Por: Luis Montealegre
        Bogotá D.C.

 

Hace algún tiempo leía un texto acerca de los imaginarios en Colombia y decía que uno de los principales íconos en nuestra imaginación es Pablo Escobar (afirmación cuestionable), personaje difícil de borrar en la historia de nuestro país, que pondría al escarnio público las relaciones del narcotráfico con las ramas del poder.

En aquella época esas relaciones fueron todas vistas con escándalo y pasadas con gran disimulo por parte de los poderes y poco a poco se fue normalizando la situación hasta que hoy ya casi nadie habla de la relación narcotráfico-poder sino de primos-hermanos llamados “Parapolítica” y “Bacrimpolítica” tratando de disfrazar las relaciones más grandes e importantes para no desestabilizar el más rentable negocio.

Parapolítica

Así se le denominó a este fenómeno por el hecho de existir nexos entre militantes de los paramilitares y funcionarios del poder público, poniendo el descubierto toda una estructura de poder político el cual les permitía no solo moverse como dueños dentro y fuera del país sino lograr dominar territorios, expropiar tierras, indultos judiciales y financiación para toda una estructura que llevaba años empotrada en el poder, por medio de cargos como el del jefe del DAS, el de seguridad presidencial para el gobierno Uribe, congresistas, gobernadores, alcaldes, concejales y diputados (Vale decir que en su mayoría cercanos a Uribe o pertenecientes a los partidos que llevaron al ex presidente al poder).

Bacrimpolítica

En el año 2013 la Corte Suprema de Justicia decidió abrir investigación sobre este tema, preocupados por la creciente ola de las “Bacrim” en todo el país; y cómo estas se han ido tomando de forma sistemática el norte del territorio nacional en lo militar y delincuencial no solo en las zonas urbanas sino en curules de participación política de importancia en lo regional y nacional.

Hemos hablado hasta agotar los temas de personajes como Pablo Escobar, los hermanos Castaño, Salvatore Mancuso y demás narcos y paramilitares que ha tenido Colombia, pero nunca se ha desestabilizado el negocio, por el contrario se hace cada vez más rentable, sus ejércitos toman más fuerza, la sociedad accede con mayor facilidad a las drogas y armas, y los jóvenes llenos de una nada que parece todo, hacen filas para entrar al gran negocio andando por la vida con oscuras gafas para ver el sol en oscuras brumas.

Pareciera que hay un interés en ocultarnos la verdad por eso nos hablan de un supuesto de temas nuevos en los cuales se pierde la verdad en medio de “nuevos capos” y escándalos que desvían las miradas del público en lo que se supone desconocido para la trascendencia de éste país.
Todavía me cuesta saber de una paz en donde el Estado colombiano, como lo conocemos, esté dispuesto a suicidarse, a acabar con aquello que se hizo costumbre y parte de nuestra estructura política, económica y mental: el narcotráfico, la corrupción y la pérdida de la verdad; a lo que me suscitan las esperanzadoras palabras de Neruda, “Por eso pienso que tal vez / por fin pudiéramos ser justos o por fin pudiéramos ser”.

 Foto principal compuesta por: politica93.wordpress.com/ yel espectador.com

 

Primera entrega: I ¿Por qué hablar de las Bacrim?