Por: Pablo Emilio Escobar Polanía, Miembro de Número de la Academia Huilense de Historia
Palabras del historiador huilense Pablo Emilio Escobar Polanía, en la sesión solemne organizada por la Academia Huilense de Historia para conmemorar la fundación de la ciudad de Neiva el 24 de mayo de 1612 por don Diego de Ospina y Medilla.
Sin lugar a duda, hoy, 24 de mayo, cuando conmemoramos la fundación de la ciudad de Neiva por don Diego de Ospina y Medinilla en 1612, es la fecha más indicada para rememorar un poco el proceso de poblamiento del ejido que la corona española, por intermedio de su Gobernador y Justicia Mayor, Antonio Wandall, escrituró a la ciudad para su futuro ensanchamiento y uso comunal.
Reconstruyendo ese proceso a principios del siglo XX, varios autores nos ofrecen una imagen muy localizada en la primera planicie de la ciudad de hoy, alargándose al Oriente en paralelo al Rioloro y ensanchándose hacia el Nor-oriente aguas abajo del Rio Magdalena hasta el Puerto del Caracolí. Ya por entonces existía el actual sistema vial conformado por calles y carreras numeradas, y algunos tramos de vías tenían nombre propio. Eran sus ejes viales más importantes la Calle Real, que pasando por la ciudad comunicaba al Sur del país con el Norte del mismo, y la calle octava que se proyectaba hacia la ruralidad del Oriente. Por entonces, se encontraban despobladas, poco pobladas y/o dedicadas a cultivos, la parte de la primera planicie ubicada a la izquierda del Rio Las Ceibas hasta su desembocadura al Rio Magdalena, y la segunda planicie del ejido, que todo indica, desde las Ceibas hasta Rioloro era conocido como Abichinte, pero más tarde, a medida que se fue poblando una primera parte de la terraza, desde el barrio Obrero de Las Quebraditas hasta La Toma, fue nombrado como El Altico.

Documentalmente es difícil establecer el momento preciso en que con el nombre El Altico comenzó a designarse, desde principios del siglo, la mitad del amplio llano En contraste, se puede aseverar que toda la inmensa terraza, que se extiende desde la margen derecha del Rio del Oro hasta la margen izquierda del Rio Las Ceibas, limitando al oriente con la Hacienda El Chaparro y al occidente con la ciudad, ya para el 15 de marzo de 1900, cuando en la Guerra de los Mil Días se libra la Batalla de Matamundos, era conocido como Llano de Abichinte, según lo refiere en su informe al gobierno nacional, acerca de la batalla, el General Nicolás Perdomo, jefe de las vencedoras tropas oficialistas[i].
En esta ocasión, y con el ánimo de ofrecer una visión histórica documentada, recurriré a los actos administrativos de una de las instituciones públicas más antiguas de la ciudad: los Acuerdos emanados del Concejo Municipal de Neiva, haciendo la claridad de que estos archivos, digitalizados gracias a la iniciativa de Hernando Fajardo, ejemplar y diligente funcionario municipal, solo se conservan a partir del año 1930.
Una primera aproximación a lo que se consideraba el área urbana de población nos la ofrece el Acuerdo 50 de 1934, al establecer el siguiente perímetro: “Por el Norte, quebrada de La Toma; por el Sur, Rioloro; por el Oriente, los barrancos altos que la dividen del barrio denominado Altico; y por el Occidente, con el brazuelo del rio Magdalena”. Este mismo Acuerdo, al ordenar que en lo sucesivo el ancho de las calles en proyección sería de veinte metros, tomando como eje el de las ya existentes -de dieciséis metros- comienza a darle un nuevo ordenamiento vial a la parte llamada “área urbana de población”, y a proyectar la intervención pública municipal, tanto en el barrio Obrero de Las Quebraditas como en el barrio Altico, ambos en proceso de crecimiento por fuera del área urbana delimitada, pero colindantes con ella.
Se hacía necesario el ordenamiento vial definido en el Acuerdo 50, porque ya el trazado del ferrocarril Girardot-Tolima-Huila, efectuado por la Nación desde 1922, había determinado la ubicación de la estación de pasajeros y de carga tomando como referencia el camino a San Antonio, o proyección de la calle octava, una de las más importantes del centro urbano, obligando a la municipalidad a actualizar el diseño de sus vías para unir la vieja ciudad con el nuevo polo de desarrollo urbano que debía generarse alrededor de la terminal férrea, el cual era preciso planear urbanísticamente de cara a las exigencias de la ciudad del futuro.
Sin embargo, la gran depresión mundial, que afectó sensiblemente las finanzas nacionales y municipales paralizando temporalmente la ejecución de las obras del ferrocarril y aletargando el planeamiento urbano, condujo a que, solamente, cuando la construcción de la vía férrea y sus anexidades se mostrara a la ciudad como algo tangible e inmediato, la idea de un desarrollo urbano planificado volviera a ganar importancia para el municipio, y obligara a adoptar medidas de profunda incidencia en el ordenamiento de este sector, ubicado en el área urbana en proyección y mencionado indistintamente como Abichinte o barrio Altico.
La intención del municipio por direccionar el proceso de poblamiento de Abichinte, inicia con la donación, mediante Acuerdo 30 de 1930, de un lote de terreno de hasta una fanegada en el sector a la congregación Salesiana, en el sitio que determinara el director o su representante, y continúa con la destinación de un lote de terreno de hasta seiscientos metros cuadrados para la construcción de la capilla del barrio El Altico, otorgado según Acuerdo 15 de 1931. Ambos Acuerdos fueron aprobados por el Concejo bajo la presidencia de Rafael Leiva Charry y sancionados por el alcalde Luis García Borrero.
Si observamos que cada una de estas donaciones exigían la inmediata ocupación y usufructo de los terrenos, cláusula que nadie respetó, se puede constatar el afán de la administración municipal por generar polos de desarrollo urbano en el sector. Sin embargo, pareciera que todo dependía de las obras del ferrocarril porque, aunque existía un trazado de la línea y sus anexidades, sólo tras finiquitarse [ii] la venta de los terrenos municipales a los ferrocarriles Girardot-Tolima-Huila, y al entrar en operación el proyecto, inició el municipio a ejecutar el ordenamiento aprobado meses antes con el plano regulador.
La ciudad despertó del sopor en que la observó la Comisión Aldeana, cuando el gobierno nacional determinó continuar hasta Neiva la construcción de la red férrea que había quedado inconclusa en Villavieja, y urgió al municipio de Neiva la cesión o negociación de los terrenos ejidales necesarios para las obras.
Entonces, lo primero que hizo el municipio fue crear el cargo de ingeniero municipal[1] en su planta de personal, no solo para que asumiera la representación técnica del municipio en la negociación con la nación[iii], sino también para que se apersonara de la medición de los terrenos y diseño de “el plano de urbanización de la parte alta de la ciudad”[iv]. Tras la aprobación de este plano, mediante el artículo 6 del Acuerdo 53 de 1937, se inicia en firme el crecimiento ordenado de la parte de la ciudad comprendida entre el barrio Obrero de Las Quebraditas, la cerca de piedra que separaba el ejido municipal de la hacienda El Chaparro, y la margen izquierda de la quebrada La Toma. Todo indica que este “plano de urbanización de la parte alta de la ciudad” no incluyó el sector comprendido entre la margen derecha de la quebrada La Toma y el río Las Ceibas.
Con la construcción de las obras del ferrocarril y sus anexidades, inauguradas en 1938, el municipio puede ahora precisar sobre el plano del terreno la ubicación de las donaciones anteriores y sucesivas.
Intervención importantísima en términos de uso del suelo fue la que hizo el municipio en el sector loteado de Abichinte, cuando el Concejo municipal, mediante Acuerdo17 de 1939, destinó un lote de terreno para la construcción de los pabellones del Hospital San Miguel en el mismo predio que hoy ocupa el Hospital Universitario Hernando Moncaleano. En ese momento era presidente del cabildo municipal el médico y Senador de la República Luis Felipe Cabrera García, alcalde Juan de J. Romero, y personero Ángel María Tovar F.
El lote escogido por la congregación Salesiana y aceptado por el Personero municipal, según Escritura Pública 234 del 1 de junio de 1931, corrida en la Notaría Primera de Neiva, fue el delimitado por la calle cuarta, la carrera trece, la calle quinta y la carrera doce, el mismo que en el plano regulador de 1937 fue distinguido como lote 34. Y ese mismo lote es el que, ignorando su tradición, mediante Acuerdo 7 de 1937, el municipio destinó para la construcción de una escuela pública para niños.
Detectada la anterior irregularidad, por medio del artículo 1º del Acuerdo 20 de 1945, mediante permuta, el municipio recuperó el citado lote 34 escriturado en 1931 a la comunidad Salesiana, y aquella recibió “los lotes que comprenden las manzanas 16 y 17 del referido plano (regulador de 1937) y la cuadra de la calle que separa entre sí estas dos manzanas”. Mediante el artículo 6º, del mismo Acuerdo 20, el municipio destinó el lote recuperado “para la construcción de un nuevo grupo de casas para empleados”.
Posteriormente, con el Acuerdo 26 de 1947, el municipio adjudicó el lote distinguido como manzana 34 en el plano regulador, con cabida de seis mil quinientos treinta metros con seis centímetros cuadrados (6.530.06 mts2) para la construcción de un colegio de primera y segunda enseñanza, y autorizó al Personero municipal para firmar contrato de destinación con las reverendas hermanas Salesianas, regentes del proyecto.
En 1942, mediante el Acuerdo 13, a solicitud de la Nación-Ministerio de Guerra, el municipio donó los lotes 69 y 75, separados por la carrera 17, entre calles novena y décima, con destino a los talleres de transportes militares al Grupo de Artillería No. 6 Berbeo. También, alrededor de las instalaciones del ferrocarril, la iglesia de San José y las comunidades salesianas, el poblamiento ordenado continúa con el diseño y construcción por administración directa del barrio Popular Modelo [v], financiado al municipio con crédito hipotecario sobre grupos de cinco, diez o quince casas por el recientemente creado Instituto de Crédito Territorial -Inscredial- “sobre los terrenos correspondientes a las manzanas siete (7) y siete bis (7bis), de la urbanización de Avichinte, de propiedad del municipio, con una extensión de seis mil setecientos cincuenta y tres (6.753) metros cuadrados y ya destinados para tal fin por esta Entidad y aceptados por el Instituto con idéntico objeto”
Con el fin de optimizar la producción de energía eléctrica para consumo de la ciudad, el municipio estudia la ubicación de una planta generadora atendiendo a criterios de ordenamiento urbano y conveniencia para la distribución de la energía generada. Este proceso culmina legalmente con el Acuerdo 10 de 1949, que aprueba el contrato suscrito entre el Personero Municipal y Centrales Eléctricas del Huila S. A., que en su cláusula Tercera reza:
“El Municipio transfiere a Centrales a título de dación en pago, y Centrales acepta a dicho título, el derecho de dominio y posesión que el primero tiene sobre un lote de terreno que forma parte de los ejidos urbanos de la ciudad de Neiva, cuya área es de cinco mil dos metros cuadrados (5.002,oo Mt2), ubicado en el Barrio del Altico en la calle 8a, entre carreras 18 y 19…”
Nótese bien que, tal vez, la obra pública municipal más transformadora en todo el sector de El Altico, y al mismo tiempo la más traumática en ese periodo, fue la construcción de la red de alcantarillado. Que, por un lado, posibilitó la construcción del barrio Popular Modelo[vi] de acuerdo a las exigencias del Inscredial, mientras por el otro, teniendo en cuenta la demora en su ejecución, pues construir alcantarillado implicaba enderezar calles y ampliarlas comprando predios y mejoras, retrasó diez años la pavimentación de las calles séptima y octava, desde la carrera quinta hasta la Estación del Ferrocarril.
Esta red de alcantarillado volverá a ser determinante cuando, mediante el Acuerdo 17 de 1948, el municipio proyecte la construcción de un Barrio Obrero Modelo de hasta 200 casas, en “el terreno comprendido entre la cerca de piedra del Chaparro y Rioloro, y el zanjón que lo separa del Barrio Gaitán hasta su desembocadura”. Pero, tras la negativa del Inscredial a financiar la urbanización de un lote sin factibilidad de servicios, municipio e Instituto acuerdan enmallar el proyecto al alcantarillado del barrio Popular Modelo, y así terminan construyendo el barrio Obrero Modelo, conocido como Calixto Leiva.
Mientras tanto, la parte alta de la ciudad comprendida entre la margen derecha de la quebrada La Toma, la cerca de piedra que separaba el ejido municipal de la hacienda El Chaparro, y el río de Las Ceibas, cambiará de uso con la decisión de suspender [vii] el chircal y la acequia de Abichinte que lo alimentaba, misma que servía para riego de terrenos dedicados a actividades agrícolas, y que en conjunto constituían una interesante renta para el municipio por concepto de arrendamiento y cobro de derechos de uso de aguas para riego.
Seguidamente, el municipio inició un proceso de poblamiento institucional de gran impacto en el sector, al asignar, mediante Acuerdo 5 de 1940, “como aporte del municipio un lote de terreno para la construcción del Colegio de Santa Librada”. Con una superficie de siete hectáreas más 5.162 metros cuadrados (7 hect., más 5.162 mts., cuadrados), el artículo primero lo localizaba entre los siguientes linderos: “Por el Sur, de 145 metros al norte de la quebrada de La Toma en el puente del ferrocarril se forma un ángulo de noventa y seis grados, treinta minutos (96°,30) con la carrilera y hacia el Occidente, dejando treinta metros de la línea de la zona del ferrocarril, se toma una extensión de 200 metros; por el Occidente, en una extensión de 355 metros formando con la línea anterior un ángulo de noventa grados (90°); por el Norte, en una extensión de 232 metros formando con la línea occidental un ángulo de noventa grados (90°); y por el Oriente, una línea paralela a la carrilera del ferrocarril, dejando una extensión de treinta metros de la zona del ferrocarril para la avenida del proyecto”. En este momento, la administración municipal sigue en cabeza de Juan de J. Romero como alcalde y Ángel María Tovar F. como personero, mientras, Roberto Durán Alvira preside el Concejo Municipal.
Un poco más tarde, con el Acuerdo 13 de 1942, modificado por el Acuerdo 17 del mismo año, el municipio de Neiva cedió a favor de la Nación cuarenta hectáreas más 4.480 metros cuadrados (40 hect., más 480 mts., cuadrados) de terreno para la construcción de instalaciones militares en esta ciudad, lote “localizado entre la cerca de la hacienda El Chaparro y la margen derecha de la quebrada La Toma, la zona del F. C. de Girardot-Tolima-Huila y el rio de Las Ceibas”. Esta decisión, que obligaba a la apertura de la calle 21 -Avenida Tenerife- empalmando en la carrera quinta con el camellón del Caracolí, favoreció el proceso de poblamiento habitacional que, muy lentamente, se había venido dando desde el área urbana de población por la margen derecha de la quebrada La Toma hacia la parte alta del llano, continuando la configuración del barrio La Toma, y, con cuyo crecimiento, se irá formando el barrio Chapinero[viii].
Hasta entonces, excepción hecha del aeropuerto (hoy denominado Benito Salas Vargas), que inició operaciones en 1932 en terrenos de la hacienda La Manguita para resolver necesidades de defensa nacional originadas en el conflicto con el Perú, -en cuya cabecera Sur se fue consolidando un asentamiento, hoy barrio El Aeropuerto- y de la cervecería Bavaria, ubicada en predios de la hacienda Matamundos e instalada a partir de contrato suscrito entre el Personero Municipal y el Representante Legal de Cervecerías Bavaria S. A, refrendado por el Acuerdo 6 del 18 de enero de 1945, la ciudad crecía totalmente dentro del ejido municipal, desdeñando urbanísticamente los terrenos afectados por nacederos, rondas y cauces de ríos y quebradas.
En el transcurso de la década del 40 del siglo pasado, el crecimiento demográfico de la ciudad se alteró, primero, como resultado de las ventajas que para la actividad económica representaba la llegada del ferrocarril; luego por el interés de la ciudad en la construcción de vivienda para sectores populares con ingresos estables; y al final de la década se acelerará el crecimiento demográfico producto de la migración campo-ciudad huyendo de la violencia bipartidista.
En 1951, Neiva, con una población total de 50.494 habitantes, albergaba en su cabecera municipal al 65.43% de su población, es decir 33.040 personas, mientras que 17.454 personas, o sea el 34.56%, habitaban el campo. Solo trece años después, en 1964, su población total ascendió a 89.790 habitantes, de los cuales 75.886, equivalentes al 84.51%, habitaba en la cabecera, mientras en el campo solo residían 13.904 personas, o sea el 15.48% de sus pobladores.
Es en este período, entre 1951 y 1964, cuando el crecimiento poblacional de la ciudad, a pesar de los esfuerzos de la administración municipal por ofertar solares en arrendamiento y venta, construir y adjudicar vivienda popular a crédito, con bajos intereses y plazos largos, desborda la capacidad de la municipalidad para albergar adecuadamente a sus habitantes.
La condición de ciudad receptora de familias migrantes de origen campesino, expulsadas del campo huilense y sur tolimense, carentes de ahorros e ingresos fijos, obligó a la Personería Municipal como medida de urgencia a propiciar la ubicación de algunas de aquellas familias en lotes sin servicios públicos dentro de los terrenos ejidales considerados de cuarta categoría, en un proceso gradual pero sostenido que fue desbordado por la iniciativa popular y, a la fuerza, terminó poblando, con gente necesitada pero también con avivatos, aquellos terrenos antaño considerados no urbanizables o muy costosos de urbanizar, y por tanto reservados para extracción de leña, pastoreo de animales, o protección de fuentes hídricas.
Así se pobló parte del barrio La Troco (hoy Primero de Mayo), el barrio Mano Fuerte (hoy Santa Librada), el barrio Peñón Redondo (hoy San Martín), el barrio Gaitán, parte del barrio Tenerife, en un proceso que se aceleró como efecto del desplazamiento forzado generado por el fenómeno del bandolerismo en la zona rural Neivana, y, seguidamente, por la agresión militar a las regiones de autodefensa campesina de Marquetalia, Riochiquito, El Pato, y Guayabero, todas con fuerte relación comercial y política con Neiva.
Como efecto de este último fenómeno, el poblamiento no autorizado pero progresivo de predios ejidales derivó en tomas masivas y organizadas de los últimos lotes ejidales que el municipio proyectaba urbanizar y poblar; para, casi simultáneamente, salirse de los límites del ejido e invadir o comprar, o permutar por impuestos u obras de urbanismo, lotes de terreno ofertados por sus dueños en predios privados -en esos momentos- sin factibilidad de servicios públicos, al sur y oriente de la ciudad. Así surgieron los barrios La Libertad, Santa Isabel, Las Américas, Monserrate y Las Brisas.
Terminando la década del cincuenta e inicios de la del sesenta, con los barrios El Quirinal, Efraín Rojas Trujillo, Reynaldo Matiz, y el José Eustasio Rivera, la ciudad, después de utilizar o reservar áreas para la construcción de vías públicas e instalaciones para la institucionalidad, lentamente ha poblado las áreas más aptas para vivienda en el primer piso, entre la margen izquierda de Las Ceibas y la orilla derecha de La Toma, mientras en la segunda terraza, Chapinero sigue creciendo.
Con ello, en ese momento, la ciudad ha copado las áreas urbanizables del ejido, pero nuevas y urgentes responsabilidades con sus pobladores la obligan a salirse del perímetro ancestral. Primero, continuó el acelerado crecimiento demográfico que concentró la población en la cabecera municipal; y, segundo, en una situación de conflicto armado interno, la necesidad de ofrecerle seguridad a las instalaciones del batallón Tenerife se vio posibilitada por la liquidación de la hacienda El Chaparro, por lo que, mediante Acuerdo 26 del 13 de noviembre de 1955, el municipio ordenó comprar a la heredera Graciela Carrera Gil la hijuela limitante con el batallón, con un área de 106 hectáreas 7320 metros, iniciando así el poblamiento urbano en terrenos de la tercera terraza con el barrio El Jardín y luego por particulares a sus alrededores.
Con la fundación de los barrios Las Granjas y Cándido Leguizamo, construidos en convenio con el ICT, Neiva abandona decisivamente el nicho que la viera nacer.
Neiva, mayo 24 de 2022.
Notas:
[i] SALAS ORTIZ, Camilo Francisco En Revista Huila No. 65 Año 2016 Anexo
[ii] Acuerdo 5 del 5 de abril de 1938
[iii] Acuerdo 70 del 24 de octubre de 1936
[iv] Acuerdo 8 del 8 de febrero de 1937
[v] Acuerdo 17 del 2 de diciembre de 1942 y sucesivos: Acuerdo 10 de 1943, Acuerdo 3 de 1944, Acuerdo1 de 1945, Acuerdo 11 de 1946, entre otros.
[vi] Ver Acuerdo 17 del 2 de diciembre de 1942, artículo 4; Acuerdo 10 del 21 de junio de 1943; Acuerdo 3 del 22 de enero de 1944; Acuerdo 40 del 5 de diciembre de 1944, artículo2; Acuerdo 1 del 18 de enero de 1945; Acuerdo 2 del 18 de enero de 1945, artículo 6; Acuerdo 11 del 24 de febrero de 1946
[vii] No se pudo verificar la fecha de esta determinación. Sin embargo, obsérvese que el chircal fue arrendado por dos años mediante Acuerdo 33 del 3 de julio de 1937, y, precisamente, el 13 de julio de 1939, por Acuerdo 17, los terrenos que ocupaba el chircal pasaron a formar parte de la cesión que el municipio hiciera a favor del Hospital San Miguel. No se encontró un nuevo Acuerdo relacionado con el chircal o con la acequia. N del A
[viii] Para referirse a estos primeros asentamientos, varios Acuerdos municipales hablan de barrio La Toma. Por ejemplo, Acuerdo 21 de 1948, pero ya en 1934 se habla de Escuela de niñas La Toma.
Pablo Emilio Escobar Polanía. Nació en Neiva en1955. Miembro de Número de la Academia Huilense de Historia. En 2015, bajo el sello editorial Fundación Social Utrahuilca de Neiva, publicó Pincelando el sol naciente Up-Huila Memoria Histórica, y bajo la misma casa editorial, en 2019, La colonización armada en El Pato. Génesis, rutas y protagonistas. En 2021, para la Biblioteca del Banco de la República, ofreció la Conferencia Las guerrillas del Llano: 1949-1953. En las páginas de www.suregion.com ha publicado la trilogía de cuentos sobre el cura Monar, y semblanzas de los guerrilleros liberales del Llano.