¿Podemos aprender historia a través del cine? Para dar respuesta a esta pregunta, debemos primero excluir a uno de los géneros del séptimo arte, el cine de no ficción o cine documental, puesto que, según el cineasta ruso Dziga Vértov, este busca mostrar la vida tal como es, incluyendo la que cambia con el paso del tiempo. Entonces, la pregunta quedaría ¿Podemos aprender Historia a través del cine de ficción? ¿del cine que nos hace reír y llorar, del que nos permite escapar del aburrimiento o de los problemas de nuestras vidas? Fue la pregunta que terminé haciendo a 45 estudiantes matriculados en la nueva asignatura de Historia a través del cine, del componente electivo institucional de la Universidad Surcolombiana. Todos, sin chistar, dijeron que sí. Aunque luego de un par de reflexiones sobre la naturaleza de la Historia como ciencia, y de su pretensión de objetividad y veracidad, algunos empezaron a dudar de su respuesta.
Nuestro primer ejercicio audiovisual fue la proyección de Año uno; película de comedia dirigida por Harold Ramis y protagonizada por Jack Black como Zed, y Michael Cera como Oh. Este film fue estrenado en el 2009, con una taquilla moderada, que apenas pudo recuperar la inversión de sus productores, aunque con el tiempo, y mediante plataformas digitales como Netflix, ha ido aumentando las ganancias de sus hacedores.

¿Por qué empezar con este film?, porque, aunque no pretende dar lecciones de historia, sí hace una ambientación cinematográfica del periodo de la prehistoria; es decir, del tiempo humano antes de la invención de la escritura, según la definición más clásica de este concepto. Esto nos permite imaginar y, por qué no, conocer cómo vivieron los primeros Homo sapiens de la Historia.
Año uno enseña, de manera cómica, varias etapas de la prehistoria, desde la caza y la recolección de alimentos, propias de las tribus cavernícolas, pasando por la consolidación de las primeras aldeas humanas, en la que se inventó las prácticas de la agricultura y el pastoreo de ganado; hasta llegar al surgimiento de la ciudad, con su traza, calles, parques, casas y edificios especializados; así como con la aparición de estructuras sociales complejas, como la de gobierno, representada con la presencia de un rey; religiosa, con la de un sumo sacerdote; económica, con la de varios mercaderes; y militar, con la de la guardia ciudadana. Pero la trama de Año uno se complejiza al entrecruzar las vidas de los dos cavernícolas, Zed y Oh, con las de Adán, Caín, Abel, Abraham e Isaac, personajes del libro del Génesis. Año uno logra así, enseñar el inicio del tiempo humano, tanto el descrito en la teoría de la evolución, como el narrado en la Biblia.
En su primera parte, Año uno retrata la vida de una tribu de cavernícolas que torpemente sobrevive cazando animales y recolectando frutas. Se burla de la ley del más fuerte, personificada en Marlat, jefe de la tribu; del galanteo masculino hacia las mujeres, llevado a cabo mediante trofeos de caza y bailes de fertilidad alrededor del fuego; de los lugares de defecación, ubicados en medio de los espacios de residencia humana; y del incesto, práctica sexual de aquella sociedad primitiva. Esta parte concluye con la aparición del árbol bíblico del conocimiento del bien y el mal. Sus frutos aparentan ser mágicos; capaces de transformar las capacidades humanas, aunque una vez consumidos por Zed, éste no experimenta superioridad intelectual alguna frente a sus semejantes. Por el contrario, haber llevado a cabo esta acción, significó que fuera en contra de las normas de la comunidad, lo que conllevó que fuera castigado de la manera más severa: ser expulsado de su tribu. No obstante, Zed enfrentó el destierro en compañía de su desafortunado amigo Oh; quien, sin haber violado ninguna norma, corrió con su misma suerte.

¿La tierra tiene fin? A este interrogante se enfrentaron los dos nuevos nómadas protagonistas de Año uno, quienes deambularon por montañas y precipicios, hasta descubrir y celebrar la infinitud del mundo.
La segunda parte de la película transcurre con la presencia de personajes bíblicos. Los primeros que aparecen son Caín y Abel, quienes descubren e interactúan con Zed y Oh, cuando estos llegan a sus tierras. Mientras Caín desarrolla actividades agrícolas; Abel hace lo propio con las pecuarias; ambos hermanos luchan por la supremacía, representada en el beneplácito divino. En esta primera riña económica de la historia, la sociedad de granjeros vence a la de ganaderos. Pero la película nos enseña más de este segundo tiempo prehistórico, al mostrarnos la aldea sedentaria de Adán y sus hijos, que disfrutan de avances tecnológicos, como el uso de la rueda y la domesticación de bueyes, aunque también de prácticas sexuales que no entienden o comparten los cavernícolas, como la homosexualidad y la zoofilia. También aparece Abraham en esta parte, a quien encuentran Zed y Oh a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Ambos cavernícolas juzgan su ofrenda; pero aquel se excusa en que está cumpliendo la voluntad divina. Abraham también cuenta a los cavernícolas que Dios le ha prometido la tierra que habita por la eternidad, desde las cumbres del Golán en el norte, hasta el Sinaí en el sur; desde el río Jordán hasta el gran mar. A lo que Isaac responde diciendo que a Dios se le olvidó informarles a otros pueblos esta decisión, puesto que siempre están en guerra con ellos. Las coordenadas geográficas de Abraham nos traen al presente, dado que hacen referencia al territorio que se disputan actualmente los estados de Israel y Palestina, a pesar de la Resolución 181 de la ONU de 1947, que propuso dividir el entonces Mandato Británico de Palestina en un estado judío y en otro árabe.

Los protagonistas se estabilizan en la tercera parte de Año uno. Han llegado a la populosa y pecaminosa ciudad de Sodoma. Famosa por sus burdeles y libertinajes; por sus ídolos y falsos dioses; por sus comidas y bebidas exóticas. No obstante, esta ciudad representa un avance en el desarrollo humano. El libertinaje no es más que sinónimo de trasgresión a lo establecido. De buscar nuevos horizontes. La humanidad está dejando atrás la edad infantil para adentrarse en su adolescencia. Estamos llegando al final de la primera etapa de la historia humana. Los hombres de las ciudades, con mayor libertad y cúmulo de conocimientos, empezaron a dudar de lo aprendido de sus antepasados, de sus padres, familias, clanes, tribus y aldeas; por ello, cuestionan a los dioses mitológicos, llenos de pasiones e imperfecciones y empiezan a creer en dioses más filosóficos, más abstractos, más parecidos a sus ideales de perfección. La humanidad ha llegado a la edad de oro de las civilizaciones antiguas en el verdadero paraíso terrenal, la media luna fértil. Este lugar emblemático está hoy a punto de desaparecer, debido a la irracionalidad de los hombres que habitan las ciudades del futuro, que gozan de plenas libertades, de libertinaje.

