Supervivencia en tiempos de pandemia: la brega diaria del vendedor informal de Pitalito

A través de proyectos locales, los trabajadores informales de Pitalito reactivan sus ingresos económicos y resuelven la necesidad de subsistir en tiempos de pandemia.

Por: José Duván Muñoz y Simón Ovalle, practicantes del periódico Desde La U en Pitalito.

Trabajadores informales de Pitalito en una de sus faenas cotidianas

Historias de vida paralelas 

Después de 8 años subsistiendo con la venta de dulces, cigarros, tintos, galletas y gaseosas, llegó un terrible periodo de aproximadamente cuatro meses, entre marzo y julio de aquel atípico año, el desconcertante 2020. No supo qué hacer con las cajetillas de cigarrillos, con las mentas, con los embolsados, con el café para el tinto. Meses en los que literalmente tuvo que tirar a la basura sus productos de manutención. “Fueron madrugadas en las que me levanté a buscar la manera de conseguir dinero. Hasta pensé en pedir prestado, porque necesitaba mercado, pagar el arriendo, las deudas y las cositas de lo que uno se antoja”, recordó Amelia García.

De cabello corto, piel morena, baja estatura y una mirada que transmite firmeza, Amelia García tiene la gallardía de salir día tras día a buscar el sustento, el coraje que le impide quedarse de manos cruzadas y el amor por sus seres queridos que la impulsan cada día. Aunque no todo ha sido color de rosas, tuvo que enfrentarse a una de las peores situaciones en su vida: estar sola y desamparada en tiempos de pandemia, angustiada por la incertidumbre diaria y el desespero de ser madre cabeza de hogar. En ocasiones fue víctima de hurto del poco dinero que conseguía con sus ventas diarias y que, a veces, ni siquiera era suyo.

-Endeudada- así describe García su situación- “pasé de medio tener ahorros, a enviar dinero para vitaminas y medicamentos de mi hijo”, circunstancia que la llevó a rebuscarse por cualquier lado alguna fuente de ingresos, pidiendo dinero prestado, o inclusive, llegó al punto de vender sus pertenencias, ” como una plancha vieja, cosas de la cocina que poco usaba, pero tenía que aprovechar para ganar algo”. En cada ocasión ponía por delante las necesidades de su hijo y , sobre todo, su salud. 

Una de las cosas que la marcó, fue recibir una ayuda alimentaria por parte de la Alcaldía municipal. “Fue una bendición, porque no teníamos nada, comíamos lo que tocara y no éramos los únicos, muchas familias pasaban por la misma situación. Nos ayudaron porque les exigimos, nos paramos allá”. Después de reclamar ayuda, casi que suplicando, con lágrimas en los ojos, querían mostrar cómo se encontraban las familias, sudando hasta más no poder bajo ese rayo de sol; así lograron sensibilizar al gobierno local de Pitalito. Además del mercado, la administración les clasificó de acuerdo a sus ventas: “aquí hay 10 con carritos de venta de dulces, allá hay carritos de tinto, otros de gaseosas, así nos dividieron, además, nos capacitaron para iniciar algún proyecto después.” explicó Amelia García, que era una de las vendedoras informales en el municipio de Pitalito que reclamaba del gobierno municipal atención y ayudas para sobrevivir.

Protesta de vendedores informales de Pitalito que buscaban solución a sus dificultades en medio de la pandemia.

Corrían los primeros días del mes de septiembre de 2020 y aunque la situación frente al confinamiento por la pandemia del Covid-19 no brindaba grandes oportunidades laborales, por lo menos para los trabajadores informales en el Valle de Laboyos, ya existía un gremio de trabajadores, los llamados “trotamundos”, como les dicen en la plaza de mercado, quienes desde las 5 o 6 de la mañana estaban atentos a medirse en cualquier labor con tal de comenzar a recolectar cualquier billete o moneda para el sustento diario para ellos y sus familias.

César Gómez es un tipo de 64 años que tuvo que escarbar hasta la última oportunidad con tal de llevar a su casa entre 20 mil o 40 mil pesos, y eso “cuando la cosa iba bien, cuando había dinero o nos valoraban el esfuerzo”. Gómez es bajo de estatura, cuenta con un corazón humilde y lleno de sueños, viste en forma impecable, con su camiseta bien planchada, pantalones viejos y su peine; siempre va acompañado de georgina, su bicicleta café, como le dice en honor a su abuela. Mantiene las manos magulladas por el arduo trabajo en la plaza de mercado, con esa barriga, como dicen por ahí, de camionero, por comer lo que “se le atraviese”,  y un rostro que refleja sus enormes ganas de salir cada madrugada por “los pesitos para la comida de mañana”.

Así como César Gómez, habitan en Pitalito cerca de 20 hombres o unos cuantos más, que se le miden a lo que sea, adultos o jóvenes que han sido campesinos, alfareros, ganaderos, guardias de seguridad, jornaleros, mecánicos, entre otros tantos oficios que perdieron su valor ante la pandemia y que por la fuerte necesidad de mantener sus hogares han recurrido a cualquier labor, dejando a un lado esos estigmas sociales en los que convivimos. “Es que la necesidad le gana a lo que digan en el barrio, le gana a lo que piensen los que lo conocen a uno. Cuando no hay un solo peso en el bolsillo, cualquier oportunidad, como descargar un camión de comida, partir troncos o pelar gallinas, nos permite obtener parte del dinero que necesitamos”, sostiene Gómez.

“Siendo sinceros”, le dijo Gómez a Suregión, “no siempre tuvimos esta oportunidad porque las cosas fueron difíciles, y eso que algunas veces, porque ya me conocían, me llamaban a la finca para ayudarles y me daban algo, 15 mil o un poco más, o la comida, y me ahorraba algo de dinero para la casa”. Pero esta suerte no la lograron todos, fueron casos excepcionales ante la difícil situación que vivimos por aquellas épocas. En ciertas ocasiones les tocó ver cómo ocupaban sus puestos o simplemente les decían “llegó tarde” o “ya no hay cupo” o -peor aún- “no le puedo pagar”. 

“Tenemos familiares, mujer, hijos pequeños y grandes, pero son hijos, algunos tienen a sus padres”, precisó César Gómez, mientras nos enseñaba su billetera, mostrando unos cuantos miles de pesos que, según él, sólo alcanzan para el día, para algunos alimentos y quizás otros gastos que se han ido acumulando como el arriendo, las deudas con los del pagadiario o gastos extra que salen de la nada y descuadran lo poco que se tiene.

Vendedor informal de Pitalito que se ajusta a los protocolos de bioseguridad.

Así mismo, podríamos asemejar la historia de Amelia García y César Gómez con la de un joven de 23 años, ojos cafés, piel trigueña, contextura delgada y no más de 1.65 m de estatura; reconocido en el municipio por su admirable labor detrás del volante. Se trata del taxista Edwin Fernando Baos, quien desde temprana edad ha estado ligado a esta profesión, por influencias familiares.

Baos inició su experiencia laboral días después de cumplir su mayoría de edad, y luego de cinco años de una ardua responsabilidad y aprendizaje en la prestación del servicio transporte público, puede decir que en el transcurso de su profesión ha sido bien recibido por compañeros del gremio, lo cual no es fácil de obtener por la rivalidad que existe entre las diferentes empresas que prestan este tipo de servicio en el municipio.

Contar con el apoyo incondicional de sus padres y la motivación de algunos otros familiares (un hermano y un primo), que varios años antes que Edwin Fernando Baos comenzaron a formar parte del gremio , ya conocía a profundidad la manera como funcionaba el gremio y la responsabilidad que se adquiere al convertirse en un profesional del volante, así como los posibles ingresos económicos que dicha labor ofrecía. Tales aspectos sin duda jugaron un papel importante al tomar esta profesión como futuro de vida, junto a los que conducen aproximadamente  340 taxis con los que hoy cuenta Pitalito
Baos Recuerda con gracia su primer servicio como taxista, es una anécdota que muy difícilmente puede olvidar. Se trata de aquella sensación de comenzar a trabajar en el taxi sin conocer la ciudad , y escuchar la voz de un pasajero que nombra una dirección de la cual no tiene la mínima idea de cómo llegar, pero aún así decide tomar el servicio para luego -como si fuese un juego de azar-, ir adivinando el recorrido para no dejar al usuario en otro lugar que no sea su destino, lo que que por suerte no sucedió en su primera “carrera”

Taxis en el parque central de Pitalito

“Forjar un título profesional es por el momento un anhelo frustrado”, afirma  Edwin Baos, a quien le gustaría poder trabajar y estudiar al mismo tiempo, para obtener su título como abogado. Quizá sea una meta a largo plazo debido a que ratifica que por el momento está bien, lo que hace que ese gusto que ha tenido siempre por estudiar Derecho tome metros de distancia de su realidad actual, pues a pesar de que el ser taxista no estaba en sus planes de vida, el rebuscarse, como se dice coloquialmente, el pan de cada día lo llevó a pertenecer a un gremio por el que, a la fecha, ha adquirido gran apego, a tal punto que no tiene en el momento claridad sobre la eventualidad de continuar la lucha por conseguir una formación académica profesional universitaria.


Acompañamiento Local


Para finales de noviembre del 2020, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), reveló que el departamento del Huila contaba con aproximadamente 51.000 desempleados, considerando al municipio de Pitalito dentro de los más afectados en este aspecto por la pandemia mundial. Ante la situación, la Alcaldía Municipal puso en marcha el Estatuto Marco de Operatividad, el cual determinó diversas estrategias para que la población afectada reanudará de forma gradual y responsable una reactivación económica de los trabajadores formales e informales en el Valle de Laboyos. 
Mediante esta labor administrativa, los trabajadores informales han buscado  la manera de mantenerse a sí mismos y a sus familias, dado que la mayoría no dependen de ahorros o ingresos fijos. Relatos de vida como las que anteriormente se expusieron, representan, en cierta medida, a la familia humilde y de bajo estrato socioeconómico en el municipio de Pitalito, cuyos integrantes han dedicado parte de su vida a buscar una manera estable de adquirir ingresos económicos, para construir condiciones mínimas de una vida digna en un municipio de aproximadamente 138.000 habitantes.

Amelia Meneses, madre cabeza de hogar, dedicada desde hace 8 años a la venta informal de productos de consumo diario en el parque principal de Pitalito, tuvo que dejar por fuerza mayor su labor diaria por cerca de cuatro meses, tiempo en el cual, acompañados por la Secretaría de Gobierno e Inclusión Social, se iniciaron las mesas de concertación con líderes y representantes de los 512 vendedores informales que en la actualidad se encuentran caracterizados por la administración local, con el ánimo de avanzar en la construcción de un plan estratégico de reactivación mancomunado, con una serie de capacitaciones por parte del personal salud, las cuales fueron aspectos importantes al momento en que el Gobierno Nacional dio el aval para que este sector económico retomará su actividad en el municipio, a tal punto de que fueron ellos los primeros educadores, el primer ejemplo a seguir de cómo se debe y cómo se puede trabajar en medio de esta pandemia.

Mesas de concertación y diálogo con representantes de los vendedores informales en el municipio de Pitalito.

En los meses en los cuales esta comunidad dedicada a la venta informal no tuvo otra opción que la de quedarse en casa, se convierten en uno de los sectores económicos más afectados debido al cese de actividades, puesto que sus ingresos dependen específicamente de la gente y de las compras que estas realizan en el día a día. A lo anterior se añade la necesidad apremiante de cubrir gastos domésticos ineludibles, es preciso decir que se convirtieron en acreedores de deudas con altos niveles de interés, las cuales todavía no consiguen sufragar.  

Así como Amelia Meneses, hay por lo menos 252 las mujeres que se dedican a esta labor y que por ende se encuentran en situaciones económicas similares, según los datos arrojados por la caracterización realizada por la Alcaldía Municipal de Pitalito.

Desde la Secretaría de Desarrollo Económico y Competitividad, a partir del 27 de abril de aquel año anterior, se empezó a dar una reapertura  gradual de todos los sectores económicos que estaban a puerta cerrada en ese momento. Para ello, en el municipio se creó una ruta de reactivación económica, permitiéndole así a todos los establecimientos que en el contexto del Decreto de abril 2020 hasta la fecha, pudiesen entrar en este proceso de reactivación. Se presentaron más de 3600 las solicitudes de reapertura al público de establecimientos de comercio en Pitalito, las cuales se han estado resolviendo de acuerdo con las directrices de las normas nacionales y locales sobre la pandemia.

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