En Colombia “Es la tierra la que ha movido la violencia desde los inicios”: José Jairo Gonzáles, director del programa Huipaz

El día viernes, 26 de junio de 2020 se llevó a cabo desde la Comisión de la Verdad el foro denominado los Orígenes del conflicto armado en Tolima y Huila. En la búsqueda de verdades históricas: entre luchas, órdenes y poder, que contó con la participación de José Jairo González, director del programa Huipaz; Teófila Roa, lideresa social del Tolima y Fernando Osorio, exgobernador del Tolima. Y estuvo moderado por la directora de la macroregión andina, Martha Obregón, y acompañado por el comisionado, Carlos Ospina.

La discusión inició sobre ¿cuál es la relevancia del conflicto entre terratenientes, ligas campesinas e indígenas por la tierra en el Huila y el Tolima?, a la que José Jairo Gonzáles, declaró “es la tierra la que ha movido la violencia desde los inicios”, y realizó un recorrido desde la época de la conquista y la colonia, como a través de las lógicas de expansión se despoja de sus tierras a los indígenas y se configuran unos nuevos roles sociales: terratenientes y colonos o trabajadores, que son quiénes inician la disputa inicial en el país.

Así mismo, rescata el rol de los indígenas como Pijaos, Coyaimas, Natagaimas, entre otros, que a pesar de ser desplazados, perseguidos y masacrados, se resisten y organizan desde 1910 bajo el liderazgo de Quitin Lame, el revolucionario líder indígena que logró unificar varios pueblos indígenas del Cauca, Huila y Tolima que empezaron a reivindicar entre sus derechos, el derecho a la tierra y su autonomía como pueblos originarios.

Esa presión indígena y social, obligó al gobierno de López Pumarejo, a expedir la Ley de Tierras o Ley 200 de 1936, que atendía la tan anhelada reforma agraria, que poco a poco según Gonzáles fue quedando obsoleta debido a la presión de terratenientes, conservadores e incluso algunos liberales que con la democratización y legalización de las tierras vieron amenazados sus capitales políticos y económicos.

En la misma vía, Teófila Roa, lideresa indígenas del Tolima, continuó recordando que “desde la Conquista y la Colonia se aprovecharon de las riquezas de nuestro territorio”, siendo según ella, los grupos indígenas los más afectados durante estas épocas. Señaló, que el sometimiento del líder indígena Calarca en 1621, por parte de los conquistadores y la élite santafereña, significó la derrota para los indígenas a quienes utilizando las normas (títulos) y la fuerza, conquistadores, colonizadores e iglesia Católica despojaron de sus tierras y se apropiaron hasta de las vidas de estos.

Igualmente, aunque con la independencia se liberaron del yugo español y se quitaron varias figuras como la encomienda, surgieron nuevos tributos y los títulos coloniales no fueron eliminados, sino que continuaron hasta la industrialización del país mucho más adelante lo que permitió la continuidad de la concentración de la tierra en manos del algunas familias, y se configuró como causa de disputa hasta nuestros días.

Una de las disputas más fuertes por la democratización de la tierra y la reivindicación de los derechos indígenas fue la que inició como lo decía también Gonzáles, Quintín Lame, quién el conocimiento de las leyes y su carisma y liderazgo, lo convirtieron en una amenaza para el status quo por lo que estuvo detenido más de 40 veces, aun así permitió impulsar y posicionar el movimiento indígena en el país.

Por otro lado, Fernando Osorio, exgobernador del Tolima, señala al igual que Roa, que “los conflictos por la tierra están casados desde la Colonia”, y que precisamente el triunfo a inicios del siglo XVII de la élite Santafereña, la Real Audiencia y el Obispado que se enfrentó a la Nación Pijao, que se ubicaba desde Caloto, Cauca hasta Cartago, Valle del Cauca, les permitió dedicarse a formalizar el Virreinato y se otorgaron grandes extensiones del territorio a familias de conquistadores y capitanes que combatieron en la guerra contra la Nación Pijao, entre esos a Fernando de Caicedo y Diego de Ospina y Medinilla.

En cuanto a la relación del cultivo del café, la tierra y el conflicto armado, el mismo Osorio, comentó que inicialmente el eje de la economía era la minería, ganadería y comercio que se daban en los valles es decir a menos de 1000 M.S.N.M., pero luego, se sumó el cultivo del café o caficultura que implicó la toma de tierras baldías arriba de los 1200 M.S.N.M. y que utilizó a indígenas y campesinos como su mano de obra, a quienes limitaron sus derechos y subyugaron a las lógicas de las haciendas.

Pero luego, en el cinturón cafetero que comprende entre el Parque Nacional Natural del Huila y el Parque Nacional Las Hermosas, sobre todo en el sur del Tolima  iniciaron movimientos indígenas y las ligas agrarias a exigir un pago justo por el café que recolectaban, así mismo, empezaron a tomarse tierras baldías impulsados por el descontento con los tratos recibidos y la explotación, y por líderes como Isauro Yosa, que motivaron la organización y movilización.

Osorio, afirma que luego como no hubo titulación de esos terrenos que se tomaron campesinos e indígenas y como con el asesinato de Gaitán en 1948, se incrementaron las tensiones entre las campesinos y Gobierno, se iniciaron enfrentamientos entre autodefensas campesinas o guerrillas liberales contra grupos contraguerrilla como los Chulavitas y los Pájaros, financiados por terratenientes y el mismo partido Conservador que gobernaba en aquella época.

Por otro lado, señala que los mismo fundadores de las FARC-EP, fueron campesinos caficultores que no encontraron garantías en el Gobierno, y aunque hubo una esperanza de que se solucionara el conflicto por la tierra con Rojas Pinilla, incluso alentada por la negociación en Villarica entre Gobierno y guerrillas liberales, pues no hubo reforma estructural y algunos desmovilizados como Charro Negro fueron asesinados, lo que impulso la creación de las “Repúblicas Independientes” del Pato, Guayabero, Riochiquito, Marquetalia, entre otras, que configuran el génesis del conflicto que aún vivimos hoy, aunque sin las FARC-EP en el escenario.

En cuanto a los actores involucrados en estos orígenes del conflicto los panelistas concordaron en señalar al Estado, como el principal responsable tanto por omisión a las diferentes necesidades y exigencias de la población, como por acción, el ataque a las “repúblicas independientes”, precisamente sin conocer sus necesidades y contexto que motivó a la organización de las FARC-EP.

Así mismo a los partidos políticos tanto Liberal como Conservador, pero sobre todo este último que no solo contribuyó a la conformación de grupos paramilitares: Pájaros y Chulavitas, sino que alentó desde la retórica  “defender la institucionalidad a sangre y fuego”, como respuesta a la Oración por la Paz, realizada en el centro de Bogotá ante miles de personas por Jorge Eliecer Gaitán, líder liberal quién semanas después sería asesinado.

Por su parte desde el Partido Liberal, se organizaron los bandoleros que se enfrentaron con la policía Nacional, a los que llamaban “asesinos con licencia”, pues junto a los Pájaros y Chulavitas perseguían, amenazaban y asesinaban, lo que siguió aumentando la fuerte desconfianza entre pueblo e instituciones del Estado.

La Iglesia Católica, tal como señalo José Jairo Gonzáles, jugo dos papeles pues dentro de su propia institución hubo sacerdotes que siguieron la teología de la liberación y se acercaron al pueblo, y otros que codeados con el Partido Conservador alentaron la persecución a comunistas, liberales y cualquiera que amenazará a su juicio el orden establecido. Así mismo, señala que contribuyó a un sometimiento ideológico que junto a la falta de cultura política y ciudadana, permitió  que el conflicto armado tomará forma descartando el diálogo y la vía pacífica para la resolución de las diferencias.

Teófila Roa, rescata las ligas agrarias y sindicatos obreros y campesinos, así como a los indígenas como sectores populares y democráticos que bajo el liderazgo tanto en las regiones, como en las ciudades de personajes como María Cano, Isauro Yosa, Quintin Lame, permitieron plantear la necesidades una reforma agraria integral que aún está en deuda en el país.

Se concluye, precisamente que algunos de los orígenes del conflicto son la lucha política por la tierra, la defensa de la propiedad privada y por participación política de grandes sectores de la sociedad Colombiana, así mismo, mismo que los actores se pueden diferencias por sus intereses unos, guerrillas, por ejemplo, busca la disputa por el poder para efectuar los cambios estructurales y otros, paramilitares, por ejemplo, la acumulación de tierras, así mismo, el Estado busca proteger la institucional, lo establecido, el statu quo, y todos configuran el ajedrez del conflicto interno armado Colombiano que continúa jugándose después de décadas.

De igual forma, que el Acuerdo de Paz, plantea atender algunas de esas reformas estructurales históricas que se continúan exigiendo y que su no implementación integral plantearía continuar el escenario conflictivo en el país e incluso retroceder a situaciones que parecían ya superadas.

Nota: La invitación final fue a acompañar el próximo 9 de julio, en una segunda conversatorio sobre los Orígenes del Conflicto, que será transmitido desde las diversas redes sociales de la Comisión de la Verdad.

Jaime Andrés Navarrete Roa, estudiante de comunicación social y periodismo.

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