Por: Ana Erazo*
Aun retumban nuestras voces pidiendo la paz con justicia social. Aun suenan las consignas pidiendo lo que hoy se queda por fuera del acuerdo entre Santos y las FARC. Y no es que no esté de acuerdo. Desde que se empezó hablar de los diálogos en La Habana, tanto académicos, como el movimiento social hemos salido a apoyar la “iniciación” del proceso de paz.
Pero mientras se habla de paz (esa palabra que desde hace dos años se pronuncia sin cesar) en La Habana, en Colombia se continúa actuando para la guerra. El modelo de despojo, que como el lobo que se viste con el traje de la abuela, aquí se viste con el nombre de “paz, equidad y educación”, no sólo trae acaparamiento de tierras en el campo y la ciudad, despojo de nuestros derechos humanos y desigualdad económica y social. También continúa trayendo la muerte de los hijos e hijas del pueblo.
Hoy Colombia se indigna ante la muerte de los once soldados del Ejército Nacional, y con justa razón. Son hijos de mujeres, que nada tienen que ver con esta guerra. Pero mientras los medios masivos de comunicación y los altos mandos del Ejército Nacional adecuan las noticias de manera amarillista para conmover al ciudadano o ciudadana del común, callan el asesinato de los otros hijos del pueblo. Si, esos, los campesinos e indígenas, cuyas madres también lloran, y que tampoco tienen que ver con esta guerra.
Ya Colombia entera conoce la muerte de los once soldados. Que por favor conozcan la muerte del comunero indígena Siberston Pavi del resguardo de López Adentro, por ataques del ESMAD en el proceso de liberación de la madre tierra. Sumado a la muerte de seis comuneros y dos desaparecidos más en el Municipio de Suárez, todos en condiciones aún no claras, pero que habitaban la zona en la que se adelantan enfrentamientos entre el Ejército Nacional y las FARC. Esto solo por nombrar algunos casos; ya conocemos que este contexto se repite en todo el territorio nacional.
¿Qué acaso la sangre del pueblo indígena y campesina no merece ser llorada por colombianas y colombianos? Aun me sigo preguntando las intenciones de acallar tanta muerte causada por el Estado, y considero necesario exigirle a Santos una explicación franca sobre la situación de las comunidades que hoy son afectadas por el conflicto armado.
Mientras se habla de paz, Santos impone un Plan Nacional de Desarrollo que deja sin tierra al campesinado para entregarla a las multinacionales y transnacionales. Aunque haya cambiado el nombre, no frena su locomotora mineroenergética, entregando licencias ambientales y dando concesiones mineras para la explotación de la madre tierra, desplazando indígenas, campesinos y afrodescendientes. Y finalmente, su programa de investigación y formación educativa se queda en dar resultados para la OCDE y el modelo de mercado.
Mientras se habla de paz, Santos no cumple los acuerdos pactados con el movimiento social. No viabiliza la restitución de tierras a los indígenas, expulsa afros de su actividad histórica de minería artesanal, no reconoce al campesino como sujeto de derechos, y contrario a todo ello, genera conflictos interétnicos. Sigue hablando de paz, mientras no actúa con el cumplimiento de los ocho puntos del pliego pactado con la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular.
Mientras se habla de paz, Santos responde ante las exigencias y luchas del movimiento social y urbano popular con represión. No desmonta el ESMAD, ni brinda garantías a la oposición.
Como sujetos políticos en el movimiento social, hemos insistido en que la paz si, pero no así. Que no se equivoque el que dice que estamos dispuestos a entregar nuestras luchas por la construcción de paz. Al contrario, exigimos que el acuerdo/dialogo, debe ser un proceso que tiene que construirse desde las agendas del movimiento social. Que a la mesa le faltan voces y que para que haya paz con justicia social, debe haber cambios en el modelo económico que hoy se caracteriza como de despojo. En concreto, que la paz no puede continuar siendo una retórica.
Hemos caminado largos años siendo oposición al modelo y a los gobiernos que le han encarnado, y estamos seguras y seguros de que así seguirá siendo. Hoy le exigimos al gobierno de Santos que explique claramente qué proceso de paz está construyendo, porque no se puede hablar de paz, mientras se sigue derramando la sangre de nuestros pueblos.
Como mujer y como sujeto político que sueña con la vida digna, exijo la paz con cambios; cese bilateral al fuego ya; diálogos públicos con el ELN e iniciación de diálogos con el EPL. Pero sobre todo, exijo la instalación de una mesa social donde mi voz y la voz de quienes hemos vivido estos 50 años de conflicto puedan ser escuchadas. Porque a la paz le faltan acciones reales, y por supuesto, voces.
*Ana Erazo es politóloga de la Universidad del Valle y urbanista de la FLACSO Ecuador. Pertenece al Equipo Político y al Comité Ejecutivo Nacional de Poder y Unidad Popular. Congresista de los pueblos y al Polo Democrático Alternativo. UTL del Senador Alberto Castilla.
Vía: http://poderyunidadpopular.org/