Colombia en las últimas décadas ha sido un país muy golpeado por la violencia armada. Si bien lo saben, este conflicto empezó hace más de 50 años con los primeros enfrentamientos violentos a raíz de las luchas por las tierras, problema fundamental del conflicto colombiano.
Desde entonces, Colombia no ha dejado de sufrir aquellos estragos y caos que cada día se está presentado en los territorios abandonados por gobierno. Los pobres campesinos son los perjudicados porque son amenazados de muerte, torturados y masacrados, por los grupos al margen de la ley, logrando que estas personas abandonen sus tierras.
Entre estos grupos alsados en armas se destacan los siguientes: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) fundadas en 1964 en Marquetalia, lideradas por Manuel Marulanda Velez “Tiro Fijo” y Jacobo Arena, hoy fundadas como partido político tras los acuerdos de paz negociados en el gobierno de Juan Manuel Santos; Ejército de Liberación Nacional (ELN) creada en 1964 aún activo con la intención de iniciar conversaciones de paz con el gobierno colombiano; Movimiento 19 de Abril (M-19); Ejército Popular de Liberación (EPL) desmovilizados en 1990 y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) creada en 1980 por los hermanos Castaño que se desmovilizó en el 2003 y 2006 en el gobierno de Álvaro Uribe.

Por consiguiente, las Fuerzas Militares se enfrentan con estos grupos subversivos desde su nacimiento; algunos casos actuaron en coordinación con las milicias irregulares de extrema derecha y los carteles narcotraficantes que surgieron en la década de 1980, quienes no son considerados un actor del conflicto, pero el negocio de las drogas ha sido motor de la conflagración como fuente de financiamiento de los grupos armados ilegales en la que participó el cartel de Medellín bajo el mando de Pablo Escobar.
No obstante, la mayoría de los anteriores grupos surgieron producto de la guerra bipartidista entre Políticos Liberales y Conservadores que no permitían la participación de otros grupos políticos, manteniendo el poder en la clase política tradicional, ya que, las diferencias y la ambición del poder total de controlar el país, se hacían cada vez más fuertes, produciendo un gran enfrentamiento entre ellos.
Se caracterizaron por ser extremadamente violentos donde sus practicas contemplaban los secuestros, asesinatos, torturas, persecuciones, destrucción de la propiedad privada. Todo esto dentro de un alineamiento político que condujo a la “época de la violencia”, sin haberse declarado una guerra civil. Asimismo, han dejado en las últimas cinco décadas a más de 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados que viven en la pobreza, miseria, vulnerabilidad y sin empleo.
Según la ONU en el informe de Acnur, Siria sigue teniendo el mayor número de personas desplazadas con 12 millones; le sigue Colombia con 7.7 millones; los afganos con 4.7 millones; los iraquíes con 4,2 millones; y los sursudaneses con 3.3 millones a finales de 2017.
Y es que las cifras no son alentadoras, pues en el mundo una de cada 113 personas ha sido desplazada de manera forzosa, y en Colombia en particular, 7.7 millones de personas han pasado por esta situación.
De lo anterior, es lamentable seguir pasando por esta situación dolorosa y sangrienta que no ha dejado nada bueno sin no víctimas, muertes, secuestros, torturas, daños humanos, al fin acabo tristeza y desconsuelo en cada uno de los colombiano, por eso me pregunto:
¿Qué será de las nuevas generaciones, nuestros hijos y nietos? es el interrogante que muchos nos hacemos pero que solo con el pasar de los años se hallará respuestas a esta pregunta. Aunque, actualmente se firmó el proceso de paz con las Farc, nada ni nadie puede asegurar que la violencia se acabará, ya que, otros grupos al margen de la ley continúan activos, uno de ellos es el ELN, así mismo las llamadas BACRIM (Bandas Criminales Emergentes) y la delincuencia común, con lo cual es suficiente lidiar día a día en el país.
En fin, podemos decir, que la violencia nos ha marcado a todos los colombianos desde sus inicios hasta la actualidad, si queremos el fin de la misma y que prime la paz debemos empezar por nosotros mismos y luego con los demás, prevaleciendo los principios y la ética como seres humanos, recuerda que “Nuestros derechos comienzan donde terminan los de los demás”.
EL RETO DEL PERIODÍSMO
El reto que tenemos actualmente nosotros los periodistas en Colombia, es pensar más en la sociedad porque son las principales afectadas del conflicto armado durante las últimas décadas. Sin embargo, estos confrontamientos han hecho que las personas padezcan necesidades y vivan en la pobreza. Por eso, mí objetivo es conducir y leer la realidad con una mirada crítica que permitan comprender las problemáticas que viven los seres humanos en el territorio Colombiano.
Basta de tantas mentiras, desprecios, miedos que no han permitido avanzar en las investigaciones de grandes categorías, junto con los temas más importantes que abordamos en nuestra profesión. Nuestro desafío y reto es indagar la verdad, aquella que hoy en día cuesta recurrir con profesionalismo, objetividad, claridad, rigurosidad por miedo a que otras personas con pensamientos dañinos corten o interrumpan nuestros sueños.

Sin embargo, la calidad del periodismo es hacerlo de manera contextualizada, dinámica, completa, bien investigada de manera responsable en nuestra sociedad, con una actitud crítica que nos permita asumir las problemáticas sociales del país y del mundo. Formar profesionales innovadores, creadores, pro-positivos, sistemáticos, riguroso, capaces de entender la complejidad del mundo actual y proponer soluciones, alternativas a los problemas claves de la contemporaneidad, así, como lo nombra Javier Darío Restrepo “No hay democracia en la que no se considere como elemento principal, la crítica de la población”.
De esta manera podemos contribuir con aportes, miradas ópticas que permitan desarrollar características en nuestro entorno donde ayuden a las culturas o aldeas a tener una buena comunicación y comprensión. Además, nuestro deber y labor es estar en constante compromiso con la sociedad donde podamos informar y hacer llegar al público los sucesos que pasan a diario en la humanidad.
Como periodista debemos contribuir a un periodismo responsable que ayude a la paz, utilizando una terminología adecuada y precisa. Sí queremos paz en Colombia debemos empezar por nuestro hogar incentivados de valores y principios, que ayuden a la reconstrucción social de memorias colectivas como símbolo de amor, reconciliación y perdón. Así, como lo nombra Olgar Behar “darle voz a los que no tienen voz”.
