Por: Danna Lizeth Tinoco Reyes   

Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

La Biblioteca Popular, ubicada en el barrio las Palmas de la ciudad de Neiva, llevaba ocho años cerrada. El lugar público ya no era accesible, los libros se habían desgastado y reposaban sobre el polvo. Fue fundada hace aproximadamente 12 años por los lideres y lideresas del barrio, luego se cedió el lugar por parte de la Comisión de Cultura a un líder social (su nombre no fue facilitado para proteger su identidad) que pertenecía a la Junta de Acción Comunal, con el objetivo de dinamizarlo culturalmente; sin embargo, sugieren algunos habitantes del sector, dicha persona no le permitió a la comunidad aprovechar el espacio, por lo que el mismo fue abandonado.

Alejandro Martínez es un joven líder de la comuna diez. Durante años ha acompañado los procesos desde su colectivo Bareque en Las Palmas. Identificó la necesidad de un espacio en donde los niños, jóvenes y adultos pudieran construir memorias colectivas, intercambiar saberes y acercar a las personas que le apuestan a la paz. Así pues, este joven advirtió en la biblioteca abandonada una gran oportunidad.

Biblioteca abandonada, antes de su recuperación.

Un proceso de comunidad y paz  

La Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) lanzó el tema de las agendas territoriales en el mes de julio para dialogar y crear una agenda departamental de reincorporación comunitaria. Al respecto, propuso un diplomado para la paz, el cual estuvo integrado por jóvenes, participantes de las Juntas de Acción Comunal (JAC), firmantes, personas del común y artistas que impulsaron la propuesta de Alejandro para realizar una réplica de la biblioteca. Dicho diplomado se realizó a finales de julio del presente año. Esto no fue un camino nada fácil, menciona Johana Vargas, secretaria de la JAC: “nos tomamos la Biblioteca Popular de Las Palmas, fue un proceso de tres años, tratando de recuperarla y decidimos hacerlo junto a los compañeros del proceso de paz”.

 En el diplomado se propuso hacer una réplica de la mencionada biblioteca: “lo que se hace es una acción de movilización porque se toma a la fuerza la biblioteca, pero en realidad se recupera”, destaca Santiago Artunduaga, comunicador de las agendas territoriales de reincorporación comunitaria en Neiva. Cabe señalar que el lugar estaba descuidado, los habitantes no podían hacer uso de un espacio transformador que les brinda la oportunidad de educarse, reconocer, actuar, crear y tejer sus saberes.

 “Se buscaba que pudiera impactar en tres formas: primero, la formación política de líderes y lideresas; segundo, la dinamización cultural y tercero, un espacio de conocimiento, de sabiduría en la circulación de los libros y del conocimiento popular”, afirma Alejandro Martínez. Desde este escenario se construye paz a través de la unidad de la juntanza; el mismo, no hubiera sido posible sin los líderes y lideresas de Neiva, sin la Red de Formadores de para la Convivencia y Paz, la JAC y sin los habitantes de la Comuna 10, “estamos aquí presentes construyendo paz desde la biblioteca, los libros, los murales e incluso desde el dibujo y la comunicación popular”, agrega Alejandro. Le apuestan a que la comunidad aprenda las narrativas audiovisuales para que narren la comuna desde sus realidades, experiencias, e inviertan su tiempo libre en actividades que fortalezcan el desarrollo comunitario.

El trabajo comunitario impulsado para sacar adelante esta biblioteca, tuvo como guía la normatividad que rige a estos espacios a nivel nacional. Así pues, la Ley 1379 de 2010 establecida en Colombia tiene el propósito de “definir la política de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, regular su funcionamiento y establecer los instrumentos para su desarrollo integral y sostenible”. Es decir, hace parte de la política cultural asociada a la lectura y debe integrarse a los planes de desarrollo económico y social. Como se menciona en el artículo 5, primer ítem, se debe “garantizar a las personas los derechos de expresión y acceso a la información, el conocimiento, la educación, la ciencia, la tecnología, la diversidad y al diálogo intercultural, nacional y universal, en garantía de sus derechos humanos, fundamentales, colectivos y sociales”.

En el capítulo II, artículo 11, esta ley indica que el servicio de funcionamiento de estos espacios debe ser frecuente: “la jornada mínima de prestación de los servicios de consulta a cargo de las bibliotecas públicas de la Red Nacional de Bibliotecas no podrá ser inferior a las 40 horas semanales, y debe incluir los sábados y en lo posible, los días domingos y festivos”.

Según una investigación de la Universidad de Antioquia (UDEA), las bibliotecas populares en América Latina tienen como origen la autogestión y trabajo popular. Además “la biblioteca pública popular es una institución social que responde a la carencia de un sistema bibliotecario estatal fuerte y que cubra a gran parte de la comunidad” (38 p.) con lo cual (salvo en la tipología de bibliotecas empleada) se está de acuerdo ya que se reconoce a las BP como la respuesta a un Estado con falencias.

Contexto histórico

La ciudad de Neiva está alrededor de muchos asentamientos informales. Sus habitantes son, en su mayoría, población víctima de conflicto armado. A causa de ello, cuando se legalizaron, los fundadores de estos barrios estuvieron en medio de la guerra; por eso, se presenta estigma frente a sus habitantes. “Es una comuna estigmatizada, pero también es una comuna con mucha proyección en la que desde siempre se han liderado procesos, inclusive el programa de Comunicación Social y Periodismo tuvo una emisora comunitaria”, dijo Santiago Artunduaga.

En el Sur Oriente de la ciudad de Neiva, en el barrio Las Palmas, que pertenece a la Comuna 10, siempre se ha vivido un contexto de invisibilización por parte de las administraciones municipales. El barrio surgió a partir de los años 1970 y 1980, “un territorio que estaba habitado principalmente por personas que venían de la violencia, el conflicto armado cerca del Huila y que encontraron en esta parte del territorio neivano una forma de habitar y vivir, pues creció así, primero como un asentamiento”, refiere Alejandro Martínez. Así mismo, se ha caracterizado por tener cierta conflictividad con diferentes temas como violencia de género, jóvenes y niños. Más allá del estigma representa un factor histórico muy importante porque de allí nacen las luchas comunales, de las cuales surgieron líderes y lideresas que ahora les están aportando a Neiva.

Resistencia desde la memoria y cultura

“Iniciamos con el cambio de la guarda de la puerta y también un pequeño lavado”, asegura Johana Vargas. En este sentido, buscaban crear un espacio ameno, comunitario, de encuentro; sembraron matas, los niños ayudaron a pintar los murales y a limpiar libros entre risas; les leyeron cuentos, los adultos se encargaron de cargar los libros, trasladar las cosas pesadas, y de tiznar la olla y ponerla al fuego para la chocolatada.

Niños del barrio, pintando la fachada de la biblioteca.

La lucha cultural vive en tiempos de conflicto. “El objetivo es atraer niños, sacarlos de las calles, del internet, y apoyarlos con su desempeño académico”, agregó Jhoana. En la biblioteca aún reciben donaciones de libros para ampliar las categorías de lectura e investigación. 

Dentro de este marco ha de considerarse que el mural allí pintado no es una simple imagen, ni los libros la única referencia de la biblioteca. No. Estos símbolos están enmarcados de unos conceptos clave para la paz: diálogo, reconciliación y empatía “todas estas cosas las hacemos para que, por ejemplo, este mural que adorna el espacio, sean muy pedagógicas y que transmitan”, recalca Santiago Artunduaga. De ese modo, el proceso tiene proyección: “en las Palmas siempre se han realizado procesos sociales y comunitarios, trabajado con los jóvenes y con la comunidad”.

También en el marco de los procesos comunitarios ya mencionados, desde el arte y la cultura en Las Palmas, Mayra Alejandra Méndez Cárdenas, coordinadora; y Diego Fernando Castro, subcoordinador de la Agrupación Artística y Cultural Dejando Huellas, han decidido aportar un granito de arena para fomentar la paz por medio de la danza. Esta agrupación está conformada por niños vulnerables, de escasos recursos: “la paz se construye empezando por uno mismo, siempre tenemos que tener en cuenta que, si nosotros buscamos violencia, vamos a hallar más violencia”, argumenta Mayra. Los problemas se solucionan no buscando conflicto con la persona; al bailar, los disgustos se dejan a un lado y se crea una convivencia que repara rupturas.

Esta biblioteca se convierte en un símbolo vivo de la capacidad transformadora de la comuna diez. Más que un espacio físico, es una construcción de memoria colectiva que desafía estigmas y fortalece el desarrollo cultural, escenario en el que se cultivan destrezas. En cada proceso y reconocimiento que tienen, dejan una parte de ellos. Reflejan el poder de una comunidad unida por el aprendizaje y la cultura.