“se agachó…estaba nerviosa, se le notaba con miedo”
10 de agosto de 2026, Lupe una Beagle de 5 años, regordeta y efusiva, había despertado con el sol. Aunque no era usual de ella levantarse sin los respectivos mimos y caricias de su familia, ese día le había bastado con los de ‘mamá’. Se levantó alegre como de costumbre y empezó a buscar a su compañera de juegos y aventuras: Cloe, una Pomerania de 5 años.
Eran las 7:32am Mamá y Lucy ya estaban por fuera, papá hacía home office y Cata seguía durmiendo. Lupe y Cloe se encontraban tranquilas en la sala, todo apuntaba a que sería un día más en la normalidad de sus vidas.
Pero de repente aconteció lo impredecible, el piso temblaba, los cuadros de la pared trataban de huir de su lugar y el ruido que producían las sillas al chocarse con el comedor de vidrio era aterrador, estaban viviendo un auténtico terremoto.
Asustada, Lupe se escondió bajo la mesa. Tenía miedo, se reflejaba en su dulce rostro agachado e inmóvil. No emitía sonido alguno, solo se acurrucó.
Cloe, por su parte, era la encarnación de la diosa Irene, solo reflejaba paz y tranquilidad, quietud y calma. Cata despertó, empezó a llamarlas junto con papá. Cloe, caminó serenamente hacia donde la llamaban y Lupe poco a poco fue respondiendo. Sin embargo, la angustia que llenaba los pasillos del edificio impedía que reaccionaran por completo.
Había pánico en los pasillos, las personas no sabían si subir o bajar, a quien seguir o a quien escuchar; pero, mientras todos corrían, Lupe y Cloe, sin collar ni correa, apenas trataban de no caer por los huecos de las barandas del decimo piso que albergaba su hogar.
Cuando por fin pudieron evacuar y la tierra dejó de moverse, ambas empezaron a reaccionar. Se percibía la desesperación colectiva en la atmosfera de la calle novena. Había miedo en los rostros ajenos, y lagrimas en los conocidos.
La tragedia después de la tragedia

De repente, otro golpe sacudió a esta familia. Se escuchó un grito ¡LUPE! en su cuello yacía la mordida de un igual.
Una aterrorizada can, consumida por la rabia y la confusión del momento se abalanzó sobre Lupe y clavó sus colmillos en el cuello de esta joven canina. Ofuscada por el terremoto y aterrorizada por el desorden que sus vecinos provocaban, la adrenalina supo como filtrar su dolor.
De inmediato se subieron al carro en busca de un doctor que, aún en medio del desastre, pudiera tratar su mal. Afortunadamente, la herida que el mordisco dejó no se agravó. No obstante, las consecuencias de los hechos ocurridos ese fatídico 10 de agosto cobraron factura los días posteriores.
Lupe emocionalmente se recuperó. Tardó poco más de 24 horas en recuperar su semblante vivaz, y después de este tiempo ha tratado de pelear la batalla por su recuperación física con la mejor actitud.
No obstante, Cloe pareció verse mas afectada. Durante los días siguientes su actitud continuó igual que durante el terremoto: pasiva y serena, algo poco usual en ella según describe su familia. Cloe se caracteriza por ser muy juguetona, pero después de estos eventos parece que actúa con cautela y precaución. Mira para todos lados cuando la llaman, y camina despacio como si el piso fuera a quebrarse una vez más.

En definitiva, son una muestra de que tragedias tan inesperadas como esta no traen consigo solo daños materiales, o para los seres humanos; sino en cambio, para todos los seres vivos.
Entonces ¿a ellos también les pasa?
Pero el impacto no termina cuando deja de moverse la tierra. Los cambios bruscos en el entorno también pueden convertirse en una fuente adicional de estrés.
En entrevista con el periódico La Patria, Marlon Andrés Muñoz Gómez, médico veterinario, magíster en salud animal y docente de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA), explicó que una situación estresante puede elevar los niveles de cortisol en las mascotas y desencadenar síntomas como alteraciones del sueño, cambios en la alimentación, diarrea y deshidratación.
Lo que los animales experimentan después de una emergencia también ha sido estudiado desde una perspectiva más amplia. En Psychological Trauma in Animals, publicado en las memorias del Congreso de la World Small Animal Veterinary Association en 2018, el médico veterinario Franklin D. McMillan señala que los animales pueden presentar respuestas de estrés y alteraciones en su comportamiento después de experiencias traumáticas.
Sin embargo, advierte que la investigación sobre el tratamiento de estas consecuencias todavía es limitada y que, en muchos casos, se trabaja principalmente sobre los síntomas.
Por eso, la recuperación de nuestras mascotas no depende únicamente de atender sus heridas visibles. También implica devolverle, en la medida de lo posible, aquello que la emergencia alteró: la sensación de seguridad.
¿Qué debo hacer?
Así como la familia de Lupe la llevó inmediatamente al veterinario para tratar su herida, también tomaron las medidas que Muñoz Gómez recomienda para aliviar las notorias repercusiones en Cloe. El doctor recomienda crear entornos similares a los habituales para ayudar a restablecer el vínculo entre el animal y su cuidador. “Si estamos desestabilizados, ellos lo van a percibir porque son más sensibles, hay que procurarles estados de calma”.
Nuestras mascotas siempre han estado para alivianar nuestras cargas, ahora es tiempo de que nosotros los ayudemos a sentirse seguros y encontrar en nosotros, nuevamente, un hogar.
