Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
El nuevo libro de Nacho Murcia es una poética de lo íntimo expresada en lo que yo denomino los pronombres eróticos, e incluye además un pequeño conjunto de minicuentos que no corresponden a esta categoría estética.
Los pronombres eróticos son aquí YO, ÉL, ÉL Y ELLA, TÚ, TÚ Y YO, ELLA y ELLOS.
El YO recorre rutas y atajos del cuerpo femenino hasta llegar a la plenitud con la piel del alba, y en otros casos es un hombre-ancla que atraca en puertos cálidos y sacia su sed de amor antes de sumergirse de nuevo.
El pronombre ÉL es en ocasiones contemplativo frente al sexo, a veces se embelesa y queda en estado de parálisis y en otras cae en desconcierto y frustración. Es también un soñador lúbrico que se apropia de la imagen de la mujer deseada y desde el mundo de lo onírico se regodea de gozo en su caverna generosa.
Los pronombres ÉL y ELLA se combinan y están convencidos de que en la guerra y en el amor todo se vale. En algunas oportunidades son amantes en potencia que nunca se realizan o quedan burlados por amantes que se les escabullen en los bares. En otras son juego de contrarios, mujer maltratada que espera de él otra oportunidad o pareja sin inhibiciones que hace el amor en sitios sacralizados.
El TÚ es un objeto del deseo de hombres, gays y mujeres, pero, dice el YO, se hace sólo mía en mi territorio solar.
También se hacen aliados los pronombres TÚ y YO para alcanzar la realización plena del amor en medio de voces y sonrisas cautivadoras, miradas gatunas y sensuales, besos solares y abrazos copulosos que detienen el tiempo y hacen perder el norte y la brújula. Pero son extraños porque al mismo tiempo son soledad y amor, y embriaguez con aliento y sudor de piel ardiente. Ella se iza en el mástil de él para tener cópulas al límite, y él esculca la desnudez de ella buscando calor y refugio, antes de morir los dos en la última marea nocturna.
El pronombre ELLA es la mujer absorta en la perplejidad, el desconocimiento y oscuro objeto de miradas sensuales. También encarna en prostituta prepago que materializa caprichos, fantasías y miradas insatisfechas, y al tiempo es madre solitaria de una hija distante, o hembra que se sorprende con su propia imagen reflejada en el espejo.
El otro pronombre, ELLOS, gira en torno a seres de miradas contemplativas que purgan fijaciones empozadas, o son actores de sodomías virales que llevan a la muerte.
Y por último viene la sorpresa: no hay un pronombre NOSOTROS que sería el símbolo del amor en que los amantes se fundirían en un único ser para derrotar así a la soledad y a la muerte. Pero se entiende: Nacho nos ha revelado un mundo sin amor, pues este se ha convertido en mercancía comerciada precisamente por vendedoras de amor como Sofía, personaje que salta de la anterior novela del autor para instalarse a su gusto entre los mercaderes de su templo.
Y hablemos ahora de las otras vainas, es decir, de los seis relatos breves que no están centrados en el mundo del erotismo, pero sí en el espacio del absurdo. ¿Será que desentonan en este mar libidinoso? Pues no, podría decirse que son más bien el escenario y actores naturales de ese teatro de la vida en un mundo sin amor: una nena que le corta el cabello a sus muñecas y todavía está esperando que les crezca, una loca que hace girar a un pelafustanillo como un aspa descentrada de su eje, un suicida que tras beber las pociones de la música, la literatura y el cine se lanzó al vacío, el lobo feroz que le propone al cazador devolver a la abuela si le da una segunda oportunidad, un sastre solitario y loco que anuncia no recibir trabajo porque no tiene cupo, un borracho triste que le habla a su whisky y las colillas, y un hombre disfrazado al que se le disuelve la máscara por el trajín de la fiesta.
Señores, los invito a leer y disfrutar este libro de nuestro amigo Nacho. Hallarán imaginación y diversión, reflexionarán sobre el mundo y sobre ustedes mismos, y se sorprenderán con la calidad literaria de unos relatos en que nada falta y nada sobra.