En una caminata por el centro de Neiva un sábado, se puede encontrar personas como doña Lucia, una trabadora ambulante de accesorios personales para hombres y mujeres, en compañía de sus tres hijos. “Debo traerlos conmigo para trabajar, porque no tengo con quien dejarlos”, cuenta mientras atiende a uno de sus hijos que le pedía algo de comer; “Deberían dejarnos trabajar, no entiendo por qué quieren quitarnos nuestro sustento, que es poco, pero que de alguna manera nos sirve”, manifiesta con una mirada que irradiaba tristeza.
“Mire, llevo casi tres años trabajando en este mismo puesto y he querido sacar un préstamo con el banco pero no me dejan porque no tengo una solvencia económica que respalde la deuda, y ni modo, porque ni a mi esposo se lo dan”, comenta Doña María, a quien se puede encontrar vendiendo jugos y empanadas en una de las tantas esquinas del centro. Mientras habla, noto que tiene una hija de 14 años, la cual llama a su celular. A la joven no le gusta trabajar y menos que su madre la obligue. “Le da pena hasta que yo le proponga que venda cosas en el colegio, me dice que ella no está para eso, que le da pena”, expresa Doña María.
La mayoría de vendedores ambulantes no están de acuerdo con el sistema que el DANE maneja para sacar las estadísticas de los trabajadores. Dice don Alonso “…Es decir que si trabajo más de una hora diaria y gano aunque sea veinte mil pesos ¿Ya soy trabajador formal? ¡No me parece! Ni siquiera tengo las oportunidades que tienen los otros”, quien desde un principio se quejó por la forma en que se realizan los registros. Gonzalo, otro vendedor ambulante comenta que cada vez que se le acercaba algún policía o alguna entidad de la fuerza pública, era para lastimarlo u obligarlo a dejar su lugar de trabajo “¡Esos vienen y lo joden a uno!” dice, “¡Ellos llegan y nos obligan a salir de nuestro lugar de trabajo sin razón alguna! sin ni siquiera pensar que tenemos una familia que mantener”, lo comenta en un tono triste pero al mismo tiempo con voz fuerte, como para que sus compañeros de al lado escuchen.
El género femenino abarca el mayor número de actividades en el sector informal a comparación del género masculino, debido a que esta población es quien sostiene económicamente sus hogares y ven esto como un “forma de salvación” para el sustento más o menos estable de sus familias; se puede evidenciar que hay personas que vienen trabajando desde varios años en este oficio y cada vez toma más fuerza, ya que este sector informal se constituye de una población desempleada que cada día se incrementa considerablemente.
*Los nombres utilizados en la crónica son ficticios.
Por: Daniela Quesada