El día presagiaba una borrasca. Desde temprano, los más cercanos a la ribera del río recogieron sus enseres y los guardaron donde algún vecino salvador. A pesar del inclemente sol, todos sabían que esa nube gris que se acercaba traería la desgracia, los vientos eran cada vez más frescos y rápidos; dos gotas acompañan la escena.
Doña Blanca se refugia en su casa, de su chifonier saca el rosario roído que tantas veces le ha servido como protector, sabe que hoy lo va a necesitar.
Desde siempre el río Las Ceibas ha estado presente en la vida de la ciudad. Sus riberas esconden miles de historias que transitan como fantasmas entre los escombros.
El neivano se sentía orgulloso de su río, muchos de sus imaginarios se construían alrededor de él. Hoy, el mismo río convertido en cloaca pública y epicentro de marginales ha sido rechazado, le han dado la espalda, y bajo las toneladas de basura, enterraron su historia. Y la historia de la gente, de los barrios que lo ocupan.
El hedor fétido y nauseabundo de sus aguas no solo ambienta el paisaje moderno de la urbe, además, permeó el alma de los ciudadanos, sumergiéndolos en una cortina de indiferencia que perjudica no solo al río, sino a sus costeros tribunos, quienes por necesidad retan a la naturaleza, en un juego de ruleta rusa cruel e insolidario.
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La gente que habita el río es particular. Generalmente trabajan todo el día en negocios informales, que dejan el sustento diario. Otros deambulan en profesiones más estables, como maestros de obra, celadores, pintores, soldadores, mecánicos o ebanistas.
Son familias numerosas, por lo que es normal ver a cualquier hora del día, manadas de infantes realizando actividades en torno a sus aguas, sobretodo en épocas de vacaciones.
Contrario a lo que se pueda pensar, estas familias se preocupan mucho porque sus hijos reciban como mínimo una educación primaria y secundaria, que les permita acceder a empleos dignos y a ‘limpiar’ el honor de la familia.
Doña Blanca es una señora común y corriente, su marido está fuera de la ciudad, desempeñando la labor de ‘doblatubos’ en una petrolera, trabajo que aunque le genera buen dinero, lo obliga a dejar su hogar por tres meses. Llevan más de diecisiete años viviendo en el barrio Los Cámbulos, en la zona más cercana al río, y han criado a tres hijos y dos nietos.
* Foto principal: John Méndez
Ella es ama de casa, sin embargo, aclara frustrada que hace un tiempo tuvo una tienda, pero una creciente le daño la mayoría de las cosas, y decidió no volver a molestar con ese negocio.
¿Sabe qué pasa? –Le preguntó al periodista –que el problema del río no es acá, es arriba donde nace. La gente contamina mucho y a veces se tapa el cauce, eso hace que suba el nivel y se venga el caudal con barro, piedras, palos y todo. Aquí sí se aplica el dicho que cuando el río suena, piedras trae.
Dibuja una sonrisa de conformismo.
El periodista trata de mantener el curso de la charla mientras aparece la hija mayor con tres tazas de café.
Pero, si el problema viene de arriba, ¿cómo los afecta a ustedes tanto residuo que hay en el río? –Pregunta el periodista-.
Es que los problemas de quienes vivimos cerca al río son dos –Responde hábilmente la mujer- uno es lo que le digo, sobretodo en invierno, el caudal trae mucho desperdicio y a veces se forman avalanchas, que han arrancado casas de raíz, y han dejado a la gente en la miseria. Imagínese, si antes medio vivían, ahora cómo sobrevivirán.
El segundo problema son las enfermedades.
Para que me entienda periodista –continúa- como se da cuenta, parece que hoy va a llover, de repente con borrasca, y aunque no creo que se venga una avalancha que nos desbarate las casas, la humedad de la lluvia y los charcos que se forman traen mucha mosca y mucho zancudo. Eso causa epidemias que ni el Estado ha podido controlar. Sé del caso de una señora que vive más abajo, en una invasión, a quien un hijito se le murió de dengue porque no lo atendieron rápido.
¿Por qué no se han ido de aquí, qué los detiene? –Pregunta inocente el periodista, tratando de encontrar detalles en la pesquisa-.
Pues porque no tenemos plata –responde tajantemente la mujer- nos hemos inscrito más de tres veces para aplicar a algún subsidio de vivienda, pero como mi marido no tiene un empleo estable, difícilmente nos aceptan. Eso sí, en campaña política nos prometen que nos van a canalizar el río, que por aquí va a pasar un parque, que va a traer empleo, y un montón de promesas que se esfuman apenas salen elegidos.
Además acá tenemos los amigos, y más que irnos, sería bueno pensar cómo se podría mejorar la situación en este barrio –cierra la conversación. No quiere hablar más de eso-. El periodista lo entiende y se manda un sorbo de café.
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El río Las Ceibas atraviesa de oriente a occidente la ciudad de Neiva, además, su cuenca es uno de los ecosistemas más importantes del Huila, porque suministra agua potable para el consumo a los habitantes de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años se ha deteriorado ambientalmente, afectando a por lo menos 600 familias que habitan en el área rural de la cuenca, y perjudicando el abastecimiento de agua a 350 mil personas aproximadamente.
El ciclo natural del agua tiene una gran capacidad de purificación. Pero esta misma facilidad de regeneración, y su aparente abundancia, hace que sea el vertedero habitual en el que se arrojan los residuos producidos por las actividades humanas. Pesticidas, desechos químicos, metales pesados, escombros… que se encuentran en cantidades mayores o menores, están contaminando las aguas hasta el punto de hacerlas peligrosas para la salud, y dañinas para la vida.
Además, la contaminación de la cuenca del río Las Ceibas ha provocado desastres naturales que afectan a todos los habitantes de Neiva, sobre todo a quienes viven en sus riberas.
El Grupo de Trabajo Académico en Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Nacional Manizales, adelanta proyectos encaminados a la prevención de desastres naturales que se presentan en diferentes regiones del país. Uno de ellos, es el Sistema de Alerta Temprana y Prevención Desastres en la Cuenca del Río Las Ceibas, ubicado en el municipio de Neiva, con el cual se pretende educar y alertar a la población en caso de presentarse algún tipo de desastre en la zona.
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Después del café el periodista y doña Blanca recorren el lugar, analizan las clases de residuos que desvían el cauce del río, y los muros de contención que se levantaron después de la última avalancha.
-Antes la gente hacía paseos acá, es una lástima que los mismos neivanos lo hayamos dejado morir. Las Ceibas sólo sale en noticieros cuando arrastra alguna casa.
Yo recuerdo que muchas veces nos propusimos limpiar el río, hacíamos bazares y almuerzos colectivos para educarnos sobre el manejo que debíamos tener con él. Después nos dimos cuenta que no solo éramos nosotros los que contaminábamos, la gente que pasaba en carro desde los puentes arrojaba cualquier clase de porquerías. A una señora que tiene una casa de madera justo al pie del río, le cayó encima de su techo un perro muerto que habían lanzado del puente, y el olor le tocó aguantárselo más de una semana por que no sabía de dónde venía. Dígame si eso no es inconsciencia de la gente. Y eso que acá está más limpio que abajo, por los lados del barrio Aeropuerto, y de la antigua olla de la quinta. El periodista solo asiente con su cabeza.
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Frente al proyecto del monitoreo del río Las Ceibas, Fernando Mejía Fernández, docente e investigador del Grupo de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Nacional de Manizales afirma: “Sabemos que el río Las Ceibas atraviesa la ciudad de Neiva y frecuentemente manifiesta crecidas y avalanchas que afectan no sólo la estructura vital de la ciudad, sino también las comunidades asentadas en sus orillas, por esta razón, Instituciones de la región quieren enfrentar el problema, generando señales de alerta temprana en la población”.
Además de la Universidad Nacional de Manizales, también participan en el proyecto: la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena CAM, las Empresas Públicas de Neiva y la Gobernación del Huila, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO.
Según Mejía Fernández: “en este momento estamos ejecutando la primera fase, que consiste en montar una estación receptora en Neiva, una estación repetidora en Cerro Neiva y una primera estación hidrométrica en el cauce del río aguas arriba. Estas estaciones nos ayudarán a recibir y emitir señales de crecida del río, que permitirán la evacuación a tiempo de las personas que allí viven”.
El desarrollo del proyecto cuenta con la vinculación de la Universidad Surcolombiana, la cual realizará un trabajo de recepción, ordenación, procesamiento, análisis, interpretación y uso con fines investigativos de los datos que generen las estaciones.
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El barrio Los Cámbulos hace parte de la comuna dos, dentro del espacio de división política de la ciudad de Neiva. Esta comuna es denominada ‘Comuna Nororiental’(Ver:www.pedrosuarez.com/index.php) Comprende los siguientes límites: partiendo del puente Misael Pastrana Borrero sobre el Río las Ceibas, se sigue en sentido norte por la carrera 2a hasta la calle 58, luego continúa en sentido oriental hasta la intersección de la calle 61 con la carrera 5a, de ahí continúa por la vía férrea hasta la calle 64, se sigue en sentido oriental por la calle 64 hasta la tabacalera, con la intersección de la línea del perímetro urbano con el barrio Villa Cecilia, de ahí se continúa en sentido sur por la línea del perímetro urbano hasta llegar al Río Las Ceibas, por este aguas abajo hasta el Puente Misael Pastrana Borrero, punto de partida.
Comprende los siguiente barrios: Aeropuerto, Álvaro Sánchez Silva, Santa Lucía, Los Cámbulos, Santa Clara, Los Molinos, Las Granjas, Las Villas, Bosques de Tamarindo, Santa Mónica, Barrio Municipal, El Cortijo, Álamos Norte, Los Pinos, Gualanday primera y segunda etapa, Los Andes, Villa Milena, Villa Cecilia, Prado Norte, Villa Carolina, Venecia, Villa Aurora, Villa Esmeralda, Villa Urbe, Versalles, Camino Real, Capri, Málaga, Esmeralda, El Rosal, Santa Ana, San Diego, Villa Flor, Villa del Prado, Cataluña y Portal de la Calleja.
Doña Blanca sostiene que los planes de contingencia por parte de las autoridades locales han sido precarios.
-Aparte de los muros de contención no se ha hecho nada más, sólo cuando ocurre la tragedia es que aparecen con discursos refritos de lo mismo. La comunidad algunas veces ha hecho uso de los medios de comunicación para visibilizar la situación, pero la indiferencia ciudadana también es un obstáculo.
El periodista por algún motivo siente culpa frente a esa acusación.
Cae la tarde. Se guardan cámaras y grabadoras con el concierto de chicharras tropicales y renacuajos celosos. La despedida es correspondida con una última taza de café.
Por ahora, los habitantes ribereños guardan la esperanza de que el río vuelva a ser el de antes, se han propuesto a rescatarlo de la basura y del olvido. Doña Blanca seguirá esperando a su marido en la mecedora que la consuela en las tardes.
Finalmente no llovió, y la señora de la casa de madera, podrá dormir con la seguridad de que el río, por hoy, no le va a arrastrar su hogar. Aunque su techo aún huela a perro muerto.