encargada que hoy se encuentra en la sala virtual, se rindió ante la indiferencia de los “estudiantes” que escuchaban música con sus celulares a alto volumen, que se contaban sus experiencias de fin de semana y que se demostraban sus muestras de amor en los rincones de la biblioteca.

Subutilización

Es evidente que los papeles se han volteado y lo que por años se ha conocido como protestas estudiantiles en contra de una mala administración, hoy se puede conocer como una gestión en contra de una mala cultura estudiantil. Para Helena Sánchez funcionaria de la biblioteca, los estudiantes no están dándole buen uso a lo que con tanto esmero pidieron, “desde las gradas de acceso ellos llegan hablando, y como solamente se tiene una entrada la congestión de estudiantes subiendo y bajando mientras hablan es desesperante en algunos momentos, yo creo que para empezar se deberían abrir las otras entradas para que se descongestionara un poco este lugar”.

Carlos Alfonso Sánchez, encargado de procesos técnicos, coincide con los demás funcionarios en que los estudiantes no saben darle uso a la biblioteca, “lo más preocupante, asegura Carlos Alfonso, es el desconocimiento de las herramientas que acá se les brinda a ellos, por ejemplo, las bases de datos que son muy útiles y por las cuales la universidad paga una buena cantidad de dinero, los estudiantes no las utilizan, ni siquiera las conocen”. José David Rivera, funcionario del alma mater, dice que actualmente se pagan de 130 a 150 millones de pesos por esas bases de datos y que de no ser por un convenio que la Universidad viene llevando a cabo con Colciencias, se tendría que pagar 1500 millones de pesos por las mimas. Alfonso Sánchez está seguro que si se pasa de puesto en puesto a ver qué está haciendo el estudiante en la biblioteca, se encontraría con que la gran mayoría está haciendo de todo menos cuestiones académicas.

En la institución existen siete bases de datos de las cuales la más utilizada es la de los estudiantes de ingeniería de petróleos “One petro” las demás Science Direct, Scopus, Redalyc, Dial net, Psicodoc, y Ebsco, están a la espera de ser más conocidas y utilizadas. Para José David se debe hacer un gran acompañamiento del docente para que el estudiante aprenda a manejar este tipo de herramientas.

Afortunadamente algunos estudiantes son consientes de lo que está sucediendo en la biblioteca y han decidió actuar desde proyectos como “Identidad Y Convivencia Ciudadana” que recoge estudiantes de todas las carreras que actualmente se encuentran preparando una encuesta (ENLACE DE LA ENCUESTA EN PDF) para poder diagnosticar de una manera más elaborada la problemática y así mismo poder actuar. La actividad “No Charles Chaplin” es una muestra evidente de que los estudiantes son capaces de plantear estrategias y soluciones que los lleven a desarrollar esa cultura del silencio y el respeto.

 

Por el momento, Daniel piensa en no volver a la biblioteca hasta que no se solucione la problemática, para él lo necesario no es el espacio sino la construcción de una cultura del silencio.