Los jóvenes que recorrieron los recónditos de la USCO, vivieron los saberes en las aulas de clase del Colegio Departamental Femenino o en inmediaciones de la calle novena con carrera séptima, aún cuentan sus experiencias de ese primer semestre. Fueron ellos los que le dieron los primeros tonos al ambiente universitario y marcaron sus huellas en la Universidad del Huila. Los que hicieron eco en la memoria del sur colombiano.
Con avidez y ansiedad los bachilleres llegaron a la institución, que se convertío en la solución para acceder a la educación superior sin tener que cambiar ciudad. Se desplazaban de sus municipios pero en general el ser huilense los marcaba. Llegaban con la intensión lúdica de participar en eventos deportivos, en el arte y en general de los procesos universitarios.
Solían ser personas con tendencias ideológicas y culturales formadas.
En adelante como jóvenes mayores de edad, trabajadores y con ganas de progresar, tenían claro que la exigencia era lo más importante en su preparación como profesionales: “venían a lo que venían”.
La mayor parte del tiempo permanecían en la biblioteca sumergidos en los conocimientos. Sus días transcurrían del trabajo a la Universidad y de la Universidad a los hogares a realizar las tareas. Eran tiempos donde todo era manual y presencial. Los conocimientos sobre computación eran mínimos y la red aún era teórica.
El recibimiento con sus nuevos compañeros pasaba por la cordialidad. Con el tiempo solo la amistad concebía los apodos y las bromas.
Así, han transcurrido los años, las décadas. Los jóvenes siguen acudiendo desde y por los mismos senderos, y aunque la Universidad los acoge, los ubica y los alienta desde el inicio con la inducción, atrás quedaron las bienvenidas con ponqué, serpentina y música, que organizaban sus nuevos compañeros: estudiantes de semestres más avanzados. Que además los apadrinaban.
Generalmente el rasgo de jóvenes unidos y solidarios se genera como una estrategia para no ser vulnerables a las bromas de las que semestre a semestre son parte. Pero no parece funcionar: solos o acompañados los baños de agua, los chiflidos al tropezar con los envases de gaseosa y las caminatas que por desconocimiento del campus o despistados le hacen emprender, no cesan.
Desde el 1996 que se extendió la primera red de internet, de 64k, a la fecha, han dejado de lado el walkman de casette y posteriormente de CD. Y ahora son los teléfonos inteligentes, los computadores portátiles y las influencias de la web, los que demuestran que en la USCO los estudiantes de primer semestre marcan el inició o mejor la evidencia de que nuevos tiempos han llegado y vendrán.
Son nuevas estéticas las que habitan en la USCO, pero también son las mismas de hace 43 años. Pero sobre todo son muchas dinámicas, muchas expectativas, muchos interrogantes los que conviven y se cualifican en la Universidad del sur colombiano, donde desde siempre todos llegan con la expectativa de poder ser mejores al ritmo y deseo de cada quien, pero con el acompañamiento de los docentes, el ambiente universitario y la administración del Alma Máter.



